LA NOTICIA DE LA MUERTE DE FRANCISCO BETHENCOURT CLAVIJO


El jueves 24 de junio de 1937, el diario católico de información GACETA DE TENERIFE, a dos columnas, se hacía eco del suceso de la muerte de FRANCISCO BETHENCOURT CLAVIJO, con este tenor:

El sábado último fue muerto

 en Taganana por la fuerza

 pública, Francisco Bethen-

court, destacado elemento

terrorista

 (De nuestro colega “La Tarde” del día de ayer)

Era conocida del público la existencia de una banda terrorista, que actuaba en esta capital, cometiendo los mayores crímenes y teniendo atemorizado al vecindario, la mayoría de cuyos hechos han sido ya juzgados en Consejo de Guerra y en Tribunal ordinario.

No obstante, quedaba aún en libertad uno de estos elementos, llamado Francisco Bethencourt y Clavijo, natural de Lanzarote, pero que desde hace mucho tiempo residía en esta capital.

Francisco Bethencourt era un destacado dirigente del gremio de albañiles como muy peligros, por haber intervenido en los hechos siguientes: robo al polvorín de “La Jurada”, robo en el depósito de dinamita del señor Sbert; asesinato del gobernador civil; robo de pistolas del Parque de Artillería y otros muchos delitos. Era compañero y amigo íntimo de Pepe el Catalán, ya juzgado, y fue uno de los promotores de la reunión, a la que asistió aquel, celebrada en la tarde del 18 de julio en la carretera de los Campitos, donde se tramó un complot contra el Ejército.

Desde los primeros días del mes de agosto había huido, pues entonces comenzó a seguírsele la pista por haberse comprobado su intervención en los sucesos citados. En varias ocasiones hizo frente a la fuerza y disparó contra ella.

En estas circunstancias, el sábado último, día 19, en Taganana, el guardia civil José Ponce Rodríguez, jefe de aquel puesto, se dirigió a depositar un pliego en el correo, cuando al llegar a un sitio conocido por la Cruz, fue llamado, por el guarda de montes del Estado, que le dijo:

– Ponce, suba que le voy a dar un recado.

Los dos se dirigieron hacia una casa próxima, de una tal Emilia Fernández, y en un muro que existe delante de la misma, se hallaban sentados varios vecinos, entre ellos uno que era desconocido en el pueblo. El guardia Alvarez indicó al guardia civil que dicho individuo había estado en su casa dos horas antes, solicitando trabajo. Como le inspirara sospechas, pues no le era conocido, le dijo que solo podría darle trabajo por un día. Ponce se dirigió entonces al desconocido, que sostenía en las manos un saco, invitándoles a que mostrara su contenido. Se trataba de una botella blanca y de un zurrón con gofio.

El agente quiso cachear al forastero, y éste se llevó ambas manos a la cintura, diciéndole:

– Prepárate, que te mato.

Al decir esto sacó una pistola automáticas, marca “Astra”, reglamentaria del Ejército, y encañonó a Ponce, disparándole un tiro, que por fortuna no hizo blanco. Como no tuvo tiempo de sacar la pistola para repeler la agresión, el guardia se abalanzó sobre su atacante con el propósito de desarmarle, cayendo ambos al suelo, en cuya situación Bethencourt hizo dos nuevos disparos, alcanzando uno de los proyectiles la mano izquierda del guardia. Este pudo apoderarse de la pistola, arrojándola a un lado, y al verse Bethencourt desarmado, se levantó y emprendió veloz carrera, tomando por un barranco con dirección al mar.

El guardia se incorporó y se apoderó de la pistola del agresor, en cuyo momento llegó otro número de la Benemérita, Francisco Marcos Pallarés, que había sido avisado por los vecinos, siendo portador de su armamento y del de Ponce. Ambos guardias emprendieron la persecución del fugitivo, dándole el alto repetidas veces, sin que éste obedeciera, por lo que dispararon sobre él, hiriéndole de muerte en el barranco del “Cardonal”.

Durante su huida, Bethencourt arrojó al suelo dos cargadores, conteniendo cada uno de ellos ocho cápsulas. Asimismo se despojó de la americana y de la gorra, tirándolas en el camino. En la solapa de la americana llevaba un botón con los colores nacionales.

En el lugar donde cayó muerto Bethencourt se personó el juez de la causa, comandante de Infantería, señor Matos, acompañado del secretario, alférez de Caballería, don Amado Martín, ordenando el levantamiento del cadáver y su traslado a esta capital.

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Habida cuenta la férrea censura de prensa ejercida por los militares desde el mismo 18 de julio de 1936, esta tendenciosa noticia, tan prolija en detalles, tiene todo el tufo de la típica nota oficial, suministrada por la Autoridad. No obstante, si damos credibilidad al contenido del atestado confeccionado por Federico Pérez Zelaya, teniente de la primera Compañía de la Comandancia de Santa Cruz de Tenerife, afecta al veinticuatro Tercio de la Guardia Civil, Jefe de la Linea de la Capital, y la propia providencia del Juez instructor Comandante Aurelio Matos Calderón, signada por éste, de la que da fe el Secretario Alférez Amado Martín Biénzobas, resulta que ninguno de estos dos militares estuvo en el lugar donde cayó muerto FRANCISCO BETHENCOURT CLAVIJO. Muy al contrario, ambos se limitaron a personarse en la marquesina del muelle de Santa Cruz de Tenerife, para hacerse cargo del cadáver del desdichado lanzaroteño, líder anarcosindicalista en Tenerife, FRANCISCO BETHENCOURT CLAVIJO.

Una vez más, la prensa tinerfeña no dijo la verdad.

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