ACORDADO UN ENLACE POR MEDIO DEL RADIO CLUB


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DECLARACION del encartado Comandante Don BALTASAR GÓMEZ NAVARRO . – – – – – –

En Santa Cruz de Tenerife a veintiséis de agosto de mil novecientos treinta y seis. Ante S.S. y presente Secretario, compareció de su propia voluntad, el anotado al margen, para prestar otra nueva declaración ampliatoria de las que ya tiene prestadas, y advertido de las prevenciones del articulo 451 del Código de Justicia Militar, prometió decir verdad. Interrogado a tenor del articulo 453 del mismo Código, dijo: Llamarse como queda expresado al margen constando en su primera declaración las demás generales de la Ley.

PREGUNTADO, convenientemente, dijo: que cree se habrá demostrado su interés en sumarse al movimiento de los compañeros por los actos por él realizados en los días diecisiete y dieciocho de julio pasado, acudiendo a la Central de Telegrafos a la una y media )hora conocida) según ha manifestado en otra declaración, para escuchar lo que pudiera decir la emisora de Tenerife, con resultado negativo el último día citado por no habérseme permitido la estancia en el local el Jefe de Telegrafos. Igualmente se puede decir, respecto a su adhesión incondicional, del Capitán y Teniente del Destacamento que le secundaron en todo.

Confirma lo anterior nuestra marcha al cuartel de paisano, tal como nos encontramos en el Club donde nos sorprendió la última noticia con las primeras algaradas y manifestaciones callejeras producidas por el frente popular, dejando los obreros y muchos comerciantes el trabajo para sumarse a ellas; produciéndose igual movimiento y casi a la misma hora en la mayor parte de los pueblos de la Isla.

El marchar al cuartel de paisano y por distinto camino del usual, fue ante el temor de una detención , temor que ví confirmado posteriormente por el duplicado de una orden de arresto y registro que contra mí dio el Delegado del Gobierno el día dieciocho al Cabo de los guardias de Asalto, que encontré en la Delegación y que he entregado al Comandante Sánchez Pinto.

El interés en sumarme al movimiento se confirma mas, cuando desde que a mi llegaron los rumores del estado de Guerra, empecé a trabajar, si bien lo que se me había ordenado por escrito es que “tomara el mando cuando tuviera noticias comprobadas de haber sido declarado el Estado de guerra”, comprobación o noticia oficial que nunca se tuvo, pues ni a Capitán ni a mi nos entregaron ninguna comunicación.

Las medidas que tomé pidiendo cooperación a la Guardia Civil fueron motivadas por que con veinticinco hombres que el Capitán podía sacar a la calle, una vez reunidos todos, y dado el estado de efervescencia de las masas y teniendo que ocupar por lo menos seis edificios,
para cuya defensa sería indispensable dejar una pareja en cada uno como mínimo, no había que pensar en que con trece hombres restantes se pudiera dominar la población y mucho menos la Isla.

Explicado queda en anteriores declaraciones lo ocurrido con el Teniente de la Guardia Civil, que me puso de manifiesto la hostilidad de la misma.

La hora que señalé para la salida de la fuerza (hora de cenar) está explicada, dado que ni el Capitán tenia toda su fuerza en el cuartel ni el Teniente de la Guardia Civil en el suyo, puesto que a éste le faltaban concentrar los puestos de Los Llanos y Sauces, que según me dijo hasta las siete no las tendría reunidas, y a esa hora suponía que los grupos de las calles habrían disminuido por marcharse a cenar.

En esta situación llegó la hora
indicada, sin la protección de la Guardia Civil, que con razón supuse contraria. Los grupos armados en las calles y azoteas, la Guardia de Asalto y la Municipal en contra; los apisanos avisados para que se incorporaran al cuartel no pudieron efectuarlo, y el efecto de sorpresa, factor principal en estos casos, anulado, dado que los sorprendidos fuimos nosotros enterándonos de la noticia

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por sus manifestaciones, habiendo aumentado la efervescencia y entusiasmo del Frente Popular por las noticias radiadas por la E.A. Q. de Madrid que daba como fracasado el movimiento. En vista de las circunstancias, decidí aplazar la salida, pues consideré que de lo contrario enviaba al Capitán con sus hombres a un sacrificio estéril sin resultado practico alguno y juzgue mucho mejor conservar lafuerza y en el
cuartel para cuando nos socorrieran, lo que no dudaba habría de ocurrir mas tarde o mas pronto. Esta resolución la puse en conocimiento del Capitán y Teniente del Destacamento, no para eludir responsabilidades que asumo al completo, sino para asesorarme de ellos que, como hijos del país, eran mas conocedores de la situación, mostrándose en todo conformes.

Para tomar esta decisión, que alguien se ha permitido censurar duramente, y que yo repetiría en caso semejante, es preciso colocarse en el momento y situación en que se dio la orden, difícil o imposible de reproducir exactamente cuando todo está tranquilo.

Despues he visto este criterio de conservar las fuerzas y cuarteles, cuando no se puede hacer otra cosa, elogiado en una proclama del General Franco, y confirmándolo, a todos nos consta la multitud de guarniciones (algunas numerosas) que todavía se encuentran sin
poder salir de sus cuarteles, esperando ser liberadas para sumarse al movimiento. Este hecho se ha producido en todas las guarniciones en que el conocimiento de la declaración del estado de Guerra ha sido conocido antes por las masas obreras que por los militares.

Paso por alto los sufrimientos morales y materiales tanto nuestro como de nuestras familias durante los siete días que tardó en llegar el socorro, y que a nadie deseo, pero que se dan por bien sufridos cuando son por la causa de nuestra Patria.

Tambien se manifiesta que con la cantidad de granadas de mano que teníamos (cuatro cajas) se hubiera podido forzar la salida, ¿Para ir donde? Que resultado se obtendría? Otro aserto mas del desconocimiento de la situación; las cajas de granadas habían sido enviadas
ultimamente al Capitán y la tropa solo tenia el conocimiento teorico de ellas, sin haber ejecutado lanzamientos y por lo tanto solo se encontraban en condiciones de emplearlas, por haberlas manejado con anterioridad, los dos sargentos, el Capitán y yo, que tendríamos que acudir a los sitios en que fuera necesario su empleo.

Una vez razonado lo fundamental de las decisiones tomadas, no quedan aquí las cosas, sino que se busca el detalle como argumento para tratar de rebajar el comportamiento de la guarnición de La Palma.

Y a ello debo contestar con las siguientes aseveraciones:

Primero.- Que desde que se vió el cañonero la fuerza del destacamento se formó en el patio preparada para salir tan pronto como el menor indicio nos indicara que estaban desembarcando; no pasara lo mismo que cuando la llegada del “Galatea”, que nos hizo concebir esperanzas  que muy pronto se vieron frustradas.- Segundo.- Que desde ningún punto del cuartel se puede ver parte alguna del muelle, no pudiendo saberse, por la vista, si desembarcaban o no. Tercero: que la primera noticia que tuve del desembarco fue por un Oficial de Marina que desde el ayuntamiento me telefoneó preguntándome “?Afectos?” A lo que contesté: “Desde luego”. Preguntandome ”?En que situación está?”, contestando: “Lo ignoro”. Diciendome entonces: “Pues espere que vamos” a lo que contesté yo: “Y yo también”.-
Efectivamente comuniqué al Capitán esta conversación y le ordené que aunque fuera en bolsas de costado, reuniera las granadas que estaba cebadas para llevarlas y mientras él ejecutaba esta orden bajé al patio del cuartel, salí con la fuerza a la plaza inmediata y empecé a ocupar las bocacalles que desembocaban en la misma, encontrándonos al poco con las fuerzas de desembarco, lo que se explica perfectamente dado que del ayuntamiento al cuartel hay escasamente quinientos metros y este espacio se recorre en el tiempo que se empleó en la conferencia telefónica, bajar yo al patio y salir con la fuerza.

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 Mucho me extrañó que las fuerzas de desembarco se encontraran en el ayuntamiento sin haber oído ruido de fusilería, pero posteriormente me enteré de que no lo había habido, pues el pánico fue tal a la presencia del cañonero que ni amigos ni enemigos quedaron en la población estando todas las calles completamente desiertas, no encontrando por tanto resistencia alguna.

En resumen, un sencillo problema de distancia, velocidad y tiempo, sino se tiene la premeditada intención de suponer cosas y estados de ánimos infundados y que nunca existieron y, por lo tanto imposible de probar.

De todo lo anterior se desprende una situación bastante anómala en el presente caso, pues por una información que no puede tener otro fundamento que suposiciones hechas alegremente y que nunca podrán ser probadas, contrarrestados por las declaraciones de todos los
habitantes de la población, tanto amigos como enemigos, ya que lo ocurrido es del dominio público, se coloca a un Jefe y dos Oficiales en una situación mortificante para su dignidad, cuando han habido casos de ser francamente contrarios y haber desobedecidos las ordenes que se les dieron para sumarse al movimiento, que se encuentran en sus destinos y sin sufrir el oprobio de que se dude de su conducta. Que tiene que añadir lo siguiente:

Antes de mi salida de esta Capital para Santa Cruz de La Palma, siendo portador de los Bandos e instrucciones para el caso previsto de la declaración del Estado de Guerra, quedó acordado un enlace por medio del Radio Club, señalando las horas en que yo debía de estar a la escucha en Santa Cruz de La Palma y viceversa, llevando yo una lista de estas horas y quedando un duplicado en está Comandancia en
poder del Capitán Rodríguez (dichas listas fueron escritas a máquina por el Fiscal Señor Fusset). Este acuerdo se tomó por que se consideró primordial para el buen resultado de la ejecución de las ordenes que llevaba, conseguir el efecto de sorpresa; pues se reconoció que dada la buena organización marxista de aquella Isla, principal foco comunista del Archipielago y la poca fuerza en ella disponible, caso de no conseguirse la referida sorpresa sería muy difícil llevar a cabo la declaración del Estado de Guerra, no quedando entonces otro recurso que aguantar en el cuartel.

Momentos antes de salir del Club indiqué a Don Domingo Rodriguez Hernandez, actualmente nombrado Alcalde de aquella, que con o diez personas de confianza armados se presentara en el cuartel después de cenar, hora en la que yo suponía que ya habría calmado la efervescencia popular que se notaba en aquellos momentos, circunstancias que aprovecharía para salir con la fuerza a la declaración del estado de Guerra.
Estas personas no pudieron acercarse al cuartel por que lo impedían los grupos comunistas que guardaban los accesos al mismo, los cuales estaban cada vez mas envalentonados por las noticias que aquella tarde lanzaron las radios de Madrid.

Que no tiene nada mas que decir: en este estados S.S. dio por terminada esta declaración y leida que fue por el declarante, la encontró de conformidad, se afirmó y ratificó en su contenido, firmándola con el Señor Juez y presente Secretario de que doy fé.

Baltasar Gómez

Enrique Rolandi                                              Arturo Navarro

[Las tres firmas rubricadas]

Cfr.: Causa 76 de 1936 [3909-158-31].- Folios 86 a 88.

 * * * * * * * * * * *

Sobre Radio Club puede leerse algo más en

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/04/22/radio-club-tenerife-y-el-18-de-julio-de-1936/

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