MARCHÓ PARA LA ISLA DE LA PALMA EL DÍA 15 DE JULIO


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Ilmo. Sr. Auditor de Guerra de esta Comandancia General.

Don Baltasar Gómez Navarro, comandante de Infantería con destino en esta Comandancia General, procesado en causa por supuesto delito comprendido en el artículo 277, caso 2º, del Código de Justicia Militar, ante V.S.I. comparece y expone:

Que el día veintitrés del mes corriente le fue notificado por el Sr. Juez de dicha causa el auto dictado con la misma fecha, por el cual se le declara procesado por el supuesto delito antes mencionado.

Y al amparo del artículo 421 del Código de Justicia Militar ante V.S.I. como en derecho sea procedente, interpone recurso de revocación del referido auto de procesamiento, en virtud de las consideraciones siguientes:

Por los datos que deben obrar  en la causa y por los que se derivan de varias otras incoadas sobre los sucesos ocurridos en la isla de La Palma, es notorio y evidente que desde el día 18 de Julio último, en su mañana, los numerosos elementos del llamado frente popular, en forma rápida e inopinada, se manifestaron contrarios al movimiento militar, no solo en la capital de la isla, sino también en los pueblos de la misma. A tal fin, proclamaron la huelga general, se armaron y constituyeron milicias entre ellos con numerosos individuos, se repartieron las armas disponibles, centralizándose en la Delegación del Gobierno la Dirección de esta rebeldía; la guardia de asalto, en su totalidad, cooperó activamente a todos los hechos de rebelión, siendo la principal preocupación de los rebeldes la detención del recurrente, a cuyo fin se realizaron varios registros, y sobre todo vigilar y sitiar el cuartel donde se alojaban las fuerzas, colocando grupos numerosos armados en las bocacalles y avenidas que impidieron la salida de la fuerza.

El que suscribe marchó para la isla de La Palma el día 15 de Julio, con orden reservada del Excmo. Sr. General Don Francisco Franco Bahamonde, entonces Comandante Militar del Archipiélago, en la cual se le decía, textualmente: “Tan pronto tenga noticias comprobadas de haber sido declarado el Estado de Guerra en el Archipiélago o provincia de Tenerife, se hará cargo de la Comandancia Militar de la Isla de La Palma, continuando en el mando de las tropas del Regimiento de Tenerife el Capitán que hoy desempeña esa Comandancia, procediendo a la publicación del bando adjunto y ejerciendo el mando sobre todas las fuerzas de orden público de aquella Isla”

Desde el día de su llegada hasta el 18 de Julio, no obstante no corresponderle misión alguna, ya que la orden se refería al momento en que se declarase el Estado de Guerra en Tenerife, procuró, sin embargo, explorar y establecer los enlaces convenidos con esta Capital y prevenir las instrucciones para cuando llegara ese momento, según se acredita  por el acta levantada y firmada por los dos oficiales del destacamento. Los enlaces no pudieron mantenerse porque ellos debían hacerse por radio y en La Palma no había fluido más que hasta las seis de la tarde, por .lo que tenía que recurrir, como lo hizo el primer día, a una radio con pilas que había en Telégrafos, siéndole negada la entrada al segundo día, cuya negativa no podía contrarrestar, sopena de divulgación de su misión y de quebrantamiento de la obligada reserva, sin olvidar, además, que el Jefe de Telégrafos era un significado y solapado izquierdista.

Las instrucciones complementarias que tenía eran las conducentes a obrar por sorpresa, que asegurase el éxito, siendo la realidad que esa sorpresa no pudo ejercitarse, porque enterados antes los del frente popular del movimiento ocurrido en esta Capital, sin comunicación alguna el recurrente con sus superiores ni con esta localidad, antes al contrario, interceptados e intervenidos todos los despachos que se me dirigieron, como después se comprobó, en verdad la única señal de anormalidad que conoció el recurrente y los, oficiales a sus órdenes, fue el movimiento general de las milicias armadas y de la huelga, cuando era imposible la sorpresa por un acto de audacia.Por dos veces se trató en la Delegación del Gobierno
de asaltar el cuartel, desistiéndose de ello, seguramente por mantenerse intacta la pequeña guarnición dentro de él dispuesta a la defensa.

A pesar de no tener ni haber tenido en aquellos días noticias comprobadas de la declaración del estado de Guerra por el dicente, guiado solo por su anhelado deseo de cooperación, ante la hipótesis de que pudiera recibir esas noticias en el transcurso del dia 18 de Julio o bien para decidirse, en caso de duda, por la resolución más digna de su espíritu y honor, adoptó todas las medidas para hacer la declaración del Estado de Guerra en la noche del dia 18 de Julio. A tal fin y dada la insignificante fuerza de que disponía, insuficiente a todas luces para la publicación y custodia de seis edificios indispensables, más la custodia del cuartel, ordenó al Teniente de la guardia Civil que con la fuerza a sus órdenes (unos 25 guardias después que llegaron los concentrados de los pueblos del interior) y la camioneta, viniesen al cuartel a la hora fijada, el Teniente dijo que así lo haría, pero desde las primeras horas de la tarde, en que se oyeron las noticias tendenciosas que publicaba la E.A.Q. de Madrid, comenzó a manifestarse con evasivas, preguntando si no habíamos oído la radio, haciendo consideraciones sobre las familias de los guardias y otras actitudes y no obstante decírsele que no hiciera caso a esas noticias, lo cierto fue que no acudió a la concentración con su fuerza que le ordené, por lo que había que dar por sentando la defección de la guardia Civil de Santa Cruz de La Palma. Esas dudas y vacilaciones, culminadas en el cumplimiento incumplimiento de mi orden para que acudiese al cuartel con su fuerza, se deducen por la copia del telegrama que se ha unido a autos, dirigido a su Jefe, después de recibir mi orden sin objeción alguna, en cuyo telegrama preguntaba si cumplimentaba orden del Comandante Militar en que declaraba el Estado de guerra, cuyo telegrama, por otra parte, comprueba las medidas que el recurrente adoptaba para hacer esa declaración del Estado de guerra.

Al tener esa defección, el que suscribe entendió, por deducción lógica, que si salía a la calle con los 25 hombres disponibles para declarar el Estado de Guerra, se había de enfrentar con los guardias de Asalto, con la Guardia Civil y con las numerosas milicias armadas, lo cual produciría un sacrificio estéril y la iniciación de una lucha y persecuciones a todos los elementos de derechas de la Ciudad y la Isla, sin beneficio importante para la sagrada causa del movimiento y desde luego sin que fuera factible conseguir el objetivo de declarar y mucho menos mantener el Estado de Guerra.

Por todas esas razones, aunque la responsabilidad sea toda suya, pues ni la rehuye ni la comparte, solicitó consejo de los otros dos oficiales del destacamento, decidiendo mantenerse en el cuartel a la defensiva, en espera de refuerzos, permaneciendo los siete días en la tensión nerviosa consiguiente, creyendo que así cumplía mejor con su deber adaptado a las circunstancias, permaneciendo su familia en el pueblo a merced de los revolucionarios, sin atender a la suerte que pudieran tener, como es obligado cuando se cumple otro deber superior.

Cuando llegaron las fuerzas de desembarco del cañonero Canalejas, le interesa hacer constar que, según se reconoce en el resultado del auto de procesamiento, se le manifestó por el Alférez que le habló por teléfono, “que entonces esperase a que llegasen las fuerzas de infantería de la Columna de desembarco, que se dirigían al cuartel”, creyendo que fuera esa orden emanada de algún mando superior que venía con las fuerzas, pues las fuerzas del destacamento estaban formadas y dispuestas a salir, si bien no podía determinar el momento de cooperación porque desde el cuartel no se veía el lugar de desembarco, ni se notaron señales de resistencia o combate, que aconsejasen la salida para la citada cooperación, no obstante lo cual, como así consta en las declaraciones, mientras le ordené al Capitán que se proveyera de unas granadas, tomé el mando de las fuerzas y salí con ellas a la Plaza en el momento en que las fuerzas de desembarco llegaban a las bocacalles inmediatas.

Por todo lo expuesto y por si se tiene en cuenta, además, la adhesión inquebrantable que el recurrente manifestó al  ovimiento militar con actos anteriores que merecieron fuera honrado por el Excmo. Sr. General Don francisco Franco con la misión de confianza, en las cuales eran elegidos los que se estimaban más adictos, lo cual tiene que producir en el recurrente mucho más dolor moral ante la acusación que sufre, creyendo, en fin, que los hechos por dicente realizados no pudieron desarrollarse sino como los llevó a cabo, ante la fuerza mayor de las circunstancias, salvo que se hubiera producido una situación y unos perjuicios enormes, por lo que la actuación de la pequeña guarnición de Santa Cruz de La
Palma ha sido análoga a otras muchas de la Península, que obligadas a encerrarse en sus cuarteles sin poder obrar por sorpresa en los primeros momentos, no ha merecido posteriormente culpa ni sanción, sino todo lo contrario, es porque

SUPLICA que dando por presentado este escrito y recurso se revoque el auto de su procesamiento, por ser justicia que pide.

Santa Cruz de Tenerife veinte y seis de Octubre de mil novecientos treinta y seis.

Cumplimiento = tachado = vale.-

Baltasar Gómez

[Firma rubricada de BALTASAR GÓMEZ NAVARRO]

ILMO. SEÑOR

El Comandante de Infantería Don Bartolomé Gómez Navarro procesado en la causa numero 76 del año actual eleva a V.S.I. el recursos de revocación del auto de procesamiento fundamentado en los motivos que en el presente recurso expresa.

Visto dicho fundamento que a juicio del que suscribe está basado en las manifestaciones hachas en sus diversas declaraciones y que el procesamiento de este Jefe lo ha sido por orden del Ilmo. Señor Fiscal entiende el que suscribe que no ha lugar a su aceptación no obstante como recurso de súplica y por si V.S.I. se digne acordar  lo pertinente me honro en elevarlo a su autoridad para la resolución que con criterio mas elevado estime acertado en justicia.

El procedimiento de su razón se halla en estado de plenario pendiente de practicar la lectura de cargos.

por lo espuesto el Juez que suscribe es de sentir pudiera V.S.I. denegar lo interesado.

Santa Cruz de Tenerife a 27 de Octubre de 1936.

JM del Campo

La firma del Teniente Coronel JOSÉ MARÍA DEL CAMPO TABERNILLA está rubricada.

Cfr.: Causa 76 de 1936 [3909-158-31].- Folios 140 y 141.

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