ROMA NO PAGA A TRAIDORES


No puedo evitar que acuda a mi memoria, lo aprendido en los libros de Historia de España, que nos vimos obligados a estudiar, durante el Bachillerato, acerca de Viriato.

Decíase en aquellos ramplones libros, que Viriato, había sido un pastor lusitano, que luchó contra los romanos.

Si era lusitano, ¿         qué hacía Viriato en la Historia de España?

Similar pregunta me sería formulada tres décadas más tarde por alguno de mis interlocutores en Portugal, cuando yo visitaba el país vecino, en mis viajes de trabajo.

Era este un tema delicado para conversar.

Como lo era también referirse a Olivenza (en portugués Olivença), ciudad fronteriza, que a pesar de los siglos transcurridos, conserva su idiosincrasia lusitana.

Por lo que me contaban los amigos portugueses, la plaza fuerte de Olivenza fue entregada a España, formando parte de la dote de doña Bárbara de Braganza, la infanta portuguesa que casaría con el cuarto hijo de Felipe V, – primer Borbón rey de España -, quien reinaría como Fernando VI, junto a su enamorada, inteligente y prudente esposa.

En las capitulaciones matrimoniales había una cláusula de retracto, en virtud de la cual, la citada plaza fuerte, sería retornada a Portugal, transcurridos cincuenta años.

Cuentan las crónicas, que Fernando y Bárbara se amaron intensamente. Y que al enfermar y fallecer la reina, el rey Fernando perdió la razón.

Parece que transcurrido los cincuenta años, los españoles aplicaron el dicho «Santa Rita, Santa Rita, lo que se da no se quita», y Olivenza no fue devuelta.

Esa es la versión que me dieron los amigos portugueses, que además alardeaban de su primacía diciendo que nuestro rey Felipe Segundo, para ellos era Primero.

Retomando el hilo del caudillo Viriato, pastor lusitano, aquella ramplona historia de España, nos contaba que había sido asesinado por sus lugartenientes Audax, Ditalco, y Minurus, seducidos con promesas por el cónsul romano Cepión, en el año 139 a.C.

Y, que después de haber asesinado a su caudillo Viriato, los asesinos acudieron a Cepión reclamando su recompensa.

El cónsul romano los despachó con la famosa frase

 

«ROMA NO PAGA A TRAIDORES».

 

El historiador romano del siglo IV, Flavio Eutropio, en su obra, de diez tomos, titulada «Breviarium ab urbe condita», ha dejado registrado tal episodio con este texto:

«Numquam romanis placuit imperatorem a suis militibus interfeci»

 

Frase que, traducida macarrónicamente con mis olvidados recuerdos del Latín de bachillerato, interpreto como que

 

Nunca plugo a los romanos que sus soldados mataran a sus generales.

 

Ni Flavio ni yo estábamos presentes, cuando dicen que aconteció todo lo narrado.

Así pues, no podemos aseverarlo.

Pero si nos quedamos dudando acerca de la veracidad de la frasecita «ROMA NO PAGA A TRAIDORES».

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