DE DOS DISCURSOS DE JOSÉ CALVO SOTELO EN 1936


 

Abril de 1936

 

En las elecciones de 1936, JOSÉ CALVO SOTELO vuelve a ser elegido Diputado, actuando como Jefe del Bloque Nacional, focalizando en su persona la inquina de la izquierda por sus ataques al sistema democrático.

De fácil pluma, buen escritor autor de varios libros, y gran orador, algo grandilocuente y amigo de la frase sonora y lapidaria, dejó registradas piezas oratorias en las que dijo estas frases:

Ya sabemos lo que sería una España roja. La familia deshecha, la propiedad suprimida, la libertad anulada del todo, el triunfo de las turbas, la violencia, todo lo que queráis; la muerte de una infinidad de españoles […]

Pero una España rota no se reharía nunca. Se puede rehacer la fortuna perdida. Se puede recobrar la Corona y volver a su sitio, como acabamos de ver en Grecia.

Estas palabras fueron pronunciadas en Abril de 1936.

La mención a Grecia estaba muy bien traída, porque, en el año anterior, había sido derrocada la primera República griega (1924-35), al restaurarse la monarquía en la persona del rey CONSTANTINO de Grecia, de la casa alemana de los Schleswig-Holstein, a quien sucedería su hermano PABLO, padre de la actual Reina Sofía de España.

 

16 de junio de 1936

 

El 16 de junio de 1936, JOSÉ CALVO SOTELO pronunció su último discurso en las Cortes, en el que declaró públicamente su opción por el fascismo como forma política para organizar la sociedad española.

Fue un discurso flamígero, prolijo y extenso, con más de ocho mil palabras, según resulta del recuento realizado en la transcripción del texto del Diario de Sesiones de las Cortes. Anque para ser exactos habría que descontar las palabras de las interrupciones e intervenciones del Presidente de la Cámara de Diputados.

Lo que sigue son unos párrafos sobresalientes, extractados del Diario de dicha Sesión.

Frente a ese Estado estéril, yo levanto el concepto del Estado integrador, que administre la justicia económica y que pueda decir con plena autoridad: no más huelgas, no más lock-outs, no más intereses usurarios, no más fórmulas financieras de capitalismo abusivo, no más salarios de hambre, no más salarios políticos no ganados con un rendimiento afortunado, no más libertad anárquica, no más destrucción criminal contra la producción, que la producción nacional está por encima de todas las clases, de todos los partidos y de todos los intereses. (Aplausos.) A este Estado le llaman muchos Estado fascista; pues si ese es el Estado fascista, yo, que participo de la idea de ese Estado, yo, que creo en él, me declaro fascista.

(Rumores y exclamaciones.

UN DIPUTADO: «¡Vaya una novedad!».)

[…] todas las fórmulas de convivencia social y política pueden reducirse a dos: orden consentido y orden impuesto. El régimen de orden consentido se funda en la libertad; el régimen de orden impuesto se funda en la autoridad. España está viviendo un régimen de desorden, de desorden no consentido ni arriba ni abajo, sino impuesto desde abajo a arriba. Por consiguiente, el régimen español, […] es un régimen que no se funda ni en la libertad ni en la autoridad. No se funda en la autoridad, aun cuando se diga que su sostén principal es la democracia […]

España padece el fetichismo de la turbamulta, que no es el pueblo, sino que es la contrafigura caricaturesca del pueblo. Son muchos los que con énfasis salen por ahí gritando: «¡Somos los más!» Grito de tribu -pienso yo -; porque el de la civilización sólo daría derecho al énfasis cuando se pudiera gritar: «¡Somos los mejores!», y los mejores casi siempre son los menos. La turbamulta impera en la vida española […]

¿Qué es la turbamulta? La minoría vestida de mayoría. La ley de la democracia es la ley del número absoluto, de la mayoría absoluta, sea equivalente a la ley de la razón o de la justicia, porque, como decía Anatole France, «una tontería, no por repetida por miles de voces deja de ser tontería». Pero la ley de la turbamulta es la ley de la minoría disfrazada con el ademán soez y vociferante, y eso es lo que está imperando ahora en España; toda la vida española en estas últimas semanas es un pugilato constante entre la horda y el individuo, entre la cantidad y la calidad, entre la apetencia material y los resortes espirituales, entre la avalancha brutal del número y el impulso selecto de la personificación jerárquica, sea cual fuere la virtud, la herencia, la propiedad, el trabajo, el mando; lo que fuere; la horda contra el individuo.

[…]

Vaya por delante un concepto en mi arraigado: el de la convicción de que España necesita un Ejército fuerte, […] porque de un buen Ejército, de tener buena aviación y buenos barcos de guerra depende, aunque muchos materialistas cegados no lo entiendan así, incluso cosa tan vital y prosaica como la exportación de nuestros aceites y de nuestras naranjas.

Cuando se habla por ahí del peligro de militares monarquizantes, yo sonrío un poco, porque no creo – y no me negareis una cierta autoridad moral para formular este aserto- que exista actualmente en el Ejército español cualesquiera que sean las ideas políticas individuales que la Constitución respeta, un solo militar dispuesto a sublevarse a favor de la Monarquía y en contra de la República. Si lo hubiera, sería un loco o un imbécil, lo digo con toda claridad (Rumores.); aunque considero que también sería loco el militar que, al frente de su destino, no estuviera dispuesto a sublevarse a favor de España y en contra de la anarquía, si esta se produjera.

(Grandes protestas y contraprotestas.)

Con portentosa habilidad dialéctica, JOSÉ CALVO SOTELO, tilda de loco o imbécil al general que estuviera dispuesto a sublevarse.

Y acto seguido, aplica los mismos calificativos al que no se subleve.

Una clara invitación a la rebelión militar, que hace intervenir al Presidente de la Cámara.

PRESIDENTE.- No haga Su Señoría invitaciones que fuera de aquí pueden ser mal traducidas.

SR. CALVO SOTELO.- La traducción es libre, señor presidente; la intención es sana y patriótica, y de eso es de lo único que yo respondo.

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