CLAUSURA DEL 75º ANIVERSARIO DE LA BATALLA DEL EBRO


DISCURSO DE ELIGIO HERNANDEZ, VICEPRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN JUAN NEGRÍN, EN EL ACTO DE CLAUSURA DEL 75º ANIVERSARIO DE LA BATALLA DEL EBRO, EN GANDESA, EL 20 DE OCTUBRE DE 2013.

 

Amigas y  amigos:

La lejanía de Canarias y las dificultades de combinación de transportes aéreos y terrestres, junto con mis acuciantes obligaciones profesionales que me obligan a estar en Tenerife el lunes a primera hora, me impiden asistir a los actos de  conmemoración del 75 aniversario de la batalla del Ebro, como era mi ferviente deseo y la voluntad de la Fundación Juan Negrín de la que soy Vicepresidente. Esta conmemoración aquí en Gandesa, donde tuvieron lugar luchas encarnizadas con ocasión de la batalla del Ebro, y la del discurso de Negrín pronunciado en Tarragona el 25 de octubre de 1938 para despedir a las Brigadas Internaciones, compensan sobradamente el ingente esfuerzo que durante más de cuarenta años hemos hecho un grupo de compañeros de toda  la izquierda de Canarias por hacerle justicia histórica al Dr. Negrín, el político más vilipendiado e injuriado del siglo XX, no sólo por el fascismo vencedor, sino por los vencidos y por su propio partido. Se ha cumplido el vaticinio del editorial del New York Times del 15 de noviembre de 1956, con motivo de su fallecimiento: «Jamás Juan Negrín tendrá que temer el juicio de la historia». Como también sentenció, certeramente, el ministro socialista francés Jules Moch, amigo de Negrín: “éste encarnó el orgullo y el coraje de un pueblo que no sucumbió más que al abandono de sus amigos”.

      Afortunadamente, el PSOE ha saldado la deuda histórica que tenía con el que fuera presidente del Gobierno de la II República Juan Negrín, en un emotivo acto en el intervino brillantemente Alfonso Guerra y se le rehabilitó como militante a título póstumo junto a otros 35 socialistas que fueron expulsados del partido en 1946, en cumplimiento del acuerdo del 37º Congreso federal socialista celebrado el año 2008.

         Alfonso Guerra ha sido el único dirigente socialista que ha contribuido decisivamente a hacerle justicia histórica al eximio científico Juan Negrín , -maestro de grandes maestros, a quien ya la más reciente historiografía considera uno de los grandes estadistas del siglo XX,- colaborando como presidente de la Fundación Pablo Iglesias en la exposición “Juan Negrín, médico y Jefe de Gobierno”, y en la publicación del libro con el mismo título, así como en la elaboración del documental “Juan Negrín, resistir es vencer”. En su reciente libro de Memorias “Una página difícil de arrancar” dedica al Dr.Negrín un capítulo con el sugestivo título “De Esbirro de Stalin a estadista y patriota”, que derriba el muro de incomprensiones y calumnias que se levantó en su contra.

          El principal mérito de Juan Negrín  no fue la realización de su obra científica personal de relieve internacional, sino el haber creado y dado impulso a una escuela de científicos que difundió el prestigio de la investigación experimental en el mundo, entre los que cabe destacar al que fuera auxiliar de su cátedra, Severo Ochoa, más tarde Premio Nobel y a Grande Covián, entre otros muchos discípulos, que se convirtieron, bajo el magisterio de Negrín, en primeras figuras de la investigación fisiológica, farmacológica y bioquímica mundial de nuestro siglo.

       Además de su obra científica, Negrín realizó una encomiable labor como precursor de la modernización y europeización de España. En 1923 fue nombrado Secretario de la Facultad de Medicina de Madrid, y en 1927 Secretario de la Junta Constructora de la Ciudad Universitaria de Madrid, cargo que desempeñó con singular esmero durante cinco años, sin retribución alguna, de tal manera que puede ser considerado el gran artífice de la creación de la actual Universidad Complutense.Fundó la editorial  España con Álvarez del Vayo y Araquistain en 1927, que publicó con gran éxito editorial  novelas, y libros científicos.

          Don Juan Negrín ostentó la Jefatura del Gobierno de la Nación, en momentos dramáticos de la vida nacional. Había sido elegido diputado por Madrid y Las Palmas de Gran Canaria, respectivamente, en las tres Cortes de la II República, y designado representante de España en la Oficina Internacional del Trabajo en Ginebra y en la Unión Interparlamentaria Europea, de sede variable, cargos todos en lo que destacó por su gran talla intelectual, política y humana.              Negrín asume la presidencia del Gobierno la noche del 17 de mayo de 1937, por decisión personal del presidente de la República Don Manuel Azaña, que en sus Memorias, explica dicho nombramiento:”Me decidí a encargar del Gobierno a Negrín. El público esperaría que fuese Prieto, pero éste estaba mejor al frente de los Ministerios Militares reunidos, para los que, fuera de él, no había candidato posible. Y en la presidencia, los altibajos de humor de Prieto, sus “repentes”, podían ser un inconveniente. Me parecía más útil, teniendo Prieto una función que llenar, importantísima, adecuada a su talento y a su personalidad política, aprovechar en la Presidencia la tranquila energía de Negrín”.   

      Juan Marichal ha dicho que “debemos marcar la fecha del 17 de mayo de 1937, como el comienzo histórico del hombre de Estado que fue Juan Negrín: la segunda revelación de una capacidad insospechada para el Gobierno, tras la primera de Manuel Azaña en 1931”.

      La conducta de Don Juan Negrín como presidente del Gobierno y Ministro de la Defensa Nacional, fue elogiada por el testimonio imparcial y sincero del prestigioso General Rojo, Jefe del E.M. del Ejercito de la República, en una carta dirigida a Don Juan Negrín  Jr. el 25 de noviembre de 1056, con motivo del fallecimiento de su padre:”…….quiero por ello sumarme con mi duelo al de vds. como uno más de los amigos sinceros y leales que compartieron con él las vicisitudes de una lucha tan digna y ejemplarmente dirigida por un español patriota y consciente de su responsabilidad…”

   Jerónimo Bujeda, abogado del Estado, subsecretario de Hacienda cuando Don Juan fue Ministro del ramo, considera “un gran privilegio el haber conocido íntimamente a uno de los más grandes hombre de España, en nuestro siglo. La perspectiva de los años dibujará el perfil gigantesco de quien supo responder, en la forma más noble y con la máxima lealtad, a sus propias convicciones en uno de los momentos más dramáticos de este tiempo”.

    Con ocasión de su salida precipitada de Francia por el puerto de Burdeos en un barco griego, que ya empezaba  a ser bombardeado por los nazis, aprovechando las pocas horas que  quedaban para zarpar, se trasladó rápidamente a Pyla-sur Mer(Gironde), a sesenta kilómetros de Burdeos, con evidente riesgo de su vida, en busca de Azaña y Largo Caballero para invitarles a abandonar en dicho barco la Francia ocupada por los nazis.

     En el discurso de despedida a la Brigadas Internacionales pronunciado aquí en Tarragona el 25 de octubre de 1938, destacó que asumieron como suya la causa de España, “que era la causa de la libertad y del derecho, y que vinieron a España a defender la justicia, el derecho escarnecido, porque aquí, en España, se jugaba la libertad del mundo entero”.

            Las asociaciones para la recuperación de la  memoria histórica y todo el movimiento memorialista tienen como objetivo principal, sin duda,  la reconciliación entre los españoles, que si no se quisiera  sinceramente, deslegitimaría todas las denuncias e iniciativas para la exhumación e identificación de los desaparecidos durante la guerra civil y el franquismo. Pero  no es posible pretender, como  recientemente he hecho aquí en Tarragona el grosero catolicismo español, que apenas nada tiene de cristiano, como dijo Miguel de Unamuno, al mismo tiempo, el olvido y predicar la reconciliación, que, para que sea definitiva y auténtica, tiene que basarse en la justicia, que no podrá realizase mientras a  las víctimas de los vencidos  de la contienda fratricida no se les dé el mismo trato humano que a las víctimas de los vencedores. La reconciliación no podrá  consolidarse mientras las víctimas de media España hayan recibido homenajes, beatificaciones,  y digna  o cristiana sepultura; y las víctimas de la otra media permanezca denigrada y sepultada ilegalmente en las cunetas, pozos y fosas comunes. Como ha dicho con acierto Amalio Blanco (“El deber de la  memoria. El País del 31 de diciembre de 2003):“No queremos que el silencio siga degradando a las víctimas inocentes, porque sabemos que callar es condenar injustamente dos veces, porque no es lícito volver a matar a lo muertos, porque olvidar es volver a mancillar la dignidad de las personas. El silencio es la tortura de la memoria”

       No se puede cuestionar la sincera voluntad de reconciliación  de los que venimos trabajando por recuperar el legado de la II República, pues fueron los líderes políticos republicanos más significativos, los que, en plena guerra civil, cimentaron las bases sobre las cuales, superada la dictadura y la transición, se pueda asentar la reconciliación. En efecto, el 18 de julio de 1938, Don Manuel Azaña ,en el Ayuntamiento de Barcelona recordada ,en un famoso discurso : “… a esos hombres que han caído embravecidos en la batalla, luchando magnánimamente  por un ideal grandioso y que, ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían , con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella ,el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Perdón ,Piedad”. En el mismo discurso enfatizó:”Somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo arroyo”. El Consejo de Ministros presidido por el Dr.Negrín aprobó el 30 de abril de 1938, los trece puntos que serían publicados el 1º de mayo, que se denominaron Declaración de Principios o Programa de Estado, en cuyo punto 13 se establecía: “amplia amnistía para todos los españoles que quieran cooperar en la inmensa labor de la reconstrucción y engrandecimiento de España. Después de una lucha cruenta como la que ensangrienta nuestra tierra, en la que han surgido las viejas virtudes del heroísmo, cometerá un delito de alta traición a los destinos de nuestra patria aquél que no reprima y ahogue roda idea de venganza y represalia, en aras de una acción de sacrificios y trabajos que por el porvenir de España estamos obligados a realizar todos sus hijos”. A las tres semanas de comenzar la guerra civil, Indalecio Prieto clamó apasionadamente: “No imitéis la conducta del enemigo; os lo ruego, os lo suplico; ante la crueldad ajena, la piedad vuestra; ante la sevicia ajena, vuestra clemencia. Yo os pido pecho de acero para el combate, pero corazones sensibles capaces de estremecerse ante el dolor humano y de ser albergue de piedad” .Desde su exilio mejicano, exclamó: “Me están vedados los cementerios de España, pero si pudiera volver a ellos, pondría un  ramo de rosas rojas en las tumbas de mis adversarios que también murieron por España”.

       No conozco palabras semejantes que hayan sido pronunciadas, después o durante la guerra civil, por el mando militar vencedor, que, antes al contrario, inició una cruenta represión  nada más terminada  la guerra. Como dijo Azaña (24 de agosto de 1939.La Prarle.Collonger-sous Salive): “Ahora no saben qué hacer con su victoria, y todo lo que se les alcanza es proseguir, en cierta manera, la guerra. Dentro de la enormidad de su fechoría pudieron haber realizado una acción sensata si, al terminarse las operaciones militares hubieran abierto una era de olvido desocupando las cárceles y licenciando a sus verdugos. La impresión de alivio junto con la alegría general por ver acabada la guerra , hubiera dado así al nuevo régimen la atmósfera respirable que necesitaba .Pero unos hombre capaces de concebir una política de ese porte y de llevarla a término, no hubieran sido capaces de provocar la guerra que han hecho. Por otra parte, suprimido el terror de todos los ámbitos de la Península habría surgido una pregunta sin respuesta posible:¿Para qué ha servido todo esto?. Están pues amarrados a su propia obra, y condenados a la siniestra imbecilidad de un gerifalte. Que no podrán ceder nunca en nada, porque la menor concesión, no solamente los destruye, sino que los condena y se delatan”.

      Pero tampoco conocemos que la jerarquía eclesiástica española  haya pronunciado durante o después de la guerra, palabras de reconciliación similares  a las de los líderes republicanos. Todavía no se ha preguntado, y si lo ha hecho, no ha respondido,  porqué odiaban a la iglesia los pobres depauperados, sumidos en el analfabetismo y explotados por los terratenientes, y los obreros, que lucharon y murieron por la Republica, que también son hijos de Dios. Con ocasión de  las recientes beatificaciones, que respetamos, la Iglesia Católica ha perdido una gran oportunidad para pedir perdón por haber apoyado la represión franquista fascista, y para  rezar, al menos, un padrenuestro a los vencidos, y darles digna o cristiana sepultura.

     “Fue en España, dijo Albert Camus, donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa»

¡SALUD Y REPÚBLICA, COMPAÑERAS Y COMPAÑEROS¡

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