EL ORO RECAUDADO PARA LA PATRIA


En el número 9 del Boletín Oficial de la Junta de Defensa Nacional de España, publicado en Burgos el 21 de agosto de 1936, leemos esta

Orden del 19 de agosto de 1936

Nunca pudo sospechar esta Junta de Defensa, y esa afirmación  la hacemos con el pecho henchido de esperanza, que las muestras de patriotismo dadas por todos los verdaderos españoles, iban a llegar al límite, a que, afortunadamente han llegado, y la demostración palmaria de esas manifestaciones la encontramos en el afán con que todos acuden al llamamiento hecho por este Organismo para que, cada uno en la medida de sus fuerzas, deposite en nuestras manos el oro que con tanto cariño, han ido reuniendo familias enteras. Ese oro ha de servir para las atenciones de las fuerzas que tan valerosamente defienden la idea de España, y es posible que pueda dedicarse una gran parte de lo recaudado a iniciar la compensación a la alevosa acción cometida por unos insensatos, que sin pensar en el bien de su Patria, no han dudado en desvalijar las arcas del Tesoro, con fines que no hay quien se atreva a calificar.

Ese aprovechamiento de tan preciado metal ha de efectuarse con arreglo a las más rígidas normas de equidad y regularidad, y de nada serviría el altruismo demostrado por los donantes, sí cada centro de recaudación provincial o local, hiciera de lo recogido el uso que considerara conveniente; aunque no hay qua dudar que, en todo caso, lo efectuarían inspirados por un excelente deseo de acierto. Es, pues, de imperiosa necesidad, de la más absoluta conveniencia para lograr los altos fine a que esa recaudación tiene que dedicarse, la centralización de la recaudación del oro, y en consecuencia, la Junta de Defensa Nacional ha acordado lo siguiente:

Primero.

A partir de la publicación de esta orden, todos los centros, juntas o comisiones encargadas de la recogida de aquel metal, ya sea amonedado, en lingotes ó en objetos preciosos, darán cuenta a esta Junta de Defensa de la recaudación obtenida, primero hasta la fecha, y luego parcialmente cada cuatro días, de los ingresos que en ese lapso hayan obtenido.

Segundo.

Con la frecuencia que puedan efectuarlo, aprovechando coyunturas favorables que se presenten, enviarán lo recogido a esta Junta de Defensa, la que dará cuenta del total importe de la recaudación y en su día del destino que se dé a ese dinero.

Tercero.

La Junta de Defensa Nacional, a la que no pueden negarse los deseos de acierto, que, en todo momento, la inspiran, espera que conscientes todos los españoles de cuanto constituye un deber, coadyuvarán con ella en dar a esta suscripción el giro más conveniente a los fines de España, que es lo que a los verdaderos patriotas nos atrae y nos une.

Por la Junta de Defensa Nacional.- Federico Montaner.

De este modo, los sublevados contra la República establecieron unas rígidas normas conducentes a la recaudación del denominado ORO PARA LA PATRIA.

Había transcurrido un mes de guerra.

Este ORO PARA LA PATRIA sería obtenido mediante la recaudación de donativos «voluntarios», llevada a cabo por voluntarios recaudadores y recaudadoras en todos los lugares de las islas.

Así se constituyó un heterogéneo conjunto de piezas de oro y plata, monedas y billetes, que sirvió a los sublevados contra el Gobierno Republicano de España, para obtener una liquidez necesaria con la cual hacer frente a parte de los cuantiosos costes bélicos.

A pesar de tan rígidas normas, circularon fundados rumores de que partes de aquel ORO PARA LA PATRIA habían sido «distraídas», para sus propias arcas, por algunos recaudadores.

Ciertamente, está constatado que, después de la guerra fratricida, más de uno de los vencedores, disfrutaron de incrementos notables de sus niveles de vida y patrimonio.

El eminente catedrático don ANTONIO GONZÁLEZ GONZÁLEZ, mi ínclito profesor de Química Orgánica en cuarto y quinto de carrera, en su libro póstumo de MEMORIAS, ha dejado un testimonio acerca de la forma en que su padre, mediante coacción y graves amenazas, fue despojado de su magnífica finca agraria, que fue a parar a las manos del comandante militar de La Laguna.

Obviamente, no es fácil, si no imposible, obtener documentos fehacientes de la ilegitimidad de los enriquecimientos producidos.

Las constataciones inclinan a pensar que no debe desecharse la realidad de que tales ilícitos enriquecimientos hayan acontecido históricamente.

Conociendo la naturaleza humana, a pesar de las rígidas normas dictadas, no hubo suficientes controles que garantizaran que todo el oro colectado fuera a parar al lugar previsto

Asimismo, se sabe que ciertamente algunos conspicuos individuos mejoraron su condición económica después de la última fratricida guerra civil española.

Hay una vieja sentencia fruto de la sabiduría popular, que dice: todo el que la puede meter, no la deja fuera.

Este dicho refleja una actitud de nuestra condición humana.

Dicho que procediendo del acervo popular con relación al sexo, por extensión se aplica también a la falta de honradez. Siendo aplicado a los individuos que gestionando la cosa pública, y teniendo a su alcance la caja de caudales públicos, no duda en meter la mano, para apoderarse de lo que ha sido puesto a su disposición y cuidado.

La Historia da fe de que tales indignantes eventos, han sucedido en todos los tiempos.

Desde antes de Don RODRIGO CALDERÓN, aquel ministro ´de FELIPE III, de quien, por haber obtenido el capelo cardenalicio, se cantaba

para librarse de ser ahorcado

el mayor ladrón de España

se vistió de colorado.

De tiempos republicanos conocemos de los latrocinios en que estuvo envuelto el inverecundo ALEJANDRO LERROUX, tan significativamente aludido por el diputado JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA.

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/02/14/viva-el-estraperlo/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2013/02/15/jose-antonio-vuelve-a-gritar-viva-el-estraperlo/

Y continúa hoy en día, con las múltiples desviaciones de inmensos caudales públicos en torno a los políticos y empresarios actuales. Curiosamente, se habla y escribe mucho de los corruptos políticos implicados,  y poco, bastante poco, de los corruptores capitalistas beneficiarios e inductores de estas nocivas prácticas.

No he visto aflorar pruebas documentales fehacientes de que ello hubiera ocurrido realmente.

Tampoco he visto aflorar suficientes pruebas documentales para sostener lo contrario.

Sabemos que los nazis intentaron borrar los rastros de sus crímenes, asesinatos y latrocinios, cuando vislumbraron el próximo fin adverso de la guerra mundial.

Por tanto, no debe desecharse que pudiera haber acontecido.

Y, que en modo similar a los nazis, los autores de aquellas fechorías, beneficiarios de oro detraído, pudieran haber borrado el rastro de sus latrocinios.

Conociendo la naturaleza humana, no hay razones históricas para descartar la comisión de tales fechorías.

Estando en el Archivo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, una persona con la con la cual había coincido en la consulta de documentación de similares fechas, me contó esta anécdota:

Su abuelo era un declarado afecto y adherido al franquismo.

Tenía un histórico bastón heredado, con empuñadura de oro, que donó voluntariamente para contribuir al esfuerzo de guerra.

Años más tarde vio tal bastón en las manos de un conspicuo personaje político tinerfeño, en un acto público.

Su abuelo sufrió un gran disgusto, al comprobar que su deseo de ayudar a la Causa Nacional, en la que creía y a la cual apoyaba por convicción, había sido burlado, por aquel conspicuo individuo, en el cual había depositado su confianza y su bastón histórico con empuñadura de oro, fruto de su herencia.

Obviamente, el disgusto del donante estaba más que justificado, al sentirse traicionado en su confianza.

Por otro lado, en Santa Cruz de Tenerife, se contaba un relato de una peripecia protagonizada por dos conspicuas señoras de la Alta Sociedad.

La primera era toda una señora marquesa.

La segunda era esposa de un conspicuo y adinerado personaje tinerfeño.

Ambas coincidieron en una fiesta de Casino.

La señora marquesa, fiel a su linaje, y convencida de que apoyando al autodenominado Alzamiento Nacional, contribuía a los intereses de su alta clase social, había entregado un valiosísimo collar de brillante pedrería, para la colecta del ORO PARA LA PATRIA.

Dicho collar formaba parte de su cuantiosa herencia, conservado en la familia, transmitiéndose de generación en generación, pues había sido de su abuela.

Pues bien.

La señora marquesa se percató de que la otra señora, esposa del conspicuo personaje, lucía en su cuello y pecho el valiosísimo collar de su abuela.

La señora marquesa se aproximó hasta la otra señora, y le espetó:

¿Qué haces tú con el collar de mi abuela?

Y, en un arranque de furia, le arrancó del cuello el collar a la que tan ilegítimamente lo lucía.

Según cuentan, la señora que se había apropiado indebidamente del collar de la marquesa, era la esposa del conspicuo individuo protagonista de la anécdota anterior, el que se había quedado con el bastón del abuelo.

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