HAY QUE PRESCINDIR DE LOS TRIBUNALES MILITARES


En el libro «DOS BANDERAS», publicado en 1993 por Ediciones C.E.S.C., su autor, JUAN YEDRA VEGA, ha dejado escrito, en su capítulo IX, este relato:

Antes de entrar en los relatos de lo ocurrido en la isla de Tenerife en el periodo de 36-39, vamos a presentar a los lectores a uno de los más funestos responsables colaboradores de los “honorables caballeros militares” que iniciaron la sublevación de julio del 36 contra el legal gobierno de la Segunda República española.

Se trata del general Dolla que fue designado como máximo responsable de la represión sangrienta contra los republicanos canarios en todo el archipiélago.

Mientras se habilitaban los antiguos almacenes de exportación de la casa inglesa sitos en la carretera del Sur de Tenerife a escasos cinco kilómetros de la capital, Santa Cruz, el mencionado general Dolla hizo una visita de inspección al primer Campo de Concentración montado en la Isleta, cercano como sabemos, a la capital de Gran Canaria, Las Palmas.

De esta visita hemos conseguido de buena fuente, la siguiente versión que nos da un retrato de la honorabilidad y cristianos sentimientos de que blasonaba el tal general.

“. .. cuando el general Dolla vio la miseria y suciedad que reinaba en las chavolas de aquel Campamento, el amontonamiento y promiscuidad de los “concentrados”, se dirigió a su acompañante, ¡militar también!, pero bajo su mando, y comentó enfadado:

– Imposible mantener esto; es, simplemente, un espectáculo bochornoso…

A lo que su acompañante, intrigado por su benevolencia inusitada, contestó:

– Pero mi general, esta gente no merece otra cosa. Recuerde que quisieron matar al Caudillo. Son todos comunistas y socialistas, lo peor de lo peor!…

-¡No, si a mi no me importa ta suerte de los presos! … Pero esto cuesta mucho dinero que nos hace falta para nuestros combatientes. Y no son estos solamente. Hay que agregar los detenidos en toda España … IDemasiada gente a mantener! ¡Esto nos cuesta una millonada! …

– Pues no veo la solución, mi general. Estos elementos constituyen un peligro en la calle …

– iQuien Ie ha dicho usted de darles libertad?.., ¡No! .. Pero si debe concluir esta carga. Hay que liquidarla. A la sociedad no Ie interesa que estos elementos vivan.

– Ahora voy comprendiendo, mi general. Entendido. Quiere decirse que es preciso ir reduciendo, no la condición, sino las personas mismas. Eso quieren tambien las clases patronales que están de nuestro lado. Pero los tribunales militares por muy sumariamente que actúen …

– ¡Hay que prescindir de los tribunales militares! -tronó Dolla …

– Sigo comprendiendo, mi general, pero la medida produciría demasiada alarma… hay casos… existen ciertos presos. Sería muy grande el revuelo..

-¡Bien, bien, esos casos me los envían a Tenerife. La distancia atenuará la impresión. Precisamente uno de estos días vamos a inaugurar allí una prisión donde pueden permanecer hasta tanto… Yo tengo el criterio de ir limpiando. Es menester limpiar ¡…”

Aqui termina la version obtenida, pero por ella, el lector podra conjeturar los sucesos que ocurrieron en Almacenes Fyffes más tarde.

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