PUEBLO Y MAESTROS FRENTE A LA GUERRA


TRABAJADORES DE LA ENSEÑANZA

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Pueblo y Maestros frente a la guerra

 La postguerra nos pareció a todos que traía consigo la delicada misión de formar una conciencia universal antibélica. En muchos hogares de Europa, en doloridos instantes de trasguerra, surgieron Ligas, Asociaciones, Uniones Internacionales: unas románticamente enfrentadas con todo lo que podía significar peligro guerrero otras, dedicando uno o varios artículos de sus respectivos estatutos, a condenar la guerra como instrumento, como actividad de hombres.

 

4009-161-19 117 LUIS DIEGO CUSCOY FOTO

 

No es esta la hora ni el lugar para detallar ni hacer historia, y no porque para esta siembra a voleo de palabras de paz no sean buenas todas las horas y estén bien todos los lugares, sino porque consideramos a todos los lectores en antecedentes y con conocimiento de todo aquello que pudiéramos repetir.

Tenemos especial interés en evocar, ahora, lecturas si cabe remotas, pero que en su día conmovieron por el dolor cósmico que traían y comunicaban. Evocar tres nombres y tres libros: Remarque, Glaesser, Isadora Duncan: «Sin novedad en el frente», «Los que teníamos doce años», «Mi vida»· .

Paralelos a esos tres libros corren tres etapas eminentemente significativas de la vida del hombre.

En el primer libro nos encontramos con el hombre adulto; 3está en el frente, vive esa vida espeluznante de trincheras, acosado, enfermo, herido, bombardeado, y todo lo demás. No hay para que glosar esta vida.

En el segundo libro se vive en una ciudad alemana. Una ciudad con hombres de doce años. No nos detengamos en analizar la vida de estos niños sin gimnasio, sin alimentos, sin alegrías. Observemos por un momento la gran vorágine de desmoralización y degeneración en que caen: vorágine compuesta por mujeres de soldados y oficiales ausentes; de mujeres, simplemente, que carecen de hombre, y hombre y que, acosadas por los instintos encendidos, se sacian en esta triste  generación de doce años… La metralla, para esta adolescencia, está más allá de los bosques y de las azules montañas; pero un sucio dogal de perversión la ha ahogado para toda la vida.

Isadora Duncan – danza que es carne y alma, gracia rítmica de friso clásico, de mármoles eternos -, instala en Bellevue una escuela de baile. Nos los cuenta  valientemente en «Mi vida», y nos dice que aspiraba a hacer de todo niño un espíritu abierto a la más sutil emoción estética. Isadora tiene sobra de posibilidades para ello, y ya está saboreando aquel mágico trasplantar de esencias griegas.

Pero viene la guerra, huye toda aquella dulce infancia del horror del bombardeo, y el hermoso edificio de Bellevue es transformado en hospital de sangre. ¡Feliz trasmutación!

EI hombre, el adolescente, el niño …Todos caen bajo los efectos de la locura desencadenada. Locura desencadenada, ciertamente, no es la expresión verdadera: (se sufre la fuerza de un tópico como la de un aguacero); porque no hay locura desencadenada, sino altos intereses manejados por infrahumanos designios. No son inevitables las guerras: lo son mientras continúen en pie el imperialismo voceado por individuos de especie inferior, los grandes «truts» presionando sobre esos voceadores de términos huecos: serán inevitables las guerras mientras el pueblo no ataje enérgicamente al voceador aquel y no someta bajo su puño de justicia a todos los Consejos de Administración que esperan a convertirse, en su día, en Estado Mayor.

El hombre, el adolescente, el niño… Quizás estemos en los umbrales de una nueva conflagración, y, lentamente, ya están surgiendo los falsos himnos que enardecen los viejos latiguillos patrioteros, el son del discurso que desafina en notas de un heroísmo de hojalata. Y el hombre, olvidando lecciones terribles, posiblemente se enrole en esa aventura desesperada, cruenta e inútil: el adolescente sufrirá lo suyo, torcerá involuntariamente su vida, y será, de nuevo, víctima de instintos en cualquier ciudad de la retaguardia. Para el niño no señalamos nada, no nos atrevemos a hacerlo, porque sin duda todo lo horrible – de hambre, de muerte – caiga sobre él.

EI hombre, el adolescente, el niño… ¡Pueblo, hombre, búscate por ti mismo una tregua! Atiende a la letra que dice paz, pero empéñate sobre todo, en la obra de la paz. Búscate una tregua contra imperios y Consejos de Administración; y cuando la tengas, educa al niño de hoy, al adolescente, al hombre de mañana. ¡Pueblo, nos hace falta tiempo para destruir una conciencia y elaborar otra! Y mientras eso hacemos, derroquemos virilmente fantoches del día y desnudemos a fantasmas de la Historia para verlos patizambos y contrahechos.

Junto a los niños – ¡pueblo, maestros! – iniciemos una intensa campaña contra campaña contra el heroísmo de opereta. El pueblo heroico es aquel que va contra, contra todo, en pos de su verdadero destino.

A pesar de tanta histórica locura, nadie dijo todavía que la guerra fuera un destino.

Luis Diego Cuscoy

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No hay cosa más poderosa para mover al pueblo que la capa de la religión, bajo de la cual se suelen encubrir grandes engaños.

Padre Mariana

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Texto publicado en «TRABAJADORES DE LA ENSEÑANZA» del primero de mayo de 1936.

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Cfr.; A-TMTQ 4009-161-19.- Causa 363 de 1936 contra DOMINGO ORTIZ DARIAS.- Folio 117.

Cfr.; A-TMTQ 4009-161-19.- Causa 363 de 1936 contra DOMINGO ORTIZ DARIAS.- Folio 117.

 

 

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