CAUSA 36 DE 1932 (2293-137-1)


 

Nº 2292  =  Legajo nº 137  =  Nº de orden en el legajo 1

 

Plaza de Santa Cruz de Tenerife                                     Año de 1.932

COMANDANCIA MILITAR

 

Capitanía General de Canarias

 

JUZGADO PERMANENTE

 

– – – – – – – – – –

 

C A U S A nº 36.

 

Instruída por un artículo injurioso para la Guardia Civil publicado en el semanario ·”EN MARCHA” correspondiente al núm. 60, año III

 

Ocurrió el hecho, el 9 de Abril de 1932.

 

Dieron principio estas actuaciones el 20 de Abril de 1932.

 

Terminaron y se remitio para archivo el 18 – Marzo 1932.

 

 

 

JUEZ INSTRUCTOR

SECRETARIO

El Comandante de Infantería don

El Sargento de Infantería don

Francisco Sánchez Pinto.

Ramón Diaz Gutiérrez

Cfr.: ATMTQ 2292-137-2 Causa número 36 de 1932.- Cubierta.

 

TERMINACIÓN Y SOBRESEIMIENTO DE CAUSA 36 DE 1932


El mismo día sábado 23 de abril de 1932, el Comandante Juez Permanente FRANCISCO SÁNCHEZ PINTO, dicta auto acordando dar por terminado el sumario, sin dirigir en él la acción contra persona alguna, elevando las actuaciones al Señor Auditor deGuerra de Canarias para la resolución que estime procedente.

Y, cuatro días después, el Auditor de Guerra de Canarias, JOSÉ SAMSÓ HENRÍQUEZ, emite este

DECRETO.

En Santa Cruz de Tenerife a 27 de Abril de 1932.

RESULTANDO: Que instruida la presente causa con motivo de denuncia formulada por el Sr. Teniente Coronel Primer Jefe de la Guardia Civilde la Comandancia de esta Provincia  y querella del Fiscal por haberse insertado en el semanario “En Marcha” de esta Capital, un artículo titulado “De un viejo archivo..”, suscrito por Salvoechea y en el cual se dice que la Guardia Civilsacó de la cárcel varios presos a los que invitó a declarar en determinado sentido consignándose literalmente “Pues entonces … se te aplicara tormenta – añade el Jefe de los Civiles”. Y en otro párrafo del mismo artículo describe el tormento que aplicaban unos guardias, mientras otros armados de vergajos golpeaban a los martirizados.

RESULTANDO; Que efectuada la comprobación de los hechos el redactorJuan García Díazfué el que ordenó la inserción, sacado de una hoja o revista “Páginas libres”, en la creencia de que como había sido reproducida varias veces su contenido no era delictivo.

CONSIDERANDO: Que examinadas dichas manifestaciones en relación con el artículo aludido no aparece que los hechos sean constitutivos del delito previsto y penado en el artículo 256 del Código de Justicia Militar.

ACUERDO, el sobreseimiento definitivo de esta causa con arreglo al número 2 del articulo del Código antes invocado, y que vuelva a su Instructor para cumplimiento, notificación al presunto inculpado y deducción del testimonio prevenido para el Tribunal Supremo, consultando seguidamente para la estadística.

El Auditor

José Samsó

Cfr.: ATMTQ 2923-137-1.- Causa 36 de 1932.- Folio 22.

DECLARACIÓN DE JUAN JOSÉ COBA CABRERA


 

Dos días después, comparece como testigo Juan José Coba, quien declara ser natural de Santa Cruz de Tenerife, de treinta y seis años de edad, de estado casado y de profesión carpintero, habiendo sido procesado en varias causas por delito de imprenta.

 

PREGUNTADO si es Director del semanario “En Marcha”, DIJO; que sí.

 

PREGUNTADO quien es el autor del artículo “De un viejo archivo” que aparece en el número sesenta, correspondiente al nueve del mes en curso, y si autorizó la publicación del mismo; DIJO, que el autor es Fermín Salvoechea, difunto desde hace aproximadamente treinta años, que dicho artículo fué publicado por primera vez en “Revista Blanca” el diez de Febrero de mil novecientos y que posteriormente lo ha visto reproducido en otras varias revistas y periódicos y que para la reproducción en el semanario “En Marcha” fué autorizado por el redactor del mismo,Juan García Díazque habita en esta Capital, en la Plaza de la Iglesia número seis, quien está autorizado para ello.- – – – – –

 

PREGUNTADO si para la publicación de los artículos en el semanario “En Marcha” se necesita la autorización expresa del Director del mismo, DIJO; que la redacción está constituida en forma de que el firmante o el que lleva para reproducción artículos, se hace responsable a ello. – – – – – – – – –

 

En este estado se dió por terminado el acto y leída que fué por sí esta declaración, se afirma y ratifica, firmándola con S.S. y presente Secretario. De que certifico.

 

Francisco Sánchez Pinto

Juan J Coba

Ramón Díaz

 

[Las tres firmas rubricadas]

 

Cfr.: Folio 14 de Causa 36 de 1932 (2923-137-1).

DENUNCIA DE JUAN VARA TERÁN


El lunes 11 de abril de 1932 el Primer Jefe de la Guardia Civilen Santa Cruz de Tenerife, Teniente Coronel JUAN VARA TERÁN, dirige oficio al Auditor de Guerra dela Comandancia Militar de Canarias, de este tenor:

En el Semanario titulado “En Marcha” Organo de la federación obrera de esta Capital, publicado en la misma el día 9 del actual, aparece publicado un articulo en el cual se dirigen injurias y ofensas al Instituto dela Guardia Civilcomprendido a juicio del que suscribe en el artº 258 del Código de Justicia Militar por cuyo motivo tengo el honor de remitir a V.S. un ejemplar de dicho Semanario, a los efectos de justicia que se digne estimar conveniente.

Tenerife 11 de abril de 1932

El T.Coronel 1er Jefe

Juan Vara T

[Firmado y rubricado]

Cfr.: Folio 4 de Causa 36 de 1932 (2292-137-1).

 

Recibido este oficio denuncia, el Fiscal LORENZO MARTÍNEZ FUSET, emite este Informe manuscrito:

V.4,903,244

El Fiscal dice:

 

Examinado el número 60 del año tercero de publicación del semanario “En Marcha” editado en esta Capital, el 9 de Abril último y remitido a su Autoridad por el primer Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de esta Provincia con su oficio del 11 de los corrientes, hecho examen del articulo inserto en la 2 ª de las páginas de dicho periódico y que lleva por titulo “De un viejo archivo firmado por Salvoechea y al decir, reproducido del suplemento número 39 de la “La Revista Blanca” fechada en 10 de Febrero de1900, tenido en cuenta que en el curso de dicho trabajo periodístico se describe de manera tendenciosa la actitud que dice siguieron unos Guardias del Benemérito Instituto haciendo aplicación de tormento en las personas de algunos presos; esta Representación, estimando sin que sea prejuzgar, la comisión de un delito de ofensas encubiertas al Cuerpo de la Guardia Civil, deduce ante V.S. querella criminal a tenor del Decreto de 11 de Mayo próximo pasado y en consonancia con lo prevenido en el Articulo 271 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, en relación al número 7 del Articulo 8º, 171 y 258 del Código de Justicia Militar.

Por ende de su Autoridad espero, se sirva ordenar la incoación del oportuno sumario previa designación de Instructor de la categoría correspondiente y en averiguación del verdadero autor de dicho articulo, propósito que inspirara su inserción ó reproducción, depuración del estimado como subsidiario responsable, curso del parte de inicio prevenido en al Articulo 400 de nuestro Código y demás prevenidas en los Artículos 816 y siguientes de la Ley de Enjuiciamiento antes invocada, teniendo a este Ministerio por personado en autos.

Santa Cruz de Tenerife 16 de Abril de 1.932.

El Fiscal

Lorenzo M Fuset

Cfr.: Folio 3 de Causa 36 de 1932 (2292-137-1).

 

Mediante escrito de fecha 19 del mismo mes de abril, el Auditor de Guerra, JOSÉ SAMSÓ HENRÍQUEZ, ordena al Comandante Juez Permanente FRANCISCO SÁNCHEZ PINTO, que con el carácter de Juez Instructor y auxiliado por el Secretario que designe, proceda a instruir la Causa 36 de 1932, para la cual adjunta el anterior informe manuscrito.

Cfr.: Folio 3 de Causa 36 de 1932 (2292-137-1).

Al día siguiente, miércoles 20 de abril de 1936, el Comandante Juez Permanente FRANCISCO SÁNCHEZ PINTO dicta auto ordenando que se instruya sumario en averiguación de la persona responsable del artículo, suscrito por Salvoechea, añadiendo que se proceda al secuestro de los ejemplares del citado número 60 así como la recogida de los originales e incautación de los moldes o láminas, acordando la entrada y registro en el local donde se edita el semanario de “En Marcha”, nombrando Secretario de la Causa 36/1932 al Sargento de Infantería RAMÓN DÍAZ GUTIÉRREZ, que presta el juramento preceptivo.

Cfr.: Folio 7 de Causa 36 de 1932 (2292-137-1).

LA JUSTICIA BURGUESA


 

El sábado 9 de abril de 1932, en el número 60 del semanario sabatino “En Marcha” de Santa Cruz de Tenerife, órgano de la Federación Obrera adherido a la C.N.T., publicó, en su página segunda, un artículo titulado De un viejo archivo, que llevaba la firma de Salvoechea.

Este artículo era una reproducción de un viejo artículo de Fermín Salvoechea, intitulado LA JUSTICIA BURGUESA, que originalmente había sido, a su vez, publicado en el suplemento número 39 de “La Revista Blanca”, fechada en 10 de Febrero de1900, tres décadas antes.

Este es el contenido de dicho artículo.

La actual civilización no es más que aparente, y los procedimientos que hoy se emplean contra los anarquistas son los mismos que se usaban en otro tiempo contra los librepensadores; entonces se aplicaba el tormento a los que no querían adorar al Dios del Sinaí o del Calvario; hoy se hace lo mismo a los que se niegan a reconocer la omnipotencia del dios capital. Tal vez haya quien crea esta afirmación exagerada; pero los hechos que vamos a referir demostrarán la exactitud de nuestro aserto.

Para complicarme en los sucesos de Jerez se hizo uso del procedimiento siguiente: la guardia civil sacó de la cárcel varios presos y separadamente les dijo:

–       ¿No es verdad que Salvoechea te dijo que contaran con Cádiz?

–       No contestole el interrogado.

–       Pues entonces, ya que no quieres declarar, se te aplicará el tormento – añadió el jefe de los civiles.

Y en efecto, le amarraron las manos a la espalda con una cadena, y esta a una cuerda que pasaba por una polea fija en el techo, de cuyo estremo tiraban unos guardias hasta dejar suspendido en el aire a la víctima, mientras que otros, armados de vergajos, golpeaban con verdadero furor a su cuerpo. Los que sufrieron tan cruel martirio han manifestado que el dolor que experimentaban en los hombros no les permitía sentir los golpes que descargaban sobre ellos, y todos pidieron a sus verdugos la muerte a cambio de crueldades semejantes. La guardia civil llevaba en un papel escrito lo que había de exigir a los presos que declarasen; detalle que no consignamos por ser verdaderamente repugnante.

Conseguido, pues, en parte, al menos, el objeto que se proponían por el medio indicado, se me trasladó a Jerez con pretesto de que nombrara defensor, y allí sufrí del juez civil las mas terribles provocaciones, que me obligaron a encerrarme en mutismo absoluto, como único medio de poner término a situación tan violenta e insostenible; lo que hizo que el digno representante de la ley, dirigiéndose al no menos digno director de la cárcel, le dijese, como si se tratase de la cosa más natural del mundo.

Ya ve usted que no contesta; zamarree usted a ese hombre.

Y viendo que el director se limitaba a inclinar la cabeza en señal de respeto, pero sin dar cumplimiento a su orden, le dijo el juez.

Retire usted al preso y que se le aplique todo el sistema carcelario.

Así fue; los seis meses que permanecí en aquella cárcel estuve incomunicado con el resto de la prisión; y en particular desde el mes de Noviembre, que se me mudó de calabozo, pretestando que por debajo de la puerta introducían periódicos socialistas, me fue ya imposible llamar hasta en aquellos casos de absoluta necesidad, pues además de la puerta de la habitación estaba cerrada la de un pasillo que a ella conducía, y esto como es natural agravó mi situación en vez de mejorarla.

El tal juez no se dio por vencido; tres días después repitió sus provocaciones con igual o mayor violencia, resultando el mutismo que yo había adoptado como tabla de salvación, de todo punto estéril, y como tal señor dijese al escribano que se suspendía la declaración, sin perjuicio de continuarla cuando lo juzgase conveniente, creí oportuno poner en conocimiento del juez militar lo que me ocurría con el civil, a fin de que lo hiciese saber a la autoridad competente, pues aunque los agravios recibidos, dada nuestra respectiva situación, habían de volverse forzosamente contra quien los infería, veía en tan incalificable proceder motivo más que suficiente para dudar de las facultades mentales de un hombre que se había puesto un energúmeno, dando gritos terribles, levantando de su asiento y colocando ante mí, casi metiéndome los dedos por los ojos, por no darle un tratamiento, al cual, según me dijo después un señor Cortina, que, como abogado debe saberlo, no tiene derecho alguno; por cuya razón había querido no perdonar medio alguno de evitar el peligro que entrañaban para mí las entrevistas con tan triste personaje. Esto me dio el resultado apetecido, pues al ser llamado a declarar de nuevo se me colocó separado del juez por una reja, y ya no se repitieron, como de costumbre sus agresiones.

Conocida ya la manera de hacer declarar a los presos, se comprenderá que las víctimas inmoladas por la burguesía no eran más que honrados trabajadores, cuyo solo delito consistía en ser anarquista: es decir, en desear para todos la libertad y la igualdad.

Lamela fue uno de los sometidos al tormento, siendo su muerte en el cadalso, el término  de su martirio; y Caro Clavo, a quien los sufrimientos, tanto morales como físicos le habían producido una afección al estómago, estuvo durante varios día devolviendo los alimentos, sin que la gravedad de su estado se considerase motivo suficiente para que lo trasladasen a la enfermería del calabozo donde se hallaba. Con decir que hasta después de muerto no le quitaron los pesados grillos que sujetaban sus piés, se comprenderá hasta que punto se llevó el ensañamiento contra nuestros desgraciados amigos, cuyos cadáveres ha pretendido manchar la calumnia con su asquerosa baba, habiendo publicado la prensa burguesa un artículo firmado por un Sr. Torres, médico de la penitenciaría del Puerto, en el cual se afirmaba que la muerte de Caro Clavo había sido producida por alcoholismo, siendo así que nuestro compañero era obrero de costumbres morigeradas, apreciado de cuantos le conocían y que mantenía con el producto de su trabajo a su numerosa familia.

Estos hechos, unidos a todo cuanto se viene realizando con nosotros, debe servir de enseñanza a los trabajadores para conocer la clase de enemigos con quien tienen que combatir y los medios puestos en juego para dejar fuera de combate a los defensores de la justicia y la verdad.

SALVOECHEA

La Revista Blanca.- Suplemento 39.- 10 de Febrero de 1900.

Cfr.: Folio 17 de Causa 36 de 1932 (22923-137-1).

SEDICENTES


El 14 de abril de 1931 fue proclamada la Segunda República Española.

Sin embargo, el poder siguió estando detentado por individuos procedentes del régimen monárquico, fervorosos monárquicos de antaño, mutados raudamente en sedicentes «republicanos de toda la vida».

Un somero vistazo a los nombres de los ocupantes de los cargos públicos republicanos de aquella época, permite constatar este continuismo en el ejercicio de poder.

A pesar de que los primeros gobiernos republicanos hicieron esfuerzos para mejorar la democracia del sistema político, la triste realidad fue que durante el periodo republicano pervivieron las viles prácticas caciquiles, remanentes de la larguísima etapa de la restauración monárquica borbónica.

Tres décadas antes, nuestro ínclito Nicolás Estévanez Murphy cuyas Memorias comenzaron a ser publicadas en 1899, había dejado más de una referencia a este fenómeno de políticos sedicentes.

En el capítulo XIV AGITACIÓN POLÍTICA (1868), deja este testimonio, sobre los acontecimientos del 29 de septiembre de 1868.

Habíanse constituido una junta nacional, varias juntas provinciales y municipales, y hasta juntitas de barrio; los junteros se habían nombrado ellos mismos. En la primera, compuesta de progresistas y unionistas, no fueron admitidos los demócratas; pero éstos constituyeron la suya, y de ella formaba parte Escalante, el héroe de aquel día. Mandó Escalante que se abriera el parque, poniendo las armas a disposición del pueblo, e invitó a éste por medio de bandos manuscritos a que las tomara; no fue necesario repetir la invitación. Asustada la nacional, propuso la fusión de la las dos juntas, constituyéndose la nueva (que tampoco fue definitiva), en la que ya tenía la democracia numerosa representación; pero casi todos sus representantes eran demócratas a medias y republicanos de mentirijillas.

El subrayado es mío.

* * * * * * * * * *

Sin que tenga relación con los sedicentes demócratas y republicanos, nuestro ínclito Nicolás Estévanez Murphy, casi al final del mismo capítulo XIV de sus Memorias, titulado AGITACIÓN POLÍTICA (1868), contando los sucesos de Cádiz, nos ha dejado este testimonio sobre Fermín Salvochea:

Dentro de la ciudad dominaba en absoluto, el pueblo vencedor, personificado en el joven Salvochea.

Era Fermín Salvochea, pocos días antes un gran desconocido; los sucesos de Cádiz lo hicieron en pocas horas el hombre más popular de Andalucía y aún de toda España. Hoy mismo es uno de los pocos españoles – no llegarán a una docena – cuyos nombres han pasado la frontera pirenaica. (…) este gaditano singular (…) cuando acaudilló a sus convecinos, deliberadamente provocados por los montpensieristas, era republicano federal; después ha evolucionado, no como la mayor parte de los personajes del 68, sino en sentido progresivo y obedeciendo a la lógica revolucionaria.

(…)

A Salvochea se le ofreció la fuga, pero no quiso irse cuando otros estaban presos. Conducido al Castillo de Santa Catalina, allí le visité horas antes de mi regreso a Madrid.

* * * * * * * * * *

 

El ínclito Don Nicolás recupera el tema de los sedicentes republicanos en el capítulo siguiente, XV EL REPUBLICANISMO DERROTADO (1869), escribiendo:

Las elecciones generales, dirigidas por el señor Sagasta, que tenía la cartera de Gobernación, llevaron a las cortes setenta diputados republicanos; todos se decían entonces federales, pero no todos lo eran. El «gran elector» (Sagasta), con todos sus abusos y atropellos, no fue tan corruptor del cuerpo electoral como ciertos candidatos de la oposición, que para obtener votos se fingieron republicanos y federales sin serlo.

De nuevo, el subrayado es mío.

Y en el capítulo XIX SE ACERCA LA REPÚBLICA (1873), Nicolás Estévanez Murphy, escribió:

En la época revolucionaria fue el más consecuente y firme campeón de la utopía federal. Pues ya son federales sin saberlo, si no todos los republicanos, la inmensa mayoría de los monárquicos. No se llamarán federalistas, sino regionalistas, autonomistas, descentralizadores, comuneros, y otras varias cosas; pero que todas trascienden a federalismo.

Si no fuera porque sabemos que la publicación de las Memorias de Nicolás Estévanez Murphy comenzaron a publicarse en 1899, cualquiera diría que este párrafo es de factura actual, vista la caterva de nacionalistas, regionalistas, autonomistas, descentralizadores, comuneros, y otras varias cosas, que pululan hoy por nuestra geografía.

Como la historia que se ignora suele repetirse, este fenómeno de los sedicentes demócratas, podría ser puesto en paralelo con lo acontecido en tiempos más recientes, en la etapa que se ha venido en denominar la transición del franquismo a esta democracia donada actual en la que vivimos.

Fervorosos franquistas revestidos de sedicentes «demócratas de toda la vida», y sus vástagos, controlan los auténticos resortes del poder, en los cuales se mantienen y eternizan, al amparo de un sistema electoral heredado.

Sistema electoral de dudosa calidad democrática, que prima el territorio, por mor de una división del territorio español dimanante de la fijada en el Real Decreto de 27 de enero de 1822, signado por el indeseable rey Fernando VII.

Por culpa de esta anomalía histórica, y algunas reformas intencionadas añadidas, actualmente no se cumple el principio democrático básico: que todos los votos sean iguales o tengan el mismo valor.

Esta baja calidad democrática se refleja en la baja asistencia a las urnas, registrándose escandalosos índices de abstención, fruto de la desmovilización social.

ENTONCES SE APLICABA EL TORMENTO


PÁGINAS LIBRES                                                                     21

 LA JUSTICIA BURGUESA

 La actual civilización no es mas que aparente, y los procedimientos que hoy se emplean contra los anarquistas son los mismos que se usaban en otro tiempo contra los librepensadores; entonces se aplicaba el tormento a los que no querían adorar al Dios del Sinaí o del Calvario; hoy se hace lo mismo a los que se niegan a reconocer la omnipotencia del dios capital. Tal vez haya quien crea esta afirmación exagerada, pero los hechos que vamos a referir demostrarán la exactitud de nuestro aserto.

Para complicarme en los sucesos de Jerez se hizo uso del procedimiento siguiente: la guardia civil sacó de la cárcel varios presos y separadamente les dijo:

¿No es verdad que Salvoechea le dijo que contaran con Cádiz?

No – contestole el interrogado.

Pues entonces, ya que no quieres declarar, se te aplicará el tormento – añadió el jefe de los civiles.

Y en efecto, le amarraron las manos a la espalda con una cadena, y esta a una cuerda que pasaba por una polea fija en el techo, de cuyo extremo tiraban unos guardias hasta dejar suspendido en el aire a la víctima, mientras que otros, armados de vergajos, golpeaban con verdadero furor a su cuerpo. Los que sufrieron tan cruel martirio han manifestado que el dolor que experimentaban en los hombros no les permitían sentir los golpes que descargaban sobre ellos, y todos pidieron a sus verdugos la muerte a cambio de crueldades semejantes. La guardia civil llevaba en un papel escrito lo que había de exigir a los presos que declarasen; detalle que no consignamos por ser verdaderamente repugnante.

Conseguido, pues, en parte, al menos, el objeto que se proponían por el medio indicado, se me trasladó a Jerez con pretesto de que nombrara defensor, y allí sufrí del juez civil las mas terribles provocaciones, que me obligaron a encerrarme en mutismo absoluto, como único medio de poner término a situación tan violenta e insostenible; lo que hizo que el digno representante de la ley, dirigiéndose al no menos digno director de la cárcel, le dijese, como si se tratase de la cosa mas natural del mundo:

Ya ve usted que no contesta; zamarree usted a ese hombre.

Y viendo que el director se limitaba a inclinar la cabeza en señal de respeto, pero sin dar cumplimiento d su orden, le dijo el juez:

Retire usted al preso y que se le aplique todo el sistema carcelario.

Así fue: los seis meses que permanecí en aquella cárcel estuve incomunicado con el resto de la prisión; y en particular desde el mes de Noviembre, que se me mudó de calabozo, pretestando que por debajo de la puerta introducían periódicos socialistas, me fue ya imposible llamar hasta en aquellos casos de absoluta necesidad pues además de la puerta de la habitación estaba cerrada la de un pasillo que a ella conducía, y esto como es natural agravó mi situación en vez de mejorarla.

El tal juez no se dio por vencido; tres días después repitió sus provocaciones con igual o mayor violencia, resultando el mutismo que yo había adoptado como tabla de salvación, de todo punto estéril; y como tal señor dijese al escribano que se suspendía la declaración, sin perjuicio a continuarla cuando lo juzgase conveniente, creí oportuno poner en conocimiento del juez militar lo que me ocurría con el civil, a fin de que lo hiciese saber a la autoridad competente, pues aunque los agravios recibidos, dada nuestra respectiva situación, habían de volverse forzosamente contra quien los infería, veía en tan incalificable proceder motivo más que suficiente para dudar de las facultades mentales de un hombre que se había puesto como un energúmeno, dando gritos terribles, levantado de su asiento y colocado ante mí, casi metiéndome los dedos por los ojos, por no darle un tratamiento, al cual, según me dijo después un señor Cortina que, como abogado debe saberlo, no tiene derecho alguno; por cuya razón había querido no perdonar medio alguno de evitar el peligro que entrañaban para mí las entrevistas con tan triste personaje. Esto me dio el resultado apetecido, pues al ser llamado a declarar de nuevo se me colocó separado del juez por una reja, y ya no se repitieron, como de costumbre, sus agresiones.

Conocida ya la manera de hacer declarar a los presos, se comprenderá que las víctimas inmoladas por la burguesía no eran más que honrados trabajadores, cuyo solo delito consistía en ser anarquista, es decir, en desear para todos la libertad y la igualdad.

Lamela fue uno de los sometidos al tormento, siendo su muerte en el cadalso, el término de su martirio; y Caro Clavo, a quien los sufrimientos, tanto morales, como físicos le habían producido una afección al estómago, estuvo durante varios días devolviendo los alimentos, sin que la gravedad de su estado se considerase motivo suficiente para que lo trasladasen a la enfermería del calabozo donde se hallaba. Con decir que hasta después de su muerte no le quitaron los pesados grillos que sujetaban sus piés, se comprenderá hasta que punto se llevó el ensañamiento contra nuestros desgraciados amigos, cuyos cadáveres ha pretendido manchar la calumnia con su asquerosa baba, habiendo publicado la prensa burguesa un artículo publicado por un Sr. Torres, médico de la penitenciaría del Puerto, en el cual se afirmaba que la muerte de Caro Clavo había sido producida por alcoholismo, siendo así que nuestro compañero era un obrero de costumbres morigeradas, apreciado de cuantos le conocían y que mantenía con el producto de su trabajo a su trabajo a su numerosa familia.

Estos hechos, unidos a todo cuanto se viene realizando con nosotros, debe servir de enseñanza a los trabajadores para conocer la clase de enemigos con quien tienen que combatir y los medios puestos en juego para dejar fuera de combate a los defensores de la justicia y la verdad.

SALVOECHEA

La Revista Blanca.- Suplemento 39.- 10 de Febrero de 1900.

 Cfr.: Folio 17 de Causa 32 de 1932 [2292-137-1].