AEROPUERTO EN LA CUESTA


 

El miércoles 11 de marzo de 1936, GACETA DE TENERIFE publicó en la página 6 de su número 8392, esta información:

Cabildo Insular

Acuerdos de la Comisión Gestora

El lunes último celebró sesión la Comisión Gestora del Cabildo Insular de Tenerife, bajo la presidencia del señor Arozena.

Asistieron los gestores señores Bethencourt del Río, Illada, Molina, Díaz Ferreira, Martin Espino, Pérez Trujillo, Rivero Barrios y García Ossorio.

Se acordó autorizar la celebración en el Hospital civil del ejercicio práctico de las oposiciones a médicos de la Asistencia pública domiciliaria.

También se acordó proceder a la provisión, mediante concurso, de la plaza de aparejador de la Sección de Vías y Obras del Cabildo.

Fueron designados los señores  Bethencourt del Rio e Illada, para formar parte del concurso de obras literarias anunciado por el Cabildo.

La Corporación acordó ejercitar las acciones que sean procedentes contra el que fué gobernador civil, señor Salgado, por haberse incautado de los servicios telefónicos.

Se acordó aceptar las ofertas de terrenos formuladas por los propietarios de la Cuesta, con destino a la construcción del aeropuerto de Tenerife.

El señor Bethencourt del Rio pidió se trajera a la próxima sesión el expediente sobre aprobación de unas bases para el intercambio de servicios entre la red telefónica insular y las redes de la Compañía Nacional Telefónica.

A propuesta del Interventor de Fondos se adoptaron los siguientes acuerdos:

Interesar del Ayuntamiento de esta capital deje completamente libre el solar en que ha de construirse el edificio de Correos y Telégrafos.

Convenir con la misma Corporación la permuta del solar que se ha de ocupar con el edificio de Obras Públicas y que corresponde en gran parte a la Rambla del General Gutiérrez por el que resultará del derribo del viejo caserón de la Delegación de Hacienda, que pasará a ser vía pública.

Ultimar el convenio para la compra de las casas propiedad de doña Rosario Maury de Verdugo, don Pedro Pérez Armas y don José García Amaro, que serán afectadas por la reforma y para cuya adquisición existe parte de crédito en el presupuesto extraordinario.

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Tres días después, el sábado 16 de mayo de 1936, el mismo periódico GACETA DE TENERIFE, en la página 6 de su número 8395, retomaría el asunto del proyecto de Aeropuerto en La Cuesta, con esta gacetilla:

Según noticias recibidas en el Cabildo Insular de Tenerife, está ultimado y pendiente sólo de aprobación del pleno de la Junta nacional contra el paro, la concesión de 1.370.000 pesetas, en concepto de subvención para la construcción del aeropuerto de La Cuesta.

El .proyecto se halla pendiente de tramitación en la Dirección General de Aeronáutica.

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Un millón trescientas mil pesetas previstas, que nunca vinieron a Tenerife, para un proyecto que nunca se llevaría a cabo.

En cambio, si se acometerían las obras de Los Rodeos.

Obras en las cuales, después de la sublevación del 18 de julio de 1936, serían utilizados los presos políticos atrapados.

Uno de aquellos presos forzados a trabajar en Los Rodeos, fue JOAQUÍN SUÁREZ ARENCIBIA, un hombre manco.

DON JOAQUÍN SUÁREZ ARENCIBIA, JOAQUINITO EL MANCO, después de la Guerra Civil, regentó un colegio, o escuelita como decíamos entonces, en la Isleta de Gran Canaria.

Bastante cerca de la casa que mis padres tenían en la calle Pérez Muñoz esquina a Perchel, donde transcurrió mi infancia y adolescencia.

Al colegio de JOAQUINITO EL MANCO, me llevó de la mano, mi hermano mayor MIGUEL, para aprender a «leer, escribir, y hacer cuentas», cuando yo solo tenía cinco tiernos añitos.

DON JOAQUÍN nunca nos comentó nada, acerca de su tragedia vital, que comenzó en  el Campo de Concentración de la Isleta.

Ni del angustioso traslado en barco a Tenerife, a la horrenda Prisión Costa Sur de los Salones de Fyffes.

Ni de su trabajo, como preso forzado en Los Rodeos.

Siendo manco.

Todo ello como «detenido gubernativo», sin haber sido sometido a juicio.

Datos éstos, aflorados por mi hermano JUAN, en sus libros dedicados a la historia de LA ISLETA y PUERTO DE LA LUZ de GRAN CANARIA.

DEPURACIÓN POLÍTICA EN EL AYUNTAMIENTO DE SANTA CRUZ DE TENERIFE


Gracias a una amable invitación de la Profesora Teresa Noreña Salto, el día 8 de febrero de 2006, – día lluvioso y tormentoso originado por una borrasca atlántica, nada anormal en Canarias -, asistí a un curso titulado «El Franquismo 1939-1975», que tuvo lugar en el aula Elías Serra Rafols de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de La Laguna.

Fueron ponentes Borja de Riquer Permanyer y Cristina Gatell Arimont.

En mi pesquisa de documentación en el Archivo del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, sobre los cambios de nombres de las calles y plazas de esta ciudad, me había topado con algunos documentos sueltos que hablaban de la depuración política sufrida por los funcionarios municipales bajo el franquismo.

Después de su lección, expuse al Profesor Borja de Riquer lo que había hallado, y solicité su asesoramiento sobre el tema. Me indicó que conocía que a nivel nacional, había algunos trabajos sectoriales publicados sobre cuerpos nacionales de funcionarios, tales como diplomáticos, profesores y maestros. Pero que a nivel municipal quedaba mucho por hacer.

Después de esta conversación decidí dedicar parte de mi tiempo a la investigación sistemática de la depuración política llevada a cabo en Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, sin abandonar el objetivo inicial de mi pesquisa sobre los cambios de nombres de las vías urbanas santacruceras.

Trabajos concretos sobre la depuración de los funcionarios municipales de Tenerife no he visto ninguno.

Sobre la represión en el campo de la enseñanza en Tenerife he tenido oportunidad de leer las notables aportaciones del historiador Ramiro Rivas García.

De Gran Canaria debo mencionar, por las extensas nóminas que aporta, el libro Isleta/Puerto de La Luz – Educadores, escrito por mi hermano Juan Medina Sanabria, quien ha dedicado cinco de sus 23 capítulos a la depuración del Profesorado de Primaria y Secundaria.

De este libro escrito por mi hermano, me ha suscitado una especial emoción, ver las fotos y el texto dedicado a la memoria de mi primer «maestro de escuela», Don Joaquín Suárez Arencibia, grancanario traído a la terrorífica Prisión tinerfeña de Fyffes.

De Don Joaquín Suárez Arencibia, recibí el conocimiento de mis primeras letras y números.

Con «Joaquinito el manco», porque así le conocíamos, debido a que uno de sus brazos era un breve muñón colgante, aprendí lectura y escritura, la base de toda enseñanza, por lo cual le estaré siempre agradecido.

De los fallos gramaticales, que con toda probabilidad los hay, en este trabajo, soy el único responsable. Ninguno de tales fallos puede ser atribuido a mi ínclito maestro Joaquinito, Don Joaquín, quien cumplió ejemplarmente con su misión educadora.

El apretado resumen que sigue, es el resultado de muchos meses dedicados a escudriñar en el Archivo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, donde he visto más de un centenar de legajos, que han supuesto más de cinco mil páginas.

Todo ello limitado por el artículo 57.1.c la ley 13/1985 de fecha 25 de junio, B.O.E. nº 155, que dice que los documentos que contengan datos personales de carácter policial, procesal, clínico o de cualquier otra índole que puedan afectar a la seguridad de las personas, a su honor, a la intimidad de su vida privada y familiar y a su propia imagen, no podrán ser públicamente consultados sin que medie consentimiento expreso de los afectados o hasta que haya transcurrido un plazo de veinticinco años desde su muerte, si su fecha es conocida o, en otro caso, de cincuenta años, a partir de la fecha de los documentos.

Este precepto legal constituye una seria limitación al trabajo del investigador.

Por ello, no he podido consultar en su totalidad el contenido de los expedientes personales afectados por la depuración. Inicialmente, los documentos personales consultados no podían superar el año 1956.

Para poder saltar esta barrera, me puse a la tarea de averiguar las fechas de fallecimiento de los encartados, y así, intentar extender el campo de visión de los documentos hasta 1981. Lo he conseguido con un buen número de ellos, pero no en su totalidad. Por lo cual, el trabajo no ha podido ser culminado, como me hubiera gustado y deseado.

En el Archivo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, había y sigue habiendo hoy, una enorme cantidad de documentación no aflorada, sobre lo sucedido desde 1936.

Que en los setenta años transcurridos, tal documentación haya sido mantenida fuera del alcance de los investigadores locales, y por tanto, escasamente conocida y publicada, es un hecho muy deplorable, que deja en mal lugar a los historiadores locales, así como a los responsables anteriores de la dirección y gestión del Archivo Municipal de Santa Cruz de Tenerife.

Afortunadamente, está situación registró un cambio notable, gracias al esfuerzo del Archivero Febe Fariña Pestano, quien solamente podía contar para su denodada labor con la cooperación de una persona fija, Juan Antonio,- arafero como Febe -, y de vez en cuando y por periodos cortos, con la colaboración de becarios o titulados universitarios tales como Dulce y Ana, contratadas mediante convenios temporales de empleo, en unas condiciones laborales lamentables. También tuvo durante un tiempo, a una excelente auxiliar, – Yurena -, de la cual el Ayuntamiento prescindió al finalizar su contrato de interina.

Febe Fariña Pestano ya no es Archivero Municipal de Santa Cruz de Tenerife. Tras haber superado un concurso-oposición, ha pasado a prestar sus inestimables servicios profesionales como archivero de la Comunidad Autónoma en Las Palmas de Gran Canaria.

A todos ellos y ellas estoy muy agradecido por la inestimable ayuda y cooperación que me han prestado.

La tarea no ha sido nada fácil. Pero creo que el esfuerzo ha valido la pena.

Recuperar la memoria de los vencidos, en la guerra civil más cruel y sangrienta de la Historia de España, lo merece. Es una deuda que debemos pagar en todos los órdenes. Confío haber contribuido a ello.

Para terminar este preámbulo, debo decir que aún queda mucha tela por o para cortar. Y el sastre es inexperto y no da para mucho, ya que ni siquiera es historiador.