2/9/1936 LORENZO MARTÍNEZ FUSET EN CAUSA 44


M.8.835.768 82

SEÑOR AUDITOR:

El Fiscal, en cumplimiento de lo preceptuado en el articulo 542 del Código de Justicia Militar, en relación con el 656 del propio Cuerpo legal, dice:

1º.- El 18 de Julio del corriente año, los paisanos MANUEL HERNANDEZ MUÑOZ, DOMINGO MARRERO LEMES, JUAN MORALES MONTESDEOCA, JUAN GARCIA OJEDA, PABLO CALVO GONZALEZ y LORENZO PEREZ HERNANDEZ, todos ellos significados extremistas, marcharon en un automóvil a Tamaraceite con objeto de impedir que el Ayuntamiento de ese Pueblo se entregase a la Autoridad Militar, haciendo gestiones en ese sentido con el Alcalde del Pueblo Don Juan Santana Vega.

Los hechos relatados son constitutivos de un delito de auxilio a la rebelión, previsto y sancionado en el artº 240 del Código de Justicia Militar.

2º.- Del expresado delito son responsables, en concepto de autores los procesados MANUEL HERNANDEZ MUÑOZ, DOMINGO MARRERO LEMES, JUAN MORALES MONTESDEOCA, JUAN GARCIA OJEDA, PABLO CALVO GONZALEZ y LORENZO PEREZ HERNANDEZ

3º.-No son de apreciar circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal.

4º.- Renuncio a ulteriores diligencias de prueba.

5º.- Procede imponer a los encartados la pena de reclusión temporal y accesorias legales correspondientes

6º.- Deberá serles de abono el total en prisión preventiva sufrida.

7º.- No hay, por ahora, responsabilidades civiles que exigir.

8º.- Todo conforme a los preceptos legales indicados y demás de general aplicación del código de Justicia Militar y del Penal Común.

Las Palmas, 2 de Septiembre de 1.936.

EL FISCAL

L M Fuset

[Firma rubricada]

Cfr. Archivo del Tribunal Militar Territorial 5.- 6500-210-5.- Causa 44 de 1936.- Folio 82.

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La constancia de la personal firma del Teniente Auditor de Primera (Comandante), en este folio 82 de la Causa 44/1936, acredita la presencia de este temible fiscal, el 2 de septiembre de 1936, en la capital de la isla de Gran Canaria, contradiciendo las falacias publicadas sobre su estancia en Francia. Una vez más.

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TRECE PAISANOS ENCARTADOS EN CAUSA 44 DE LAS PALMAS


PLAZA DE LAS PALMAS                                                 AÑO DE 1936

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COMANDANCIA MILITAR DE CANARIAS

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JUZGADO PERMANENTE Nº 1

 

CAUSA numero 44

 

 

Instruida contra los paisanos Félix Luján García, Antonio Martín Alejo, Ángel Suárez Ramírez, Manuel García García, Juan González García, Vicente Napolis Buton, Antonio Vico Mora, Manuel Calderín Suárez, Manuel Hernández Muñoz, Domingo Marrero Lemes, Juan Morales Montesdeoca, Juan García Ojeda, y Pablo Calvo González.

 

Ocurrió el hecho el día 18 de Julio de de1936,

Dio comienzo el actuado el día 18 de Julio de1936.

 

 

JuEZ INSTRUCTOR

SECRETARIO

El Capitan de Infanteria Don

El Sargento de Infanteria Don

CRISTOBAL GARCIA UZURIAGA

JUAN CASTRO Y CASTRO

 

 

Cfr.: Archivo del Tribunal Militar Territorial 5.- 6500-210-5.- Causa 44 de 1936.- Cubierta.

 

MEMORIAS DE LA MADRASTRA DE MATÍAS LÓPEZ MORALES


Hoy 1 de Julio de 1936 empiezo a escribir mis memorias. Empezando que presencié el consejo de Guerra celebrado el 26 y 27 de Enero de 1937, en el Cuartel de Ingenieros de la Isleta. En él había muchos hombres y un solo militar que era mi hijo Matías, fue el último que sentenció a muerte el fiscal teniente Dolla Manera, sobrino del General Dolla de la Hoz, luego de firmar la pena de muerte le dijo si el acusado tenía algo que alegar que se ponga de pie y lo diga, se puso de pie y dijo : “ Señores del Consejo yo les ruego que tomen en cuenta mi conducta militar y civil, pues nunca se me ha arrestado ni se me ha llamado la atención, siempre he cumplido con mi deber”. Había seis capitanes en el consejo de guerra, nadie contestó nada. Él salió, yo también salí de la sala, se despidió de mí y se lo llevaron en un cochito pequeño al castillo de San Francisco. A mí se me acercó el auditor de guerra y me dijo “Señora, embarque usted esta noche para Tenerife que yo tengo a mi hijo en el Hotel Parque y voy esta noche para Tenerife, va usted con nosotros que mi chofer me espera en el muelle, desayuna en casa y luego va a la comandancia que mi chofer la lleva y le indica por donde tiene que entrar, pero sin que lo vean a él ni a mi coche”. Así pues me llevó y llegué a la entrada. Afuera había varios militares. Me preguntaron qué deseaba y les dije “hablar con el General Dolla” y me dijeron “pase” y fui la primera visita. Yo llevaba varios días sin tomar ni agua, me moría de fatigas. A las diez de la mañana se abrió una puerta al fondo del salón y salió un capitán y me preguntó qué deseaba y le dije que hablar con el general Dolla y me dijeron “pase, es la primera esta señora”. Al entrar en la sala a la derecha estaba una mesa y un señor mayor con la guerrera llena de medallas y cruces. Puse la mano en la esquina de la mesa, me arrodillé y le dije “mi general, vengo a pedir clemencia, que ayer me condenaron un hijo a muerte y no tiene causa y no tiene causa ninguna para eso”.

Él dijo: “Capitán ayudante, ponga a esta mujer de pie” y dirigiéndose a mí, me dijo “señora, me parte usted el corazón pero no puedo hacer nada porque esa condena hace tiempo que la tiene el generalísimo en Burgos”.  Yo le contesté “perdone usted, mi general, pero todavía no ha llegado aquí, porque el señor que la trae no ha llegado”. Me contestó el general “señora, no puedo sino autorizarla a que ponga un telegrama pidiendo el indulto” y dijo ”Capitán Ayudante, escriba este texto: madre afligida ruega indulto para su hijo condenado a muerte Matías López Morales con motivo de la Semana Santa” y me dieron el papel que había dictado el general. Luego dijo “Capitán, acompañe a la señora fuera” y me cogió por el brazo izquierdo y me llevó a la puerta por donde había entrado y bajando la escalerilla de madera, toda vieja, moviéndose, yo iba agarrada al pasamanos de la derecha y él pegó la boca a mi oreja, dándome pequeños mordiscos y diciéndome “venga, esta noche sobre las doce, y ahí delante de ese bajo, ese árbol, nos damos un paseíto, nos tomamos unas cervecitas y yo le doy la vida de su hijo”. Yo giré la cabeza, lo miré y le dijea ese precio no compro la vida de mi hijo yo”. Me soltó de un empujón y se volvió para atrás, y si no se tiran los soldados a mantenerme y me ayudan a terminar de bajar, hubiera caído al suelo, pues yo me iba muriendo, pregunté a los soldados dónde quedaba telégrafos, pues yo no había estado nunca en Tenerife, puse el telegrama y salí para el muelle. Era mediodía, por la noche saldría el correo para Las Palmas. Serían estas fechas 28 y 29 de Enero de 1937.

Mientras Doña Carmen Delgado Expósito esperaba para hablar con el General Dolla La Hoz en la comandancia militar de Santa Cruz de Tenerife el 28 de Enero de 1937 llegaron allí unas monjas y empezaron a hablar con Doña Carmen, le preguntaron por el motivo de su visita al general, Doña Carmen les contestó “Vengo a pedirle clemencia al general porque me condenaron a muerte a un hijo ayer”. Las monjas contestaron “pues si lo han condenado es porque es un malhechor y tiene causa para eso”…

     El correo llegó al muelle de Santa Catalina por la mañana a eso de las ocho, casi no salgo del correo, iba por el muelle de Santa Catalina y no creía llegar al parque porque venía totalmente mareada, las casetas y la marquesina me corrían hacia atrás. Por fin llegué al parque y en vez de ir a casa cogí la guagüilla y me fui a la Comandancia Militar del Estado Mayor, pedí al oficial de guardia hablar con el Comandante, me pasaron a una sala y me dijeron “siéntese que el comandante viene más tarde”.

Eran las nueve de la mañana cuando entré en la sala, cerraron la puerta y yo quedé allí, a oscuras. No sé ni cuánto tiempo pasó, lo que sé, y no se me olvida, es que mis lágrimas no dejaron de rodar. No sabía que hora era porque estaba a oscuras, perdí el conocimiento y volví a despertar. De pronto se abrió una puerta, se encendió una luz y entró el comandante y empezó a dar gritos “¡qué mujer es esta! Decía ¿cuándo ha entrado?. Y como yo le dije que a las nueve de la mañana, mi comandante, él llamó al guardia, y al sargento y les echó una bronca de miedo y ellos le contestaron que no sabían nada porque a ellos al hacer el relevo los salientes  no les habían dicho nada, y ellos habían hecho el relevo a mediodía.        

     Entonces el comandante se serenó un poco y se acercó a mí y me dijo “señora, ¿a qué ha venido usted? Le dije que a saber de mi hijo, si lo habían matado o dónde estaba para ir a verlo. Me contestó “señora, ahora no puede ir, es de noche, yo le hago un pase por tiempo indefinido y yo mando un ordenanza a llevarla a casa, y usted se baña, se acuesta, descansa, que no se mantiene usted en pie, y mañana, a la hora que usted quiera va al castillo, y está todo el tiempo que quiera pues el pase es por tiempo indefinido y si le ponen resistencia, porque allí el que hace de comandante es de apellido Barragán, si no la deja entrar, usted le enseña el pase, pero no se lo deje, consérvelo en lo que necesite, vaya siempre que quiera. Usted puede estar noche y día, y si le dicen algo le dice usted que me llamen a mí, porque él tiene que cumplir mis órdenes”.

  Al día siguiente llegué temprano al castillo y presenté el pase al cabo de guardia, entró y volvió y me dijo “pase”. Entré y vi un cerrojo, abrieron la puerta y lo trajeron a la sala de visitas, donde yo esperaba y después de saludarme me dijo “que demacrada está”. Le contesté que había estado mala esos días, pero nunca le dije que había ido a Tenerife. Estuve con él hasta las doce que a esa hora cambiaban el relevo, me dijeron que tenía que salir y más tarde podría volver a entrar con el otro que entrase. Así lo hice, me marché a casa y de nuevo volví. Le llevé un termo con café, fruta y cigarros virginios que eran los que él fumaba y después, de ese día en adelante seguí diariamente seguí mañana y tarde yendo. Le llevaba de todo, cuatro y cinco cajas de cigarros, un termo con café por la mañana, y otro por la tarde, y ropa limpia, dulces y fruta. Me dijo “si buenamente puede comprar un ajedrez, tráigamelo para enseñarla a jugar y así nos distraemos”. Yo le decía “dígame lo que le hace flata que tengo dinero, pues su padre me manda bastante” y lo único que yo recibía mensualmente eran sesenta pesetas que me las venía a traer de la comandancia. Él creyó que era verdad, que yo tenía mucho dinero y me pedía libros buenos por buenos autores caros, pero yo cogía fiado, pues gracias a Dios, dos tiendas me decían lleve lo que le haga falta. Le fui llevando desde blocs grandes y pequeños hasta estilográficas, tijeritas, espejos… No le privé de nada, era tan bueno y agradecido que se merecía todo, y al despedirme de él pro la noche me daba un beso en la frente y me decía “Hasta mañana o hasta nunca, pues de noche sacan a algunos y no regresan más”.

Siempre me estaba encargando que le dijera a mi madre que cuidara al hermanito pequeño, pues el niño tenía 6 años de edad y yo apenas lo veía, pues desde el día 29 de enero de 1937 que regresé de Tenerife y me dieron permiso por la noche para ir a verlo y me dieron el pase por tiempo indefinido no dejé de ir mañana y tarde al castillo hasta que se hacía de noche. La principal razón era para acompañarlo y que respirara aire puro, pues desde que yo salía todavía en la puerta ya oía el cerrojo de la puerta de la mazmorra, no tenía más aire que el que entraba por las rejas de hierro. Yo nunca entré pero por fuera se veía que era un muro por delante donde estaba la puerta, lo demás, bajo tierra.

Desde que yo llegaba lo sacaban y nos asentábamos en un banco rústico de madera y allí junto a mí tomaba café del que yo le llevaba y fumaba y jugábamos al ajedrez. Hablábamos y pasaba las horas tomando aire fresco y sol, y le hacía juguetes de papel al hermanito y le escribía unas letras casi todos los días, aun conservo algunas de ellas y me gustaría poner aquí la fotocopia.

Matías era el único que estaba encerrado así, yo veía a los demás presos andando, andando, de un lado para otro y sentándose por allí. Eso no lo puedo asegurar, pero es lo que veía.

Ahora voy a contar la gran alegría que recibió cuando llegó el indulto pues él creyó que ya salía para casa, pero por desgracia no fue así. Pues el mismo comandante que le comunicaba el indulto le dijo: ” de momento no puedes marcharte a casa, porque eres el primer indultado, y las familias de los demás se amotinarán y habrá una nueva revolución, de modo que de aquí te pasaremos a la prisión civil, y de allí, en un despiste, te marcharás a casa”.

¡Qué amarga realidad! Seguí encerrado noche y día, yo todos los días pasaba por la comandancia militar a preguntar al comandante de Estado Mayor qué pasaba, qué el tiempo se hacía muy largo, y ya casi hacía dos meses que el padre y Don Juan Fontan desde Fernando Poo lo creían libre puesto que estaba indultado por Franco desde el 29 de Enero de 1937.

Qué alegría y cómo se truncó esa fecha, que el día 29 de Marzo lo sacaron, lo sacaron al mediodía, diciéndole que lo traían para casa. De la alegría repartió todo lo que tenía a los que quedaban allí presos en el Castillo y deseándoles mucha suerte les dijo “hasta luego”.

Luego, cuando se dio cuenta de que pasaban de largo, les preguntó a la pareja que lo llevaba en un cochillo pequeño de color rojo ¿a dónde me van a llevar?. La pareja le dijo “a Ingenieros, a la revisión de la causa”, pero cuando se dio cuenta en lugar de entrar en Ingenieros seguían al campo de tiro.

Entonces, en  una cuartilla, manteniéndola en la palma de la mano, me escribió “Carmen, venga a verme. No quiero que llore. Tráigame una caja de cigarros Virginios aunque no creo que tenga tiempo de fumármelos” pues pensaba mandarla con un soldado, pero cuando llegó a las baterías, me encontró esperándolo. Se abrazó a mí ¿cuándo se enteró usted?. Le contesté que la noche anterior, cuando había llegado del castillo. Llegó a casa el mimo comandante que había traído el indulto y me dijo “Le vengo a traer una noticia muy triste y en secreto porque esto lo he hecho yo por mi cuenta, por si usted puede hacer algo esta noche”.

Yo no dije nada en casa y corrí a la comandancia, a preguntar si mi marido me había mandado algún dinero, pues me hacía falta para comprarle ropa a mi hijo, que estaba pasando frío en el castillo. Esto lo dije para despistar lo que ya sabía y de paso pregunté ¿pero cuando lo van a soltar que ya hace ocho meses que lo tienen encerrado noche y día?. Me dijo “ya saldrá pronto de allí”. Seguí al castillo, entré a preguntar por él, ¿pero a qué vuelve si hace poco que salió? Yo le contesté que me había enterado que al día siguiente saldría correo para Fernando Poo y quería que él le escribiera al padre. Yo antes de entrar, como llevaba la cara descompuesta me estuve tirando agua que había fuera en unos bidones llenos porque estaban arreglando el puente de entrada que era de tablas viejas y lo estaban arreglando de mampostería.

El agua estaba con una capa de cal y cemento pero como Dios es todopoderoso me refrescó la cara y me descongestionó de tal manera que él me encontró sonriente y contenta y me dijo” yo ahora no escribo, que estoy con mucho frío, a ver si usted me puede terminar el pijama de franela que le encargué ayer”, “pues lo tengo a falta de los botones, le contesté, mañana se lo traigo temprano para que lo estrene mañana mismo”. Luego nos despedimos como siempre, me besó en la frente y la palabra de siempre “Hasta mañana o hasta nunca”.

Todo lo más de prisa que pude llegué a casa y sin un segundo de descanso corté por el modelo y medidas que él me había dado anteriormente y me quedé cosiendo toda la noche. Dios me ayudó y al amanecer lo tenía terminado, lo empaqueté con todo cuidado con más ropa y hasta como si fuera a seguir allí, le llevé el desayuno como otras veces lo hacía, con su termo con café y corrí para el castillo como de costumbre. Él quedó tan contento, y yo fingiendo una tranquilidad que a duras penas podía contener. Pero Dios me ayudó. Se tomó el desayuno y fumaba todo contento con su pijama. Tan bonito, blanco manteca y pespuntes y botones azules, era de abrigo, bueno y bonito. ¿Quién le diría a él que aquel pijama iba a ser su mortaja?

Yo conteniendo mi amargura, jugamos una partida al ajedrez, hablamos de muchas cosas y reímos como si nada fuera a pasar. Luego a las once y media me llamaron diciéndome que tenía que marchar. Yo les decía que no, que yo tenía pase por tiempo indefinido, pero no me dejaron. Hasta luego, nos dijimos. A mí el tiempo me parecía interminable, luego para llegar a casa y coger de nuevo un termo con café, y unas cajas de cigarros, y tomar un taxi, y correr para la Isleta.

Pregunté a unos soldados que vi por allí que dónde estaban los que iban a fusilar, y me contestaron que en unas baterías que no se veían pero que siguiera el coche por una vereda de tierra y polvo que pasaba por el campo de tiro y seguía dando unas vueltas llegaría a las baterías, que estaban de debajo de tierra, pero que la vereda llegaba hasta ellas. De ese modo llegué a una zanja, bajé del coche, y luego bajé una veredita de tierra y a lo largo de la zanja estaban unos cuantos soldados y me dijeron que aún no había llegado nadie pero que pasara, que pronto llegarían. En seguida llegó un jeep con cuatro hombres y detrás el mío en un cochillo rojo pequeño acompañado por una pareja de la Guardia Civil.

 Cuando Matías me encontró allí quedó sorprendido y emocionado, pues creía que yo no sabía nada de aquel amargo drama. Pusieron a cada uno en una batería, especie de cueva, y dos soldados a hacerle guardia en la puerta de entrada con fusiles y bayonetas caladas. Del hueco donde nosotros estábamos oímos los llantos y los gritos de los cuatro paisanos que trajeron del Penal de Gando y el mío decía “¿por qué serán tan cobardes delante de los verdugos?”.

En seguida llegaron muchos falanges corriendo y los chicos que estaban guardando la salida estaban haciendo guardia llorando con los ojos hinchados, que tenían que mantener el fusil con las dos manos y Matías les decía “esténse tranquilos para que puedan matarme ya que han mandado a mis mejores compañeros”.

Para que sufrieran más llegó un teniente llamado Simeón, que era hermano del cura que estaba en San Francisco, con una botella de coñac y le dijo “toma muchacho, tómate un buche para que te serenes”. Matías le contestó:  ”¿ más sereno me quiere? Usted es el  que no lo está, yo no bebo nunca, y hoy menos lo haré. Estoy escribiendo a mi padre varias cosas, y hablando con mi madre que es un ser extraordinario y ha venido a acompañarme hasta el último momento en que me van a asesinar después de estar indultado dos meses y mi padre voluntario sirviendo en Fernando Poo, que con los accidentes que han pasado allí está vivo de milagro. Ya que usted me ha traído el coñac se lo agradezco, yo desearía una botella de agua para refrescarme la boca”.

El teniente se marchó, y al rato volvió con una botella de agua abierta. Él me dio a tomar a mí, y luego tomó él, y la iba a poner en el suelo y le dijo el teniente “la botella no se puede quedar aquí”. Entonces le contestó él: “La botella no se puede quedar aquí porque cree usted que me voy a ensuciar las manos dándole un golpe con la botella. Yo soy un hombre honrado y hasta hoy tengo mis manos limpias y mi conciencia tranquila”. Le devolvió la botella.

En este momento llegó un cura y le dijo “muchacho, confiésate que es el último momento de tu vida”. Él miro de arriba abajo, y le dijo “No señor, mi vida no se sabe lo que podría durar, porque Dios me la dio y él es quien podía quitármela, pero usted viene aquí a apadrinar el crimen. Su puesto está ante un jefe a decir que no sea un criminal despiadado dando órdenes de matar a hombres que no han cometido ningún delito y siempre han cumplido con su deber de ciudadanos trabajadores y honrados, muchos de ellos padres de familias, dejando huérfanos niños y mujeres sin amparo y sin consuelo de nadie”. El cura dio media vuelta y no volvió, pero a los demás los hacía confesarse, y a los que estaban llorando les hacía llorar más, diciéndoles que se confesaran y arrepintieran si habían matado a alguien o si tenían armas escondidas, y ellos contestaban llorando desconsoladamente que no habían hecho nada malo, que por qué les iban a matar y gritaban ay, mis hijos y mi mujer y mi madre!.

Y nosotros sufriendo mucho al oírles decir estas palabras, pues este gran drama hay que pasarlo para saber lo que se siente y no poder remediar nada. ¡Ay Dios mío, gritaban, qué pena, qué dolor!… Y nosotros hablando con serenidad y a duras penas él escribía, y otras veces dándome consejos para que educara bien al hermanito pequeño, que estaba seguro que crecería y sería muy bueno como él le había inculcado, y como usted sabe hacerlo, y yo que no lloré delante de él pedía a Dios que me diera fuerza para resistir y estaba aparentemente tranquila y muriéndome de pesar por dentro de mi ser…”

Y pensar que las hermanas de la madre decían que estaban contentas, pues unas primas que fueron a darle el pésame quedaron asombradas cuando les contestaron que no sentían ninguna pena porque lo quitaran del medio, que era un rojo y que la madrastra tenía la culpa de que lo mataran.

Los amigos de mi hijo Matías reunieron el dinero necesario para comprar la caja y el nicho y la lápida, y se lo dieron a un primo de la madre de Matías, para que se ocupara de comprar todo ya que yo estaba muy agotada y afligida. El primo compró el nicho y la caja, y puse el nicho a nombre de él, una hermana le dio el papel de propiedad. La lápida no se compró, ni tampoco pusieron flores, yo iba dos veces por semana a ponerle flores y ellos se quedaron con el dinero.

A los diez años, en 1948 murió el único hijo que me quedaba y aunque se le pidió el papel del nicho para enterrar a mi hijo junto con Matías no lo quisieron entregar, decían que el nicho era propiedad de ellos. Entonces mi hijo fue enterrado en una fosa del cementerio del Puerto de Guanarteme.

Por eso, un día fui yo acompañada de otra señora a una tienda de comestibles que tenían en la calle General Mola, que allí estaba el matrimonio atendiendo, y les pedí por favor que me dieran el permiso para sacar lo restos de Matías y traerlos al panteón que yo tenía en el cementerio del Puerto, y que el nicho se lo quedaran ellos, que yo no lo quería. Ellos me insultaron de mala forma, dándome gritos que me quitara de delante de ellos, que yo era una roja. No les contesté nada, ni una sola palabra y nos marchamos asombrados al ver que había gente tan mala y tan informal.

Mi hijo Matías me había encargado saliendo él para el campo de tiro a morir delante de las balas asesinas que como lo mataban por rojo, que le cubriera la cara con un paño rojo. Yo así lo hice, compré un metro de seda roja y flores también. Hice esta compra muy temprano, de mañana de paso que iba para el cementerio que el comandante Juez el día anterior por la tarde del 29 de marzo de 1937 me dijo : Usted no se puede quedar aquí sola esta noche, venga mañana temprano, que yo estaré aquí”. Pues llegamos a un tiempo. Cuando lo pasamos a la caja que le compramos, pues la que él llevó al campo de tiro era de prensado malo y la votamos para un lado, yo le limpié la cara y el lado derecho e izquierdo que estaba embarrado de sangre y tierra, pues al darle el tiro de gracia, el compañero de oficina estaba temblando y se lo dio en el ojo en lugar de dárselo en la sien. Estaba aquella masa de sangre en la guerrera, lo tapé con varios pañuelos y luego le cubrí el rostro con un paño rojo. Yo no lloraba pero sí decía ¡ay mi hijo, como te acribillaron a balazos las balas asesinas! Y el comandante me decía a mi lado “calma señora, es usted admirable”. Luego compartí el ramo de rosas rojas entre todos, eran cinco con el mío.

Más tarde llegó una mujer dando gritos y con palabrotas insultando a Franco, la mandaban a callar, pero no se callaba. Entonces no sé lo que hicieron con ella, yo no la ví más.

A las cuatro en punto el día treinta de marzo de 1937 dijo el comandante “vamos a ir dando sepultura a los demás, el suyo lo dejamos para el último para que usted esté más tiempo aquí con él”. El mismo cura que estuvo en la batería estaba allí y delante de cada uno les iba diciendo un responso, cuando le tocó al mío que lo llevaban cuatro soldados cargando la caja el comandante les dijo Lleven la caja bajita para que la madre le lleve la mano puesta encima hasta llegar al nicho”. Luego mientras caminábamos se acercó el cura a decirle un responso, yo le dije Haga usted el favor de retirarse, y así lo hizo, y mientras subían la caja al nicho el comandante mandó a un soldado a buscar una silla o un banco “para que la señora se siente mientras terminan de tapar el nicho”.

Luego de quedar el nicho tapado y con las iniciales y fecha  puestas 30 de marzo de 1937, me dijo a mí el comandante Ahora yo la llevo a casa y yo le dije Muchas gracias, ahí afuera me espera un coche para llevarme a casa, por lo tanto, se lo agradezco mucho, pero voy con el mismo que me trajo.

 

Cuando se aproximaba la hora del asesinato de los cinco reos de San Lorenzo el día 29 de marzo de 1937, a las cuatro de la tarde, pasaron por los alrededores de las baterías donde estaban en capilla los cinco reos un grupo de falangistas que iban a presenciar el asesinato como el que iba para una fiesta y Doña Carmen que los vio pasar les dijo “corran que se les escapa la fiesta”. Entre ese grupo iba un señor muy gordo, iba tan sofocado que llevaba la lengua fuera.

El día 28 de octubre de 1936 cuando a Matías López Morales lo llevaron del castillo al Cuartel de San Francisco para la petición fiscal, le preguntaron si deseaba alguna cosa y él les dijo “solamente quiero que dejen ir a mi madre a verme y visitarme al castillo”.

Doña Carmen Delgado Expósito con documento nacional de identidad nº 42.714.122 con domicilio en Las Palmas de Gran Canaria, c/ Emilio Zola, número 71. Nació en la Antigua, isla de Fuerteventura, el día 28 de enero de 1906, hija de Francisco Delgado Saavedra y Casimiro Expósito Díaz. Casada con Don Matías López Rodríguez. De este matrimonio nacieron dos hijos. Uno llamado Carmelo murió con seis años y medio, el otro llamado Andrés nació el 30 de Noviembre de 1928 y falleció el 25 de Noviembre de 1946 con escasos 18 años.

Al contraer matrimonio con Don Matías López Rodríguez se convirtió en la madrastra de Matías López Morales, hijo del anterior matrimonio del viudo. Matías López Morales murió el día 29 de marzo de 1937, a las cuatro de la tarde con 25 años de edad.

Esta señora con sus 87 años sobre sus espaldas ha sido una verdadera mártir a lo largo de toda su vida y hoy se encuentra sola, en una casa de alquiler, con las fotografías de todos sus seres queridos colgando de las paredes.

     Esta señora a pesar de sus 87 años conserva toda su lucidez y sigue con ganas de vivir…

El padre de Matías López Morales se llamaba Matías López Rodríguez. Matías López Morales nació en La Antigua el 8 de frebrero de 1912. La madre de Matías se llamaba Dolores Morales Suárez.

El nicho de Matías en el cementerio de Las Palmas es el nº168, norte a poniente, fila 5ª. Los que están enterrados, después de Matías son Manuel López Suárez y su mujer Ana Morales Suárez.

Este nicho fue comprado para Matías López Morales por los camaradas del Partido Comunista de Canarias, en aquella fecha representado por Mateo González y otros, además del nicho se le compró el ataúd pues el que llevaba desde el campo de tiro era muy malo.

En aquellos días dolorosos Doña Carmen Delgado Expósito no se hallaba en condiciones para poner el nicho a nombre de ella o de Matías, y fue un tío político de Matías el que le puso su nombre, por eso, cuando Doña Carmen Expósito intentó aclarar a nombre de quién estaba el nicho, el tío de Matías y su esposa que era tía de Matías, se negaron y hasta insultaron a doña Carmen. Esta gente se adueñó del nicho indebidamente.

Según informes del sepulturero los restos de Matías se hallan en este mismo nicho nº168, a pesar de haber transcurrido 56 años los restos están bien identificados pues al darle el tiro de gracia el día del asesinato se lo dieron en la cabeza y tiene el cráneo roto.

Informe del cementerio de Las Palmas del 8 de Enero de 1993.

Las Palmas de Gran Canaria 28 de Enero de 1993.

Manuel Henríquez Ranz

Manuel Henríquez Ranz tomó nota del testimonio de Carmen Delgado Expósito y recopiló toda esta información

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Este escalofriante testimonio fue recogido, hace años, en mi primigenia página web radicada en el portal de ya.com.

Como dicha página ha quedado obsoleta, me ha parecido oportuno recuperar el texto, publicándolo en mi actual blog.

ÁNGEL DOLLA MANERA Teniente Auditor de segunda, Vocal Ponente en el Consejo de Guerra de la Causa 33 de 1936, era HIJO del General ÁNGEL DOLLA LAHOZ.

De la causa 33 de 1936, hay en este blog, esta amplia

 

REFERENCIA CIBERNÉTICA

 

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/10/09/informe-de-la-guardia-civil-de-las-palmas-5836/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/10/11/reconocimiento-medico-de-los-procesados/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/10/28/decretos-del-auditor-rafael-diaz-llanos/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/10/29/evacuado-tramite-del-articulo-656-por-fiscal-doblado/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/10/31/acta-del-consejo-de-guerra-de-la-causa-3336/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/01/1416/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/02/inutil-voto-particular-del-capitan-daniel-rodrigo/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/03/dictamen-del-auditor-jose-samso-henriquez/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/04/aprobacion-del-general-guillermo-camacho-gonzalez/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/05/providencia-del-auditor-de-guerra-samso/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/06/antonio-alonso-cabrera-absuelto-detenido-gubernativo/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/07/enterado-de-la-pena-impuesta-a-los-de-san-lorenzo/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/08/cinco-certificaciones-de-defuncion-de-los-de-san-lorenzo/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/09/enterramiento-de-los-cinco-fusilados-de-san-lorenzo/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/10/auditor-ordena-practicar-nueva-liquidacion-de-condena/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/10/19101940-libertad-condicional/

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2010/11/11/relacion-de-condenados-en-la-causa-331936/

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NATURAL DE LA HABANA Y ESTUDIANTE DE DERECHO



35

J.2,974,734

 

Declaracion indagatoria del procesado ANTONIO RAMIREZ GRAÑAS

 

En Las Palmas a cuatro de agosto de mil novecientos treinta y seis, ante su Señoría y presente el Secretario, compareció el procesado anotado al margen, quien exhortado a decir verdad, fue preguntado por las generales de la Ley, y dijo: Llamarse como queda dicho, natural de La Habana, soltero, residente en Tamaraceite, Estudiante de Derecho, nacido el veintinueve de diciembre de mil novecientos once, hijo de Antonio y su madre Manuela, y que no le comprenden las demas generales de la Ley, conociendo el motivo de su actual procesamiento porque le acaba de ser notificado.

A los efectos del articulo 460 del Codigo de Justicia Militar se hace constar que el procesado es de estatura baja, aspecto sano, nariz y boca regular, pelo castaño claro, ojos pardos y sin señas particulares a la vista.

Preguntado . . . .

Despues de ser relevado del juramento prestado, si se afirmay ratifica en cuanto ha declarado, dijo; Que sí.

Preguntado . . . .

Si tiene algo más que exponer, dijo; Que no.

Leida que fue por el declarante la encontró conforme, firmandola con Su Señoría y presente el Secretario que certifica,

[Firmas rubricadas de CRISTÓBAL GARCÍA UZURIAGA, ANTONIO RAMÍREZ GRAÑA y JUAN CASTRO Y CASTRO, Capitán Juez, Reo y Sargento Secretario, respectivamente]

 

Cfr.: ATMTQ 9508-303-7 Causa 33 de 1936.- Folio 35.

 

* * * * * * * * * *

ANTONIO RAMIREZ GRAÑAS sería condenado a la pena de muerte junto con MANUEL HERNANDEZ TOLEDO, FRANCISCO GONZALEZ SANTANA, JUAN SANTANA VEGA y MATIAS LOPEZ MORALES.

LOS CINCO SERÍAN FUSILADOS EL 29/02/1937.

SECRETARIO DEL SINDICATO DE OFICIOS VARIOS DE TAMARACEITE


Declaracion del soldado Matias López Morales.

En Las Palmas a treinta y uno de julio de mil novecientos treinta y seis, ante su Señoría y presente el Secretario, comparecio el soldado anotado al margen quien advertido de que iba a prestar declaracion y juramentado en forma legal prometio decir verdad en lo que fuese preguntado y siendolo por las generales de la Ley, dijo: Llamarse como queda dicho, de vente y cuatro años de edad, soltero, natural de Lantigua (Fuerteventura), de oficio mecanografo y que no le comprenden las demas generales de la Ley.

Preguntado . . . .

Convenientemente por su Señoría, dijo: Que se incorporó al Grupo el dia veinte y uno al medio dia como perteneciente al reemplazo de 1,933. Que era Secretario del Sindicato de oficios varios de Tamaraceite y en la mañana del dia siguiente supo lo que ocurría dicese que se habia declarado la huelga general y estuvo por el Ayuntamiento. Que a las once aproximadamente al presentarse en el Pueblo paisanos armados a ocuparlo salieron huyendo muchos y el declarante se refugio en casa de unos obreros en la Montañeta. Que el lunes dia veinte, bajó a su casa en Las Palmas en la calle Bernardo de la Torre numero setenta y siete y al siguiente dia enterado de la movilización se presentó.

Preguntado . . . . .

Si es cierto que el dia diez y ocho del actual ordenó a un tal Santiago Medina Tejera que los obreros salieran a recoger las escopetas que hubieran por el termino Municipal, dijo: Que absolutamente incierto lo que se le pregunta. Que la noche del viernes diez y siete durmió en casa de Antonio Ramirez Graña que venia a ser Secretario particular del Alcalde Juan Santana Vega. Que el declarante no es comunista ni tiene filiacion polticia alguna, y que no tiene mas que decir.

Leída que le fue esta declaración la encontró conforme firmandola con su Señoría y presente Secretario que certifica.

Cristóbal García Uzuriaga                   Matías López Morales.

[Firma ilegible del Secretario Sargento Juan Castro y Castro]

[Las tres firmas rubricadas]

Cfr.: Folio 29 de Causa 33 de 1936 (9508-303-7).

TELEGRAMAS DE PRISIONES


Los seis condenados a la pena de veinte años de reclusión, Manuel Hernandez Muñoz, Domingo Marrero Lemes, Juan Morales Montesdeoca, Juan Garcia Ojeda, Pablo Calvo Gonzalez y Lorenzo Perez Hernandez, verían sus condenas conmutadas por las de seis años y un día de prisión mayor mediante resoluciones de la Comisión Central de Examen de  Penas, datadas en Madrid el 20 de mayo de 1941. [Folios 139 a 144].

Recibidas en Las Palmas las seis resoluciones, PEDRO PADRÓN QUEVEDO, Teniente Juez del Eventual número tres, el 10 de junio de 1941, enterado por la Dirección de la Prisión Provincial de la Plaza, que los seis condenados se encontraban sufriendo condena en el Penal de Santa María (Cádiz), ordena cursar telegrama oficial al Director del Penal de Santa María, inquiriendo si los condenados se encuentran en dicha prisión cumpliendo condena o caso contrario adonde fueron trasladados. [Folio 145].

El Director de la Prisión Central de Santa María contesta mediante radiotelegrama via Transradio Española, del siguiente tenor:

EAQ 2284 PTOSANTAMARIA 58 13 1500 15/0100=0

DTOR PRISION CENTRAL A JUEZ EVFENTUALNRO TRES CENTRAL MTAR LAS PALMAS

CUMPLIMENTADO SU TELEGRAMA DE HOY PARTCIPO A VS QUE PENSADO A QUE SE REFIERE DOMINGO MARRERO LESMES Y JUAN MORALES MONTES DOCA SE ENCUENTRAN EN PRISION CENTRAL ASTORGA STOP MANUEL HERNANDEZ MUÑOZ Y JUAN GARCIA OJEDA EN COLONIA PENTENCIARIA DUESO SANTONA Y LERENZO PEREZ FERNANDEZ ESTA CENTRAL SALUDALE.

[Folio 147].

 

Ante esta respuesta, el Teniente Juez del Eventual número tres, el 19 de junio de 1941, remite telegrama oficial al Director de la Prisión Central de Astorga preguntando si los penados DOMINGO MARRERO LEMES y JUAN MORALES MONTESDEOCA encuentrase cumpliendo condena esa caso contrario donde fueron trasladados. [Folio 148].

El Director de la Prisión Central de Astorga responde mediante radiotelegrama via Transradio Española, del siguiente tenor:

2664 ASTORGA 60 22 1700 23/0045 D

DTOR PRISION CENTRAL A TENIENTE JUEZ NR TRES LS PS

COMUNICOLE QUE RECLUSO JUAN MORALES MONTES DE OCA FUE PUESTO LIBERTAD CONDICIONAL UNO ACTUAL FIJO RESIDENCIA EN DEVA PROVINCIA GUIPUZCOA Y DOMINGO MARRERO LESMES IGUAL SITUACION 20 ACTUAL DOMICILIO PUERTO DE LA LUZ ESA PLAZA CALLE PRINCES GUALLAMINA 31 CONTESTO SU TELEGRAMA 19 ACTUAL

[Folio 151].

En otro radiotelegrama via Transradio Española, el mismo Director de la Prisión Central de Astorga comunica lo siguiente:

EAQ 9 ASTORGA 46 12 2300 14/1000/U

DTOR PRISION CENTRAL A JUEZ MILITAR NUM TRES LSPS

PENADO JUAN GARCIA OJEDA FUE TRASLADADO PRISION PROVINCIAL LUGO DISPOSICION GOBERNADOR MILILITAR 14 NOVIEMBRE 1939 SENTENCIADO CAUSA NUM 44 DE 1936 Y MANUEL FERNANDEZ MUÑOS NO EXISTE NI HA ESTADO ESTA CENTRAL CONTESTO SU TELEGRAMA ONCE ACTUAL

[Folio 155]

 

Radiotelegrama via Transradio Española, enviado por el Director de la Prisión Central de Santa María, diciendo esto:

EAM 1878 PUERTOSANTAMARIA 47 19 21 1235/PC

DTOR PRISION CENTRAL A JUZGADO MILITAR NR 3 LASPALMAS

EXAMINADA DOCUMENTACION ARCHIVO ESTA CENTRAL CUMPLEME PARTICIPAR QUE PENADO MANUEL HERNANDEZ MUNOZ TUVO INGRESO EN COLONIA PENITENCIARIA  DEL DUESO EL PRIMERO SEPTIEMBRE 1938 CONTESTO SU TELEGRAMA RAL SALUDOLE.

 

El folio 161 de la Causa 44/1936, es otro radiotelegrama via Transradio Española, recibido del Director de la Prisión Central de Astorga, diciendo esto:

1758 ASTORGA 41 19 1430 19/2205 D

DTOR PRISION CENTRAL A TENIENTE JUEZ MTAR NRO TRES LSPS

CONTESTO TELEGRAMA DE VS FECHA 17 ACTUAL PARTICIPANDO QUE PENADO PABLO CALVO GONZALEZ CAUSA 44 DEL 1936 SALIO LIBERTAD CONDICIONAL 22 MAYO PPDO FIJANDO RESIDENCIA ESA PLAZA CALLE PEREZ GALDOS 22 PRIMEROEXAMINADOA DOCUMENTACION ARCHIVO ESTA CENTRAL CUMPLEME PARTICIPAR QUE PENADO MANUEL HERNANDEZ MUNOZ TUVO INGRESO EN COLONIA PENITENCIARIA  DEL DUESO EL PRIMERO SEPTIEMBRE 1938 CONTESTO SU TELEGRAMA

 

El folio 163 de la Causa 44/1936, es otro radiotelegrama via Transradio Española, recibido del Director de la Prisión de Lugo, con este texto:

1967 LUGO 40 19 18 20/1840L F

DTOR PRISION A JUEZ MILITAR TRES LSPS

PENADO CAUSA 44 1936 ESA PLAZA JUAN GARCIA OJEDA FUE PUESTO LIBERTADA CONDICIONAL PROVISIONAL 29 JUNIO ULTIMO ORDEN SUPERIORIDAD CONTESTO SU TELEGRAMA 17 ACTUAL

 

Finalmente, el folio 168 de la Causa 44/1936, es otro radiotelegrama via Transradio Española, recibido del Director de la Prisión de La Bañeza (León), con este texto:

1512 BAÑEZA 30 17 1040 17 1530 00 EAQ

JEFE PRISION PARTIDO A TTE JUEZ MTAR N03 LASPALMAS

PENADO MANUEL HERNANDEZ MUNOZ FUE PUESTO LIBERTAD CONDICIONAL EL 12 JULIO PASADO Y TIENE RESIDENCIA ESA CAPITAL CALLE PAMOCHAMOSO NRO 33

 

De esta forma, en 1941, los seis condenados en la Causa 44 del año 1936 de Las Palmas, en libertad condicional, habían abandonado las respectivas prisiones, en las cuales sufrieron sus condenas.

Pero no serían declarados en libertad hasta cumplir sus condenas definitivamente, que tal como constaban en las correspondientes liquidaciones definitivas de condenas, acontecería el dia 19 de julio de 1942.

Cfr. Causa 44 de 1936 [6500-210-5].- Folios 145, 147, 148, 151, 155, 161, 163, 168.

* *  * * * * * *

 

Hasta aquí llega lo que he extractado, por considerarlo más relevante, de la Causa 44 de 1936 de la Plaza de Las Palmas.

Causa 44/1936 que se conserva dentro del legajo 210, identificada con la signatura o clave 6500-210-5, dentro del Archivo del Tribunal Militar Territorial Quinto.

SENTENCIA DE LA CAUSA 44 DE 1936


M.8,831,008       99

S E N T E N C I A

 

En la plaza de Las Palmas a veintitres de Septiembre de mil novecientos treinta y seis, reunido en el salón de actos del Regimiento de Infanteria de Canarias nº. 39 el Consejo de Guerra Ordinario de Plaza para ver y fallar la causa seguida contra los paisanos Manuel Hernandez Muñoz, Domingo Marrero Lemes, Juan Morales Montesdeoca, Juan Garcia Ojeda, Pablo Calvo Gonzalez y Lorenzo Perez Hernandez, por el presunto delito de auxilio a la rebelión, visto el resultado de las pruebas practicadas en el acto de la vista, oídas la acusación fiscal y la defensa y

RESULTANDO probado y asi se declara que entre ocho y nueve de la mañana del dia 18 de julio ultimo, con conocimiento de que estaba declarado el estado de guerra, los procesados Manuel Hernandez Muñoz, Domingo Marrero Lemes, Juan Morales Montesdeoca, Juan Garcia Ojeda, Pablo Calvo Gonzalez y Lorenzo Perez Hernandez, todos ellos significados extremistas, llegaron en automóvil a Tamaraceite, del termino Municipal de San Lorenzo, donde radica el Ayuntamiento de este pueblo, con objeto de impedir que el Ayuntamiento del mismo se entregase a la Autoridad Militar, haciendo gestiones en ese sentido cerca del Alcalde Don Juan Santana Vega.

RESULTANDO que el Ministerio fiscal en su acusación califico los hechos como constitutivos de un delito de auxilio a la rebelión del articulo 240 del Codigo de Justicia Militar en su párrafo primero, interesando para cada uno de los procesados la pena de veinte años de reclusión temporal y que la defensa estimando que los hechos no estaban probados solicito la absolución de sus defendidos.

CONSIDERANDO que los hechos declarados probados son legalmente constitutivos de un delito de auxilio a la rebelión del párrafo primero del articulo 240 del Codigo de Justicia Militar pues es indudable que los actos realizados por los procesados tendían a favorecer y auxiliar la rebelión que en aquellos momentos existía en los pueblos del Norte de esta isla, tratando de establecer al afecto la avanzada que hubiese significado la colaboración del pago de Tamaraceite y de las Autoridades de su Ayuntamiento.

CONSIDERANDO que de dicho delito son responsables como autores por participación directa y voluntaria los procesados paisanos Manuel Hernandez Muñoz, Domingo Marrero Lemes, Juan Morales Montesdeoca, Juan Garcia Ojeda, Pablo Calvo Gonzalez y Lorenzo Perez Hernandez, sin que concurran ni sean de apreciar circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal.

Vistos los preceptos citados, artículos 33 y 45 del Codigo Penal 172 del de Justicia Militar y demás de general aplicación.

EL CONSEJO DE GUERRA FALLA que debe condenar y condena a cada uno de los procesados Manuel Hernandez Muñoz, Domingo Marrero Lemes, Juan Morales Montesdeoca, Juan Garcia Ojeda, Pablo Calvo Gonzalez y Lorenzo Perez Hernandez, como autores responsables de un delito de auxilio a la rebelión a la pena de veinte años de reclusión temporal con las accesorias de inhabilitación absoluta durante la condena para cuyo cumplimiento les será de abono la totalidad del tiempo que hayan estado privados de libertad por esta causa.

Siguen las firmas rubricadas de Jose María del Campo Tabernilla, Francisco Pérez Pérez, José Tiestos Obiedo Teófilo Naranjo Martínez, Eduardo Alemán González, Santiago Bañolas Passano, Luis Piernavieja del Pozo, y Ramón Gómez Irimia.

Cfr. Folio 100 de Causa 44 de 1936 [6500-210-5]