LA LAUREADA EN NUESTRAS CALLES


LA LAUREADA EN NUESTRAS CALLES

 

La Cruz Laureada de San Fernando es la máxima y más preciada condecoración militar para premiar el valor heroico en el Ejército Español.

La categoría de esta condecoración es tal, que los militares poseedores de la misma, solían ostentarla sobre su uniforme en forma solitaria y exclusiva de las otras medallas y condecoraciones, de las cuales se prescindía,

Porque su sola presencia era más que suficiente, para resaltar el valor y mérito personal.

Ante la presencia de la Laureada todas las otras condecoraciones quedan eclipsadas.

Para su concesión hay que cumplir unas exigencias muy estrictas, bien determinadas en su Reglamento, debiendo superar un juicio contradictorio.

Durante el siglo XIX recibieron esta importantísima condecoración cuatro conspicuos personajes históricos relacionados con esta Isla, cuyos nombres figuran el viario urbano de Santa Cruz .de Tenerife.

Tres eran nativos de nuestras islas.

1.-

Francisco Tomás Morales Alfaro *, nacido en Agüimes (Gran Canaria).

2.-

Nicolás Estévanez Murphy, nacido en Las Palmas (Gran Canaria).

3.- Leopoldo O’Donnell Joris, nacido en Santa Cruz de Tenerife.

De O’Donnell, hay que resaltar que fue condecorado tres veces con la Laureada.

4.-

El cuarto de los laureados en este mismo siglo XIX, fue el Comandante Valeriano Weyler y Nicolau, quien llegaría al rango de Capitán General, ostentado dicho grado desde 1887 hasta 1930, año de su fallecimiento.

Su nombre figura en el de la Plaza que está frente al edificio de Capitanía General, edificio construido por impulso suyo y durante su mando en Canarias.

VALERIANO WEYLER Y NICOLAU, nativo de Mallorca, de ascendencia alemana, fue también distinguido con el título de Marqués de Tenerife.

En el desastre político-militar que fueron las guerras de Marruecos, se había establecido una práctica nefasta, contra toda lógica militar sensata.

Los ascensos y medallas solían concederse para recompensar un mal entendido heroísmo, que se medía en función del número de heridas recibidas, y no de los resultados militares reales, desconsiderando las pérdidas de vidas humanas, sacrificadas en ataques a pecho descubierto.

Un sistema de valoración de méritos que proporcionó, mayoritariamente, ascensos y recompensas a los oficiales de Infantería y Caballería, supervivientes de algunos disparatados ataques, en detrimento de otros militares, tales como los artilleros y los médicos, u otros destinados en servicios complementarios, sin cuyo concurso la guerra no podía ser llevada a cabo con éxito.

Por acciones heroicas durante las luctuosas guerras de Marruecos merecieron, y les fueron concedidas Laureadas a varios militares, algunos de los cuales figuran en otras placas de nuestras calles.

Así, tiene su calle en el inicio del barrio de Salamanca, el Teniente Coronel de Caballería, FERNANDO PRIMO DE RIVERA Y ORBANEJA, por su heroico comportamiento al frente de su Regimiento de Cazadores de Alcántara 14 de Caballería, durante los combates del Desastre de Annual (Marruecos),

FERNANDO PRIMO DE RIVERA Y ORBANEJA, moriría poco después, en Monte Arruit, cuando no había llegado a cumplir los cuarenta y dos años, en agosto de 1921, tras haber perdido un brazo. Razón por la cual se hizo acreedor al sobrenombre del MANCO DE ARRUIT.

A FRANCISCO GARCÍA-ESCÁMEZ INIESTA, que con el tiempo llegaría a ser Capitán General de Canarias en el periodo 1943-1953, le fue concedida en 1930 la Cruz Laureada de San Fernando, por su heroica acción del 12 de septiembre de 1925, cuando con el grado de Comandante, participaba en la liberación de Kudia-Tahar, también en tierras marroquíes.

También en aquellas desastrosas guerras de Marruecos, había obtenido su laureada JOSÉ SANJURJO SACANELL, quien luego sería un famoso general, doblemente golpista, durante la Segunda República Española. Desterrado en Portugal, fallecería el 20 de julio de 1936 cuando despegaba en el avión que debía conducirle a España para ponerse al frente del autodenominado Alzamiento Nacional, iniciado en Melilla tres días antes.

Alzamiento que realmente fue una rebelión militar contra el Gobierno republicano de España, legal y legítimo, que desencadenaría la cruenta Guerra Civil Española de 1936 a 1939.

Durante esta última guerra fueron concedidas varias laureadas a militares cuyos nombres también fueron exaltados a placas de nuestro callejero.

En el barrio de Salamanca está la calle dedicada al tinerfeño ESTANISLAO GÓMEZ LANDERO Y KOCH, Capitán de Infantería, muerto en el Cerro Mosquito, durante la Batalla de Brunete, en julio de 1937, cuando contaba 28 jóvenes años.

En la parte alta del Toscal teníamos la calle JOAQUÍN GARCÍA MORATO, Comandante Aviador, héroe de la Aviación nacional muerto durante una exhibición aérea, después de acabada la guerra fratricida.

Esta calle inclinada emerge de la confluencia del tramo final de San Martín con Méndez Núñez, desembocando en la unión de San Fernando con la Rambla de Santa Cruz.

JOAQUÍN GARCÍA MORATO ha sido apeado de su placa, por un decreto municipal de fecha 17 de diciembre de 2008, dictado por el alcalde MIGUEL ZEROLO AGUILAR, imponiendo a esta vía el nombre de calle de la TOLERANCIA.

Decreto municipal que puede ser calificado de alcaldada.

En este mismo decreto-alcaldada, se cayó de la placa, que ocupaba, desde el cinco de octubre de 1936, otro «laureado», el general FRANCISCO FRANCO, pasando dicha vía a ser conocida como RAMBLA DE SANTA CRUZ.

Si bien hay que señalar, que a diferencia de los otros laureados, la condecoración del general FRANCISCO FRANCO, no había sido obtenida por una acción heroica en un frente de batalla.

El general FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE obtuvo su anhelada laureada por GENTILEZA y OFRECIMIENTO de sus compañeros, en mayo de 1939, concluida la Guerra Civil Española.

Así lo manifestó el mismo FRANCO, en la alocución que pronunció durante la solemne ceremonia celebrada el 17 de julio de 1939.

Ceremonia en la cual le sería impuesta tal condecoración, por el bilaureado General JOSÉ ENRIQUE VARELA IGLESIAS, quien si había obtenido sus dos Laureadas por acciones bélicas realizadas durante las campañas de Marruecos, en 1920 y 1921, tras superar los oportunos juicios contradictorios.

En este solemne acto de 1939, que tuvo lugar en el Palacio de Oriente, el Caudillo pronunció estas palabras:

Habéis querido tener la gentileza de valorar este preciado galardón, queriendo ser vosotros los que me ofrecieseis como muestra de cariño y lealtad esta preciosa cruz de San Fernando, que compendia los ideales de todo militar, por su significado en el orden de los servicios de la Patria. No podemos, en este día y en estos momentos, dejar de recordar su significado, y cómo esta cruz de San Fernando ha ido tejiéndose, día tras día, con las esperanzas, las ilusiones y los laureles de las sucesivas victorias, como también se fue dibujando su venera con la sangre de nuestros Caídos, sobre las espadas y bayonetas de nuestros soldados. Sea, sobre mi pecho, rúbrica de un mandato de nuestros muertos, y, sobre el corazón, símbolo de estima, de caballerosidad que nos acerque a los Caídos y un motivo de evocación en el cotidiano batallar con las asechanzas humanas, legítimas y necesarias para templar el espíritu de los hombres y para fortalecer el coraje de los soldados.

Dos décadas antes, a FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE, entonces Comandante, le había sido denegada la Laureada, porque la acción de guerra para la cual solicito tal recompensa, no pasó el estricto procedimiento de concesión de la Cruz Laureada de San Fernando.

Al acabar la última guerra fratricida de españoles contra españoles, el Generalísimo y Caudillo de España por la gracia de Dios, impartió las órdenes oportunas para ser gratificado con la anhelada condecoración, que él consideraba que compendia los ideales de todo militar.

Hay en Santa Cruz de Tenerife, dos calles más, que en el pasado llevaron los nombres de dos ilustres caballeros laureados.

1.-

La primera es la del General RAFAEL DEL RIEGO.

Nombre impuesto a la calle 9 de Salamanca, el diez y seis de marzo de mil novecientos treinta y dos.

2.-

La segunda la del Capitán FERMÍN GALÁN.

Nombre que el trece de mayo de 1931 sustituyó al de Alfonso XIII, nombre éste impuesto, en 17/5/1905, a la calle CASTILLO.

Los nombres de estos dos ilustres militares laureados, han sido borrados de las placas de nuestras calles, habiendo sido reemplazados.

En 5 de octubre de 1936, la calle de FERMÍN GALÁN sería retornada a su nombre de CASTILLO.

En 6 de diciembre de 1937 el eminente nombre del GENERAL RIEGO, fue reemplazado por el del golpista GENERAL FANJUL.

También el golpista GENERAL FANJUL, se ha caído de la placa original del ínclito GENERAL RIEGO, en virtud del reiterado decreto-alcaldada de MIGUEL ZEROLO AGUILAR, quien en su onírica decisión, lo ha sustituido por el de Calle del OLVIDO.

* * * * *

En paradójico contraste, no figuran en nuestro callejero, otros nombres de Caballeros laureados nacidos en Canarias.

Además de los ya mencionados Estévanez, Morales y O’Donnell, tenemos:

Capitán NICOLÁS FUENTES PADRÓN, nacido en Santa Cruz de Tenerife.

Teniente FELIPE LUCENA GÓMEZ, nacido en Las Palmas (Gran Canaria)

General ANTONIO ALEMÁN RAMÍREZ, nacido en Tenteniguada, actual municipio de Valsequillo, lugar que hasta inicios del XIX pertenecía a Telde, en Gran Canaria.

General JUAN JOSÉ OROZCO MASSIEU, nacido en Las Palmas (Gran Canaria).

Todos ellos acreditaron suficientemente ser dignos merecedores de tal recompensa, la máxima del Ejército Español. No puede decirse lo mismo de todos los condecorados. Sabemos que en la relación de caballeros laureados, y en el callejero, no están todos los que debían estar, ni son merecedores de estar todos los que están.

La mayor ausencia dentro de la Orden de San Fernando es la Corbata no concedida al Regimiento de Cazadores de Alcántara 14 de Caballería, El Ejército y el Pueblo Español han mantenido una deuda impagada con el Regimiento de Cazadores de Alcántara 14 de Caballería.

Porque a pesar de su heroica actuación, el felón Rey Alfonso XIII, no concedió la Laureada al Regimiento tan heroicamente dirigido por el Teniente Coronel de Caballería, FERNANDO PRIMO DE RIVERA Y ORBANEJA.

Regimiento de Cazadores de Alcántara 14º de Caballería, cuyo derecho a la Corbata de la Orden de San Fernando quedó más que acreditado por el heroico sacrificio demostrado luchando para salvar vidas ajenas, con desprecio de las suyas propias, registrando un número de bajas propias superior al 90 %.

El Ejército y el Pueblo Español ha tenido una deuda impagada y pendiente con los Caballeros del Regimiento de Cazadores de Alcántara 14º de Caballería, durante más de noventa años.

Deuda que ha sido tardíamente compensada, por un reciente Real Decreto 905/2012, de 1 de junio, por el que se concede la Cruz Laureada de San Fernando, como Laureada Colectiva, al Regimiento de «Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería».

R.D. publicado en la página 39749 del  Boletín Oficial del Estado Núm. 132, el Sábado 2 de junio de 2012.

De conformidad con lo dispuesto en el Reglamento general de recompensas militares, aprobado por Real Decreto 1040/2003, de 1 de agosto, y a tenor de lo preceptuado en el Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando, aprobado por Real Decreto 899/2001, de 27 de julio, visto el expediente de juicio contradictorio instruido al Regimiento de «Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería», actual Regimiento de Caballería Acorazado Alcántara 10, por los hechos protagonizados en las jornadas del 22 de julio al 9 de agosto de 1921, en los sucesos conocidos como «Desastre de Annual», donde dicha unidad combatió heroicamente protegiendo el repliegue de las tropas españolas, desde las posiciones en Annual a Monte Arruit, hasta el punto de que las bajas sufridas fueron de 28 jefes y oficiales de un total de 32 y de 523 de clases de tropa de un total de 685 en filas, y de acuerdo con lo indicado en el artículo 21.4. b) de este último reglamento y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día 1 de junio de 2012,

Vengo en conceder la Cruz Laureada de San Fernando, como Laureada Colectiva, al Regimiento de «Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería».

En la corbata de la referida condecoración deberá figurar la siguiente leyenda: «Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería», «Annual», «1921».

Dado en Madrid, el 1 de junio de 2012.

JUAN CARLOS R.

El Ministro de Defensa,

PEDRO MORENÉS EULATE

Mejor tarde que nunca.

Better late than never.  

* * * * * * * * * * * * *

El primer original de este opúsculo fue confeccionado y publicado hace unos cinco años, habiendo utilizado datos extraídos del libro Caballeros de la Real y Militar Orden de San Fernando, libro editado por el Ministerio de Defensa, en 2006, que, por lo visto, no es muy fiable.

Durante el mes de diciembre de 2008, el periodista Vicente Pérez Luis, se ocupó en Diario de Avisos varias páginas tratando al tema del callejero santacrucero, haciéndose eco de una extensa entrevista realizada a mi persona.

Entrevista en la que yo he manifestado mis criterios sobre la alcaldada realizada por Miguel Zerolo con el cambio de nombres de ocho calles, aportando incontestables datos históricos documentados.

Algunos días después, he recibido un correo electrónico de un buen amigo, en el cual me ha señala que en los datos de Francisco Tomás Morales, se me habían deslizado dos errores.

1.- El segundo apellido es Afonso, no Alfaro.

2.- Era natural de Carrizal (Ingenio)

Admitiendo que el autor del libro ministerial haya podido errar en el segundo apellido, debo decir que no erró en el origen, desde el punto de vista sincrónico.

Francisco Tomás Morales Afonso nació en el siglo XVIII. En aquel tiempo, ya existía el lugar conocido por Carrizal.

Hoy, este pueblo pertenece al actual municipio de Ingenio.

E Ingenio fue históricamente parte del antiguo feudo episcopal de Agüímes o Agüímez, habiéndose independizado administrativamente en 1819. Hecho que los villanos de Agüímes no olvidan.

Nota final:

Mi amigo es descendiente del Mariscal de Campo Francisco Tomás Morales Afonso, condecorado en 1823 con la Gran Cruz Laureada de San Fernando. Y en su correo electrónico me ha enviado la nota biográfica que copio en la página siguiente.

* * * * * * * * * * * 

*

FRANCISCO TOMÁS MORALES AFONSO

Francisco Tomás Morales Afonso nació en Carrizal en 1783. Muy joven emigró como otros tantos de la época a Venezuela.

En 1804 se alistó cómo soldado y dado su valor militar consiguió ascensos rápidamente llegando en 1816 a brigadier y en 1821 a mariscal de campo. Este militar grancanario, se distinguió en el campo de batalla por su arrojo y valentía en la larga Revolución de Venezuela, consiguiendo con sólo dos mil soldados, adueñarse de Maracaná, cruzó el Lago e invadir la posición de Trujillo y Mérida.

Este general carrizalero, persiguió en su fuga nada menos que a Simón Bolívar (libertador de América).

Posteriormente, al no conseguir los refuerzos de la metrópoli, se vio obligado a capitular en 1823.

A su regreso, la corona de España condecoró a este general con la gran Cruz de San Fernando y le otorgó en 1826 la Capitanía General de Canarias con sede en Tenerife,

En 1831, reconociendo la Corona de España, que a este general se le adeudaban los sueldos y servicios prestados en Venezuela, le fue concedida una data de la Selva de Doramas, en su Isla natal de Gran Canaria, poniendo en producción, aquella zona-finca forestal de San Fernando de Moya.

FRANCISCO TOMÁS MORALES AFONSO, terminó sus días dedicado a la agricultura, falleciendo en 1844.

Su entierro tuvo lugar con honores militares otorgados por la plana mayor de la guarnición de Las Palmas de Gran Canaria, con desfile de 200 soldados escogidos en Telde y Las Palmas. Su cadáver fue depositado en el cementerio capitalino, junto al sepulcro del inolvidable Viera y Clavijo. Años más tarde sus restos serían llevados a un panteón familiar de los citados terrenos de San Fernando de Moya.

A FRANCISCO TOMÁS MORALES AFONSO, en Caracas (Venezuela) se le recuerda con una estatua montado a caballo.

Y, en la biblioteca nacional caraqueña está escrita su grandiosa historia, donde llama la atención una estrofa final dedicada a su tierra Canaria y que dice lo siguiente:

“Soy Canario ¡Vive Dios¡
soy Canario y no lo niego
de un pueblecito al que llaman
el Carrizal del Ingenio”

* * * *

El libro editado en el año 2006 por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, contiene una sinopsis histórica de dicha institución, escrita por Don Enrique Romeu Palazuelos.

En la relación de los nombres de los 56 directores que ha tenido esta centenaria sociedad, figura en el lugar número 27, el Mariscal de Campo FRANCISCO TOMAS MORALES Y AFONSO, por haber sido director del la misma del año 1831 al año 1834.

LOS PRIMEROS NÚMEROS DE LOS ESCALAFONES MILITARES


Buscando datos sobre el héroe de Anual y Monte Arruit, FERNANDO PRIMO DE RIVERA Y ORBANEJA, a cuya memoria fue dedicada una calle en la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife, en 1927, he encontrado en esta dirección de Internet

http://www.asasve.com/cargadores/default.php?id=7627

 un artículo en el cual su autor ha dejado escrito este párrafo:

Como en esta vida nada es perdurable, desde el año 1984 ya no figura el glorioso nombre del Teniente Coronel Primo de Rivera a la cabeza del Escalafón de los Tenientes Coroneles de Caballería. Con él, han desaparecido los nombres de otros ilustres oficiales que encabezaban igualmente sus respectivos Escalafones: Como los Capitanes de Artillería Don Luis Daoiz y Torres y Don Pedro Velarde Santillán, el Teniente Don Jacinto Ruiz Mendoza (a la cabeza de los Tenientes de Infantería) y varios más, dignos todos de seguir figurando, de forma honorífica

 

Este artículo está firmado por Francisco Ángel Cañete Páez, profesor mercantil, economista y Comandante de Infantería.

Como Internet no me aparece una fuente fiable, he procurado verificar lo afirmado por dicho autor, acudiendo a otras fuentes.

 

En el Archivo Intermedio Militar de Canarias. he podido consultar hasta las Escalillas de 1 de enero de 1986. Comprobando que en ellas figuran los cuatro héroes mencionados.

 

Que FERNANDO PRIMO DE RIVERA Y ORBANEJA encabezase el escalafón de los Tenientes Coroneles de Caballería, a perpetuidad, había sido dispuesto por el Rey Alfonso XIII, rey felón por haber vulnerado la Constitución.

En la citada escalilla de 1986 de Caballería la lista de tenientes coroneles es encabezada por

EXCM. SEÑOR D. FERNANDO PRIMO DE RIVERA Y ORBANEJA

MUERTO HEROICAMENTE EN MONTE ARRUIT, EL 5-8-21

 

Haciendo constar bajo la columna de Diplomas CL, explicitando que le fue concedida la Cruz Laureada.

Los héroes del 2 de mayo de 1808, figuraban encabezando sus respectivos escalafones.

En el de Artillería, los dos primeros capitanes figuran de este modo:

D. LUIS DAOIZ Y TORRES.

D. PEDRO VELARDE Y SANTILLÁN

¡COMO PRESENTES!

MUERTOS GLORIOSAMENTE POR LA LIBERTAD DE LA PATRIA

EL DÍA 2 DE MAYO DE 1808.

En el de Infantería encabezando la lista de tenientes aparece

D. JACINTO RUIZ MENDOZA

MÁRTIR DE LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA.

MURIÓ EN TRUJILLO EL DIA 13 DE MARZO DE 1809,

A CONSECUENCIA DE LAS HERIDAS QUE RECIBIÓ PELEADO HEROICAMENTE

 EL 2 DE MAYO DE 1808, EN EL PARQUE DE ARTILLERÍA DE MADRID.

 

Puedo suponer que entre los que el Comandante Ángel Cañete Páez denomina varios más, dignos todos de seguir figurando, de forma honorífica, debe estar el Capitán General José Moscardó Ituarte, a quién se concedió tal distinción mediante el Decreto de 13 de abril de 1956, (Diario Oficial núm. 104 del martes 8 de mayo de 1956), que reza así:

DECRETO por el que se concede el empleo de Capitán General del Ejército Español al Teniente General don José Moscardó Ituarte.

El Teniente General del Ejército don José Moscardó Ituarte era ya antes de morir el más alto ejemplo de lo que el buen soldado español ha de ser cuando llega la hora del sacrificio.

La .defensa del Alcázar de Toledo, símbolo de una decisión histórica que ha de permanecer inalterable; fué el gran hecho que resumió todo aquello por lo que España combatía durante su guerra de Liberación. Es necesario materializar el recuerdo de aquella epopeya y de quien con tanto honor la dirigió, de manera que sus nombres estén siempre presentes para servir de norma a las futuras generaciones.

En su virtud, a propuesta del Ministro del Ejército, y de acuerdo con el Consejo de Ministros,

DISPONGO:

Artículo primero.– En atención a los méritos y circunstancias del Teniente General del Ejército español don José Moscardó Ituarte, Conde del Alcázar de Toledo, se le concede el empleo de Capitán General del Ejército español, con antigüedad de doce de abril de mil novecientos cincuenta y seis.

Artículo segundo.- En todos los escalafones del Ejército figurará en cabeza el nombre del Capitán General don José Moscardó Ituarte, seguido de la frase «Jefe del Alcázar de Toledo».

Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en Madrid a trece de abril de mil novecientos cincuenta y seis.

FRANCISCO FRANCO»

El Ministro del Ejército,

AGUSTIN MUÑOZ .GRANDES

 

Casi dos décadas después, el firmante del decreto anterior, recibiría honor superior, mediante e Decreto 3269/1975, de 5 de diciembre de 1975 (D.O. número 286), firmado por el Rey Juan Carlos I, que dice así:

Francisco Franco, Jefe del Estado Español, Caudillo de España y Generalísimo de sus Ejércitos, fue a lo largo de su esforzada vida acendrado exponente de todas las virtudes militares en su más alto grado.

Por el elevado valor ejemplarizador de su limpia conducta, por cuanto ésta deba tener de ejemplo permanente para todos los miembros de las Fuerzas Armadas, en la firme voluntad de prestar un homenaje eficaz y permanente a la memoria de Franco, a propuesta de los Ministros del Ejército, Marina y Aire, y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día cinco de diciembre de mil novecientos setenta y cinco.

DISPONGO:

Artículo único.- En todos los escalafones de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire figurará en cabeza, en lo sucesivo y a perpetuidad, el excelentísimo señor don Francisco Franco Bahamonde, Generalísimo y Capitán General de los Ejércitos, seguido de la frase -Caudillo de España-.

Así lo dispongo por el presente Decreto, dado en Madrid a cinco de diciembre de mil novecientos setenta y cinco.

JUAN CARLOS

El Ministro de la Presidencia del Gobierno,

ANTONIO CARRO MARTINEZ

 

Estos personajes figuran en las escalillas datadas el 1 de enero de 1986, que debemos suponer que el Comandante Francisco Ángel Cañete no ha visto.

Asimismo debemos suponer que el Comandante Cañete, habría consultado, la página 2675 del Boletín Oficial de Defensa número 56, de 24 de enero de 1987, donde aparece publicado el Real Decreto 394/1987 de 18 de marzo, por el que se regulan los escalafones de personal de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil, que reza así:

MINISTERIO DE DEFENSA

ESCALAFONES

REAL DECRETO 394/1987 de 18 de marzo por el que se regulan los escalafones del personal de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil.

Las diversas denominaciones formatos, datos a incluir y vicisitudes de las distintas escalillas, escalafoncillos y escalas de los tres Ejércitos y de la Guardia Civil, aconsejan la normalización de todos ellos, conservando las peculiaridades de cada Ejército que se estimen oportunas.

La política de unificación de criterios en materia de personal y de publicaciones oficiales, que ha sido y continúa siendo constante del Ministerio de Defensa, aborda en estos momentos la homologación de los escalafones.

Se pretende con el presente Real Decreto que el escalafón responda a su verdadero y natural significado de ser una relación ordenada de miembros de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil correspondientes a su Arma o Cuerpo y a una situación concreta, que pueda utilizarse como documento de trabajo y consulta.

En su virtud, a propuesta del Ministro de Defensa, de conformidad con el Ministro del Interior por lo que respecta al escalafón de la Guardia Civil y con la aprobación del Ministro para las Administraciones Públicas, y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día dieciocho de marzo de mil novecientos ochenta y siete,

DISPONGO:

Artículo 1.° Los escalafones que disponga publicar el Ministerio de Defensa sólo comprenderán al personal de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil que, en la fecha de referencia de los mismos, se encuentre en las situaciones militares, establecidas en la legislación vigente.

Artículo 2. ° Los escalafones no comprenderán al personal en las siguientes situaciones a que hace referencia el Real Decreto 734/1979, de 9 de marzo: retirado, situaciones particulares, ajena al servicio activo, retiro definitivo y licencia absoluta.

Artículo 3. ° Los distintos escalafones obedecerán a una normativa común. En base a ello el Ministro de Defensa determinará los escalafones a publicar y su formato, contenido y periodicidad.

DISPOSICION DEROGATORIA

Quedan derogadas en la parte que les afecte cuantas disposiciones de igual o inferior rango se opongan a lo preceptuado en este Real Decreto.

DISPOSICION FINAL

El presente Real Decreto entrará en vigor al día siguiente de su publicación.

Dado en Madrid a 18 de marzo de 1987.

 

JUAN CARLOS R.

  El Ministro de Defensa,

NARCIS SERRA I SERRA

(Del BOE núm. 69, de 21-3-1987.)

A renglón seguido, en la misma página 2675 del Boletín Oficial de Defensa número 56, de 24 de enero de 1987, viene publicada la Orden ministerial número 14/87 de 20 de marzo, por la que se aprueban las Normas para la Elaboración de los Escalafones de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil, con este texto:

Orden Ministerial número 14/87, de 20 de marzo, por la que se aprueban las «Normas para la Elaboración de los Escalafones de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil»,

 

El Real Decreto 394/1987, de 18 de marzo, por el que se regulan los escalafones de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil especifica, en su artículo 3.°, que el Ministro de Defensa determinará los escalafones a publicar, su formato, contenido y periodicidad.

En su virtud,

DISPONGO:

Artículo 1. Se aprueban las «Normas para la Elaboración de los Escalafones de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil».

Artículo 2. Las posteriores reformas o modificaciones de los Escalafones serán determinadas por Resolución del Subsecretario del Departamento.

 

DISPOSICION TRANSITORIA

Los primeros escalafones del año 1987 se publicarán con fecha 1 de junio. A partir de la edición de este primer escalafón, se mantendrá la periodicidad prevista en las Normas aprobadas.

DISPOSICION FINAL

La presente disposición entrará en vigor al día siguiente de su publicación.

Madrid, 20 de marzo de 1987

NARCIS SERRA I SERRA

 

Resulta obvio que con estas disposiciones legales de 1987, desaparecerían de los escalafones militares todos los fallecidos.

De este modo los nombres de FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE y JOSÉ MOSCARDÓ ITUARTE, vencedores de la cruenta Guerra Civil Española de 1936-39, dejaron de encabezar todos los Escalafones.

De modo simultáneo también fueron eliminados del encabezamiento de sus respectivos grados, los ilustres nombres de los Héroes del Dos de Mayo de 1808, Capitanes de Artillería LUIS DAOIZ Y TORRES y PEDRO VELARDE SANTILLÁN, y el Teniente de Infantería JACINTO RUIZ MENDOZA.

Y como no podía ser menos, también dejó de encabezar el escalafón de los Tenientes Coroneles de Caballería, el héroe de Annual, el manco de Monte Arruit, FERNANDO PRIMO DE RIVERA Y ORBANEJA, laureado por sus indudables méritos contraídos luchando al frente de su Regimiento de Cazadores de Alcántara 14 de Caballería.

Sin embargo, el felón Rey Alfonso XIII, no concedió la Laureada al Regimiento tan heroicamente dirigido por el Teniente Coronel de Caballería, FERNANDO PRIMO DE RIVERA Y ORBANEJA.

Regimiento de Cazadores de Alcántara 14º de Caballería, cuyo derecho a la Corbata de la Orden de San Fernando quedó más que acreditado por el heroico sacrificio demostrado luchando para salvar vidas ajenas, con desprecio de las suyas propias, registrando un número de bajas propias superior al 90 %.

El Ejército y el Pueblo Español ha tenido una deuda impagada y pendiente con los Caballeros del Regimiento de Cazadores de Alcántara 14º de Caballería, durante más de noventa años.

Deuda que ha sido tardíamente compensada, por un reciente Real Decreto 905/2012, de 1 de junio, por el que se concede la Cruz Laureada de San Fernando, como Laureada Colectiva, al Regimiento de «Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería».

R.D. publicado en la página 39749 del  Boletín Oficial del Estado Núm. 132, el Sábado 2 de junio de 2012.

De conformidad con lo dispuesto en el Reglamento general de recompensas militares, aprobado por Real Decreto 1040/2003, de 1 de agosto, y a tenor de lo preceptuado en el Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando, aprobado por Real Decreto 899/2001, de 27 de julio, visto el expediente de juicio contradictorio instruido al Regimiento de «Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería», actual Regimiento de Caballería Acorazado Alcántara 10, por los hechos protagonizados en las jornadas del 22 de julio al 9 de agosto de 1921, en los sucesos conocidos como «Desastre de Annual», donde dicha unidad combatió heroicamente protegiendo el repliegue de las tropas españolas, desde las posiciones en Annual a Monte Arruit, hasta el punto de que las bajas sufridas fueron de 28 jefes y oficiales de un total de 32 y de 523 de clases de tropa de un total de 685 en filas, y de acuerdo con lo indicado en el artículo 21.4. b) de este último reglamento y previa deliberación del Consejo de Ministros en su reunión del día 1 de junio de 2012,

Vengo en conceder la Cruz Laureada de San Fernando, como Laureada Colectiva, al Regimiento de «Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería».

En la corbata de la referida condecoración deberá figurar la siguiente leyenda: «Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14 de Caballería», «Annual», «1921».

Dado en Madrid, el 1 de junio de 2012.

JUAN CARLOS R.

El Ministro de Defensa,

PEDRO MORENÉS EULATE

 

Mejor tarde que nunca.

Better late than never.

LA LAUREADA DE FRANCO


LA LAUREADA DE FRANCO

 

En junio de 1916, el Capitán Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde Salgado Pardo, fue herido en los combates de Kudia Federico.

Como resultado de esta herida, – la única recibida en combate durante su vida militar -, Franquito hizo todo lo posible para que le concedieran la Cruz Laureada de San Fernando.

Pero no superó el juicio contradictorio y su petición fue desestimada.

A cambio le sería concedida la Medalla de María Cristina y ascendido a Comandante, cuando contaba 23 años.

Franco seguiría su meteórica carrera de ascensos sin conseguir la Laureada.

Finalizada la Guerra Civil, el Generalísimo Franco recibiría multitud de telegramas de felicitación.

Entre ellos unos enviados por Don Juan de Borbón, la reina Victoria y el Rey Alfonso XIII.

Además, éste, el 9 de abril de 1939, le enviaría una carta “reiterándole la entusiasta felicitación” y proponiendo que le sea concedida la Cruz Laureada de San Fernando, con estas palabras:

 

“Cuan dichoso me consideraría, si recogiendo el sentir común y justificado anhelo del Ejército de Tierra, Mar y Aire español y de todos los buenos compatriotas, viéramos sobre su pecho esa invicta y heroica condecoración jamás tan bien otorgada, al Caudillo que tan brillantemente salvó a España”.

De este modo el rey Alfonso XIII, respaldaba un clamor iniciado en el Ayuntamiento de Burgo de Osma el 4 de abril de 1939, al que se sumarían la casi totalidad de las corporaciones municipales, solicitando la Laureada para el Caudillo Franco.

La acción del rey Alfonso XIII era bastante coherente con su ejecutoria en su exilio dorado en Roma, pues había donado a los sublevados diez millones de los 85 millones de pesetas que había sacado de España en 1931, cuando tuvo que abandonar España, tras la proclamación de la Segunda República.

En la página 325 del primer tomo de su trilogía «Crónica de Medio Siglo», el periodista y escritor falangista grancanario Miguel Jiménez Marrero, cuenta:

Siguiendo con el trascendental acontecimiento que representó la liberación de Barcelona, queremos dejar constancia del acuerdo unánime del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, solicitando la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando para Francisco Franco, recordando el alcalde, en un brillante discurso, que fue precisamente en Las Palmas de Gran Canaria donde el Caudillo inició el Movimiento Nacional, exponiendo la trayectoria militar y humana de Franco desde su primera juventud en los campos de batalla de Marruecos en defensa de los intereses de España, y de los heroicos actos protagonizados por el Caudillo desde el inicio de la Cruzada, que arrancaban desde el paso del Estrecho, hasta todas las decisiones trascendentales que culminarían con el triunfo de las fuerzas nacionales, Esta petición se apoyaba en el artículo 70 del Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando de 26 de noviembre de 1925.

En ninguno de los libros que he consultado de la Guerra Civil, he visto relatado ningún heroico acto personal protagonizado por el Caudillo, ya que éste se limitó a dirigir la guerra desde su Cuartel General, prodigándose muy poco en los frentes de combate.

Durante la Guerra Civil, Franco nunca tuvo que vérselas con el enemigo directamente, ni fue protagonista de ninguna acción militar comprometida, desarrollada en el frente, hasta el punto de poner en tal riesgo su sagrada vida, que le obligara a comportarse heroicamente frente al enemigo.

Por ello, en el ditirambo pronunciado por el Alcalde grancanario, que era uno más de los tantos que fueron acumulándose en la parafernalia laudatoria del Caudillo de España por la gracia de Dios, se arguye el artículo 70 del Reglamento de la Real y Militar Orden de San Fernando de 26 de noviembre de 1925, que solía ser el artículo utilizado para condecorar a los Generales en Jefe, obviando los trámites y restricciones del juicio contradictorio.

Este artículo 70 rezaba así:

Art. 70. Cuando notorios servicios de un General en Jefe (tales como: pacificar rápidamente un territorio o conquistarlo sin contar para ello con recursos y medios superiores a la importancia de la empresa y, antes bien. supliéndolos con su pericia y valor; realizar grandes y victoriosas acciones de resultado indiscutible en la campaña, o salvar con su denuedo personal y sabias disposiciones a un ejército que él no haya comprometido o, en fin, realizar otros hechos de análoga notoriedad y decisiva importancia), determinen al Gobierno considerarle acreedor a la Gran Cruz de San Fernando a consecuencia del estudio que de la importancia .de sus méritos y servicios haga el Consejo de Ministros, propondrá a Su Majestad la concesión de esta recompensa, sin sujeción a restricción ni trámite alguno.

Cuando en circunstancias análogas un Almirante en Jefe obtenga señaladas victorias navales con la mayor parte de sus fuerzas, coopere con ellas de modo eficaz y evidente al mismo fin o realice hechos semejantes a los expresados por el General en Jefe, podrá ser objeto de igual distinción.

Este Reglamento aprobado durante la Dictadura de Primo de Rivera, había sido expresamente derogado por la ley de 16 de septiembre de 1931, con lo cual debía presumirse, que volvía a considerarse en vigor la norma inmediata anterior, que era el Real Decreto de fecha 5 de julio de 1920, firmado por Alfonso XIII.

 

El Reglamento de 1920 sería expresamente mencionado y modificado en disposiciones republicanas que afectaban a los aspectos de procedimientos, manteniendo el resto del texto monárquico en todo lo sustancial.

De hecho, ese Real Decreto sería aplicado en la instrucción y concesión de la Laureada al Capitán Fermín Galán Rodríguez, – héroe republicano fusilado tras haberse alzado prematuramente en Jaca -, por un hecho de armas realizado el 1º de octubre de 1924, en el Poblado de Xeruta (Marruecos), cuando era Teniente.

La concesión de la Laureada al fusilado Fermín Galán Rodríguez, apareció como O. C. de 8 de septiembre de 1934 en el D. O. núm. 208, de 9 de septiembre de 1934.

 

Es más, en plena guerra civil, el gobierno de Burgos dictó varios decretos, en 1936, 1937, extendiendo algunos extremos de dicho Reglamento de 1920.

 

Todo lo expuesto pone en evidencia que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria no anduvo muy fino en la cita del artículo 70 del Reglamento dictado durante el mandato de Miguel Primo de Rivera y Orbaneja.

 

Por ello no debe extrañarnos que en la disposición del gobierno de Franco, que le concede a éste la Laureada, se utilice el artículo 35 del Real Decreto alfonsino de 5 de julio de 1920, y no el 70 primorriverista, para argumentar la concesión.

El invocado artículo 35 de este Reglamento de la Orden de San Fernando de 5 de julio de 1920 rezaba así:

Cuando notorios servicios de un general en jefe, tales como pacificar rápidamente un territorio, o conquistarlo, sin contar para ello con recursos y medios superiores a la importancia de la empresa, y antes bien, supliéndolos con su pericia y valor, grandes y victoriosas acciones de resultados indiscutibles en la campaña, denuedo personal y sabias disposiciones que salven un ejército que él no haya comprometido, y otros de análoga notoriedad y’ decisiva importancia, hagan al Consejo de Ministros juzgarlo acreedor a la Gran Cruz de San Fernando, se comunicará así por el Ministro respectivo a la Asamblea de la Orden, la cual estudiará el caso, y con su informe razonado, devolverá la moción al citado Ministro, para que de acuerdo con el Consejo de Ministros, si el informe es favorable, pueda proponer a S.M. la concesión de esta recompensa. Cuando en circunstancias análogas un almirante en jefe obtenga señalada victoria naval con la mayor parte de sus fuerzas, coopere con ella de modo eficaz y evidente al mismo fin, o realice hechos semejantes a los expresados para el general en jefe, podrá ser objeto de igual distinción.

En el volumen 1º del libro GALERIA MILITAR CONTEMPORÁNEA. LA REAL Y MILITAR ORDEN DE SAN FERNANDO, editado por el Servicio Histórico Militar en 1953, figura este texto

CAPITÁN GENERAL DE LOS EJÉRCITOS

EXCMO. SR. D. FRANCISCO FRANCO BAHAMONDE

17 JULIO 1936 – 1 ABRIL 1939

MANDO EN JEFE DE LOS EJÉRCITOS NACIONALES

B. O. del E. de 20 de mayo de 1939, núm. 140.

Disposición dada a solicitud del Capítulo de la Orden el 19 de mayo de 1939

El triunfo de las armas nacionales en la Guerra de Liberación fué logrado por el esfuerzo admirable del Ejército, integrado por la juventud española, tan generosamente dadora de su sangre, y alentado por el sacrificio de la España Nacional, la cual, estrechamente unida, ofreció al mundo inimitable ejemplo. Mas sobre todos destacó el Generalísimo, iniciador y verdadero artífice de la victoria que, en los angustiosos días en que el enemigo contaba con abrumadora superioridad de elementos y apoyos y dominaba en el mar, tierra: y aire, logró con su tenacidad, pericia y audacia transportar a la Península desde nuestra Zona de Protectorado aquellas fuerzas que, unidas a las que ansiosas esperaban, emprendieron la ruta conducente a la reconquista de gran parte de Andalucía y Extremadura, hasta lograr el enlace con las que denonadamente luchaban en el Norte. Después, treinta y tres meses de guerra, en que se derrocharon valor y arte militar, no sólo contra nuestros enemigos, sino contra gran parte del mundo que los alentó y ayudó, jalonaron etapas tan gloriosas como la marcha sobre Madrid, la liberación de Oviedo, la campaña del Norte, las operaciones de Teruel y Alfambra, los avances hasta el Segre y el Mediterráneo, la batalla del Ebro, verdadero modelo de estrategia que inició el derrumbamiento del adversario y, como digno remate de tanto esfuerzo, el dominio total del territorio Nacional. No era solamente el caso de un General en Jefe que llenase cumplidamente los requisitos que exige el artículo treinta y cinco del Reglamento de la Orden de San Fernando para ingresar en ella, sino el de un gran Caudillo al frente de la nación en armas, salvando su Patria y rindiendo al Mundo entero el mayor servicio en favor de la paz, al derrotar al comunismo que, ya por entonces, amenazaba seriamente la civilización.

La moderna historiografía ha puesto en evidencia las falacias contenidas en este texto.

De rocambolesca peripecia puede ser calificada la forma en que se llevó a cabo esta concesión.

Para evitar que apareciera en los papeles oficiales como una autoconcesión, firmada por él mismo, Franco, manteniendo la Jefatura del Estado, decidió abandonar durante unas horas el cargo de Presidente del Gobierno, que pasó teóricamente a ser desempeñado por el vicepresidente y ministro de asuntos exteriores, General Francisco Gómez-Jordana y Sousa.

Así éste, a propuesta del ministro de Defensa, [General Fidel Dávila Arrondo], resolvió, ganada gloriosa y totalmente la guerra que la anti-España desencadenó en nuestra amada Patria, otorgar la Laureada al capitán general de los ejércitos de Tierra, Mar y Aire, Excelentísimo Señor Don Francisco Franco Bahamonde, forzando la normativa del Reglamento de la Orden de San Fernando.

Tal disposición fechada el 19 de mayo de 1939, fue publicada en el Boletín Oficial del Estado número 140 de fecha 20 de mayo de 1939.

 

«Todos los caballeros laureados, recogiendo el sentir nacional, acordaron en capítulo solicitar la concesión de la Laureada de San Fernando al Gran Caudillo de España, que, con sobriedad magnifica, dio cuenta de la terminación de la campaña en el histórico parte en el que se dice: «En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, las tropas nacionales han ocupado sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.

El triunfo de las armas españolas se logró con el esfuerzo admirable del Ejército, integrado por el pueblo español, que tan generosamente dio su sangre; por la ejemplar dirección del Generalísimo, que fue el artífice del Glorioso Movimiento Nacional, siendo de recordar aquellas jornadas en que el enemigo contaba con enorme cantidad de elementos, dominando por tierra, mar y aire. Entonces el Caudillo consiguió con su tenacidad, primero organizar el Ejército, y después transportar de Ceuta las fuerzas del Protectorado, que, en continuas victorias, conquistaron parte de Andalucía y Extremadura, hasta lograr el enlace con los que luchaban en el norte.

Después de 33 meses de lucha, de verdadera epopeya, de etapas tan gloriosas como las del Alcázar de Toledo y Santa María de la Cabeza, la marcha sobre Madrid y el paso del Alfambra, que ha de cubrir el avance hasta el Mediterráneo, la campaña del Ebro, verdadero alarde de estrategia militar en que comienza el derrumbamiento de la resistencia enemiga, hasta dominar totalmente el territorio nacional.

No se trata solamente de un general en jefe que reúne los requisitos que se marcan en el artículo 35 de la Orden de San Fernando para el ingreso en ella, sino de un gran Caudillo que, al frente de la nación en armas, salvó a su Patria, su independencia y el orden y que, además, ha prestado el mejor servicio de todos al derrotar al bolchevismo y salvar la civilización, seriamente amenazada.

Es, pues, un acto de justicia que el Gobierno interprete el sentimiento del país y por ello, con arreglo a lo preceptuado en el artículo 35 de la Orden de San Fernando, aprobado el 5 de julio de 1920, a propuesta del ministerio de Defensa Nacional y como vicepresidente del Gobierno, vengo en disponer:

Artículo 1°. En virtud de lo dispuesto en el artículo 35 de la Orden de San Fernando y alcanzándose plenamente sus preceptos, se concede al capitán general don Francisco Franco Bahamonde, Generalísimo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, la Gran Cruz Laureada de San Fernando.

Dado en Madrid el día de la Victoria, 19 de mayo de 1939.

El Ministro de Defensa Nacional, Fidel Dávila. El Vicepresidente del Gobierno, conde de Jordana».

 

Resulta escasamente convincente la invocación al artículo 35 del Reglamento de la Laureada, en cuyo texto he subrayado algunos párrafos relevantes.

En la disposición del Boletín Oficial del Estado número 140 de fecha 20 de mayo de 1939, se afirma explícitamente que la guerra civil duró 33 meses.

Lo cual contrasta con el artículo 35 del Reglamento de La Laureada, que establece que podrán considerarse como notorios servicios de un general en jefe, pacificar rápidamente un territorio, o conquistarlo, sin contar para ello con recursos y medios superiores.

Parece obvio que tardar 33 meses en una guerra, no es pacificar rápidamente un territorio o conquistarlo.

Por otro lado está meridianamente acreditado en todos los balances militares publicados, que los recursos y medios puestos a disposición de los sublevados durante la guerra civil de 1936-39, superaron en calidad y cantidad, además de en oportunidad y eficacia, a los dispuestos por el gobierno de la Segunda República Española.

Más controvertida es la afirmación contenida en el Boletín Oficial, de que la Guerra Civil fue desencadenada por la anti-España.

Esta anti-España no era otra que el gobierno legal y legítimo de la segunda República Española. La historia contada al revés en el Boletín Oficial.

Está fuera de toda duda histórica que la Guerra Civil fue desencadenada el 17 de julio de 1936 con el Alzamiento de la mayoría de la guarnición de Melilla, secundada al día siguiente por varias guarniciones peninsulares y por las tropas bajo el mando de Franco en Canarias.

En una solemne ceremonia celebrada el 17 de julio de 1939, le sería impuesta tal condecoración por el bilaureado General José Enrique Varela Iglesias, quien si había obtenido sus dos Laureadas por acciones bélicas realizadas durante las campañas de Marruecos, en 1920 y 1921, tras superar los oportunos juicios contradictorios.

En este solemne acto de 1939, que tuvo lugar en el Palacio de Oriente, el Caudillo pronunció estas palabras:

Habéis querido tener la gentileza de valorar este preciado galardón, queriendo ser vosotros los que me ofrecieseis como muestra de cariño y lealtad esta preciosa cruz de San Fernando, que compendia los ideales de todo militar, por su significado en el orden de los servicios de la Patria. No podemos, en este día y en estos momentos, dejar de recordar su significado, y cómo esta cruz de San Fernando ha ido tejiéndose, día tras día, con las esperanzas, las ilusiones y los laureles de las sucesivas victorias, como también se fue dibujando su venera con la sangre de nuestros Caídos, sobre las espadas y bayonetas de nuestros soldados. Sea, sobre mi pecho, rúbrica de un mandato de nuestros muertos, y, sobre el corazón, símbolo de estima, de caballerosidad que nos acerque a los Caídos y un motivo de evocación en el cotidiano batallar con las asechanzas humanas, legítimas y necesarias para templar el espíritu de los hombres y para fortalecer el coraje de los soldados.

Consiguió así Franco, por gentileza y ofrecimiento de sus compañeros, en 1939, lo que no le había sido reconocido dos décadas antes, por el estricto procedimiento de concesión de la Cruz Laureada de San Fernando.

De este modo, finalizada la Guerra Civil, Franco vería satisfecho su anhelo por la Laureada.

EL ÚLTIMO PARTE OFICIAL DE GUERRA, RECTIFICADO

Para terminar, debo hacer observar que el último parte oficial de guerra, transmitido el 1º de abril de 1939, por la Radio de Burgos, dijo:

 

«En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado.»

Mientras que en el Boletín Oficial núm. 140, de 20 de mayo de 1939, se dice:

«En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, las tropas nacionales han ocupado sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado«.

 

Como puede verse en el texto subrayado, en el Boletín Oficial se ha corregido la mala sintaxis del parte original, y además se ha sustituido el participio alcanzado por ocupado.

 

Esto es, al mes siguiente de haber obtenido la victoria en la Guerra Civil, los vencedores ya habían comenzado a reescribir su propia historia.