TORTICERA ARGUMENTACIÓN DEL MAGISTRADO NICOLÁS PADILLA MONTORO


 

Teniendo en cuenta la iniquidad de las múltiples sentencias dictadas por los Consejos de Guerra celebrados después del 17 de julio de 1936, podríamos decir que el Comandante RICARDO CASAS TRABA, salió bien librado.

La sentencia de su Consejo de Guerra pudiera calificarse de benevolente, pues ni siquiera le condenaron al pago de costas, siendo declarado libre de responsabilidad civil. Cumpliría su condena en la Fortaleza Prisión de Paso Alto el 28 de enero de 1937, aunque estaría suspendido de empleo hasta el 19 de Junio de 1937.

Decisiones ambas, que contrastan con las exigencias dictadas al respecto, en multitud de causas anteriores y posteriores

Después de haber leído un gran número de procedimientos jurídicos instruidos por militares de aquella negra época, iniciada después del 17 de julio de 1936, me parece oportuna hacer alguna reflexión sobre lo leído.

Reflexión que viene al punto por la Causa 91 de 1936 seguida al Comandante RICARDO CASAS TRABA.

En esta causa llama la atención la torticera argumentación empleada por el ponente, Magistrado NICOLÁS PADILLA MONTORO, para atribuir al tribunal militar una legitimidad que no tenía, ni tenía derecho a tener.

Este Magistrado de la Audiencia tinerfeña, NICOLÁS PADILLA MONTORO, actuando como Ponente, haría gala de similar argumentación, asimismo del mismo modo torticero, en la sentencia dictada el once de enero de 1937, cuyo texto ha sido aflorados en

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2011/05/28/informe-del-magistrado-nicolas-padilla-montoro/

 

Torticera argumentación que se vería reflejada en multitud de alegatos de auditores, fiscales y otros ponentes de sentencias, coetáneos o posteriores, en aquellos inicuos procedimientos de apariencia judicial formal.

Torticera argumentación que actualmente se puede leer en libros y otros medios de prensa, escuchar en medios radiofónicos, además de poderse ver y oír en canales de televisión, todos ellos corifeos nostálgicos de la DICTADURA FRANQUISTA, herederos de los triunfadores de la guerra civil más cruenta de la Historia de España.

En el caso que motiva esta reflexión, – la Causa 91 de 1936 seguida al Comandante RICARDO CASAS TRABA -, se constata la paradoja de ver como los sediciosos y rebeldes acusan y condenan por sedición a uno de los suyos, al cual consideraban desafecto, o tibio con su rebelión.

Rizando el rizo, de modo inverecundo, se atreven a afirmar que la autoridad militar, asumía de hecho y de DERECHO todas las prerrogativas y atribuciones que las leyes confieren a los poderes del Estado.

Ignorando intencionadamente, que los autores de la rebelión contra el legal y legítimo gobierno de España en 1936, usurparon y asumieron, ilegítimamente unos poderes a los cuales no tenían derecho.

Para ello utilizaron la fuerza, olvidando que habían recibido «en sagrado depósito las armas de la Nación y las vidas de los ciudadanos», así como que «sería criminal en todos los tiempos y en todas las situaciones que los que vestimos el uniforme militar pudiéramos esgrimirlas contra la Nación o contra el Estado que nos las otorga»

Estas palabras entrecomilladas habían sido pronunciadas por el General FRANCISCO PAULINO HERMENEGILDO TEÓDULO FRANCO BAHAMONDE, el 17 de diciembre de 1931, tal como constan en sus declaraciones ante la Comisión de Responsabilidades, que en tal fecha, estaba realizando la investigación para someter a juicio a los implicados en las ejecuciones de los sublevados en Jaca de 1930, según asevera PAUL PRESTON en la página 114 de su libro «FRANCO», citando a su vez la obra de LUÍS SUÁREZ FERNÁNDEZ sobre FRANCISCO FRANCO.

Los rebeldes usurparon y asumieron el poder, ejerciendo la sinrazón de la fuerza, no la fuerza de la razón.

Los militares sublevados fueron auténticos rebeldes contra el poder legítimo y legal de la Nación Española.

Los militares rebeldes violaron su juramento, y practicaron lo que, muchas décadas después, sería reconocido como justicia al revés, por RAMÓN SERRANO SUNYER, el cuñadísimo.

Y durante cuatro largas décadas los franquistas violaron los derechos humanos en España.

* * * * *

En la transcripción de los documentos aflorados en este medio, el transcriptor procura respetar su íntegra literalidad, dejando intactos los errores ortográficos y mecanográficos, presentes en los originales, fruto de la incuria militar de aquella época.

La única licencia permitida es la de resaltar algunas palabras o frases, con el fin de facilitar el manejo y mejor comprensión de los textos transcritos.

SENTENCIA DE LA CAUSA 91 DE 1936


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S E N T E N C I A

[Al margen superior izquierdo]

S e ñ o r e s

Excmo. Señor Don Antonio Alonso Muñoz, General de Brigada.

Excmo. Señor Don Salvador Acha Caamaño.- General de Brigada.

Don Juan Vara Terán.- Coronel de la Guardia Civil.

Don Agustín Piñol Riera.- Id.            id.          Id.

Don Nicolás Padilla y Montero.- Magistrado de la Audiencia.

Don Enrique Rolandi Pera.- Teniente Coronel de Ingenieros.

Don Isidoro Cáceres y Ponce de León.- Tte. Coronel de la Guardia Civil.

[Texto]

En la Plaza de Santa Cruz de Tenerife a cuatro de Diciembre de mil novecientos treinta y seis.

Vista ante este Consejo de Guerra de Oficiales Generales integrado por los Señores anotados al margen, en Audiencia Pública y juicio sumarísimo la presente causa nº 91 de 1936, seguida por el delito de excitación a la rebelión contra Don Ricardo Casas Traba, de 45 años de edad, casado, natural de Cádiz, vecino de Santa Cruz de Tenerife con domicilio en la calle de Callao de Lima nº 19, hijo de Indalecio y María, comandante de Infantería con destino en la Caja de Recluta de esta Capital, con instrucción, buena conducta y sin antecedentes penales, en prisión provisional desde el primero de Agosto próximo pasado, en cuya causa ha sido única parte acusadora el Ministerio Fiscal, siendo defendido el procesado por el Capitán de Infantería Don Juan Rumeu, y Ponente el Vocal del Consejo Don Nicolás Padilla y Montoro, Magistrado de esta Audiencia Provincial y:

Resultando:

Que proclamado el estado de Guerra en este Archipiélago en las primeras horas de la madrugada del dia 18 de Julio último, tomó el mando la autoridad militar, quedando asi constituido un organismo que asumía de hecho y de derecho todas las prerrogativas y atribuciones que las leyes confieren a los poderes del Estado, y contra dicho movimiento salvador, inspirado por una sana intención, rectitud de propósitos y fines patrióticos que recogía los anhelos de la opinión pública y las aspiraciones legítimas del país, se produjo tanto en esta Ciudad aquella misma tarde, como en diferentes territorios de la Nación, un estado de rebelión que aún subsiste en algunos de ellos.

Al tener lugar la declaración del estado de Guerra antes indicado y en el mismo dia de su proclamación, el Teniente Coronel D. Vicente Pelejero Lores, reunió en su despacho a los señores Oficiales a sus órdenes entre los que se encontraba el hoy procesado don Ricardo Casas Traba, Comandante de Infantería, para notificarles la noble y patriótica decisión del Ejército, y contrastando con el entusiasmo de todos los alli reunidos, el referido Comandante observó una actitud de frialdad o tibieza contestando al requerimiento que se le hizo, “que él también se adhería al movimiento, deseando fuese para bien”. Con posterioridad al indicado dia, el repetido D. Ricardo Casas, en conversaciones sostenidas con sus compañeros de armas, llegó a expresarle sus dudas acerca del éxito de la empresa emprendida por el glorioso General Franco, comentando las noticias contradictoria que con relación al movimiento daban en sus emisiones las distintas radios y entre éstas la de Madrid, y en cierta ocasión, encontrándose en el Cuartel y levantando al voz para que pudieran oirle los individuos de tropa que en el mismo se hallaban ordenó en forma violenta al Sargento D. Félix Parra, se colocaran unas camas para el descanso de aquella, añadiendo “porque esta gente no es de hierro y va a llegar el momento que no van a querer responder”, sin que con independencia de lo anterior, realizara el acusado acto alguno simpatizante encaminado a favorecer la rebelión, pues lejos de ello consta que por propia iniciativa, confeccionó un proyecto de defensa del Cuartel de Caballería donde  se encontraba instalada la Caja de Reclutas en que prestaba sus servicios, para el caso de que hubiera sido atacado.

HECHOS QUE DECLARAMOS PROBADOS.

Resultando:

Que el Ministerio Fiscal al dar lectura a su acusación, relató los hechos como constitutivos de un delito de excitación a la rebelión, definido y castigado en el artº 240 del Código de Justicia Militar, considerando del mismo responsable criminalmente como autor al procesado Señor Casas Traba y no apreciando la concurrencia de circunstancia alguna modificativa, solicitó se le impusiera la pena de prisión mayor con las accesorias lega

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les y abono de todo el tiempo de prisión provisional sufrida, sin exigirle responsabilidad civil de ninguna clase.

Resultando:

Que la defensa del procesado en igual trámite negó que su defendido hubiera realizado los hechos que se le atribuían, solicitando se dictara sentencia absolutoria.

Considerando:

Que los hechos que se declaran probados son legalmente constitutivos de un delito de sedición definido y castigado en el artículo 249 del Código de Justicia Militar, ya que las palabras pronunciadas por el procesado al ordenar fuesen puestas camas a los individuos de tropa, añadiendo a su expresión que fue dicha en alta voz y de forma que pudiera ser oida por aquéllos, “porque esta gente no es de hierro y va a llegar el momento que no van a querer responder”, eran susceptibles de infundir en quienes no sintieran todo el entusiasmo y abnegación de que se hallaba poseida la guarnición de esta Plaza, el disgusto o tibieza a que se alude en el precepto legal indicado con el grave peligro de que se resquebrajase la debida y obligada disciplina.

Considerando:

Que la conducta atribuida al procesado en la resultancia probatoria, no puede estimarse ligada con vínculos de solidaridad punible con el delito de excitación a la rebelión que se le imputa en este proceso, porque de las pruebas practicadas, de las razones expuestas por la Acusación y Defensa y de las manifestaciones del procesado, sometidas unas y otras a un examen sereno y reflexivo, se forma el convencimiento de que las mencionadas imputaciones carecen a trabes de esos elementos, de consistencia justificativa suficiente para llevar al ánimo de los juzgadores, la persuasión firme y decidida de la perpetración del delito antes indicado, porque cualquiera que fuese su manera de pensar privada con relación al movimiento salvador del Ejército, y de la frialdad o falta de entusiasmo con que recibiera la notificación oficial del mismo, es un hecho indiscutible que desde el primer instante mostró su adhesión a él, laborando por la causa justa que representaba y llegando por propia iniciativa a confeccionar un proyecto de defensa del Cuartel que hubo de entregar a su Jefe Señor Pelejero, sin que por otra parte a sus comentarios acerca de las noticias que en los primeros momentos se lanzaban de de manera contradictoria por las diferentes emisiones de Radio, puedan dárseles el alcance de una excitación a la rebelión, que en todo caso para ser decisiva y eficaz, debió ser reflejada o manifestarse en actos de mando o de consejo, suficientes para apoderarse de la voluntad de la personas a quienes fuese dirigidas, sobre lo que no existe indicación alguna en esta causa.

Considerando:

Que del delito expresado en el primer considerando es criminalmente responsable en concepto de autor por su participación directa, material y voluntaria, el procesado Ricardo Casas Traba.

Considerando: Que en la realización del mismo, no han concurrido ni son de apreciar circunstancias algunas modificativas de la responsabilidad criminal.

Considerando:

Que en el presente caso no han sido exigidas ni cabe imponer al procesado responsabilidades civiles: que la justicia militar es un servicio del Estado que se administra gratuitamente; que los Tribunales impondrán la pena señalada en la extensión que estimen justa y que la prisión correccional por menos de tres años lleva como accesoria la de suspensión de empleo para los Oficiales con los efectos determinados en el art. 193 del Código de Justicia Militar.

Vistos además de los citados los arts. 171, 172, 174, 176, 177, 180, 203, 206 y 340 del citado Código y los 12 y 14 del Penal común, asi como los demás preceptos de general aplicación.

FALLAMOS:

Que debemos condenar y condenamos al procesado Ricardo Casas Traba, como autor criminalmente responsable de un delito de sedición militar, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad, a la pena de seis meses y un dia de prisión correccional, con la accesoria de suspensión de empleo durante el tiempo de la condena con los efectos prevenidos en art. 193: para el cumplimiento de la misma le abonamos el tiempo de prisión preventiva sufrida, poníendose esta sentencia en conocimiento del Iltmo. Señor Auditor.

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Asi por esta nuestra sentencia definitivamente juzgando, lo pronunciamos, mandamos y firmamos – Teniente- entre lineas- vale.

Antonio Alonso

Juan Vara Terán                  Salvador Acha

Enrique Rolandi Pera          Agustín Piñol Riera.

Isidro Cáceres Ponce de León   Nicolás Padilla

Cfr. Causa 91 de 1936 (3761-154-4).- Folios 100, 101 y 102.

ACTA DEL CONSEJO DE GUERRA CONTRA EL COMANDANTE RICARDO CASAS


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En Santa Cruz de Tenerife a cuatro de Diciembre de mil novecientos treinta y seis se extiende la presente en cumplimiento de los preceptuado en el articulo 585 del Código de Justicia Militar, para hacer constar: que en dicha fecha y siendo las quince horas se reunió en la Sala de Actos del Cuartel de Infanteria Tenerife nº 38 de esta Plaza el Consejo de Guerra de Oficiales Generales para ver y fallar la causa instruida contra el procesado Comandante de Infanteria DON RICARDO CASAS TRABA, por el delito de excitación a la rebelión. Dicho Tribunal se hallaba constituido por el Excmo Señor General de Brigada D. Antonio Alonso Muñoz, como Presidente, por el Excmo Señor General de Brigada, D. Salvador Acha Caamaño, Coronel de la Guardia Civil, D. Juan Vara Terán, Coronel de la Guardia Civil. D. Agustín Piñol Riera, Teniente Coronel de Ingenieros D. Enrique Rolandi Pera y Teniente Coronel de la Guardia Civil D. Isidro Cáceres Ponce de León, como Vocales, este último por recusación del Teniente Coronel de Infantería D. Vicente Pelegero Lores, según telegrama del Señor Auditor de Guerra que se une; Vocal suplente el Teniente Coronel de Infantería D. José María del Campo Tabernilla, Vocal Ponente el Magistrado de la Audiencia de esta Capital D. Nicolás Padilla Montoro, con asistencia del Ministerio Fiscal representado por el Teniente del Cuerpo Jurídico D. Pablo Hurtado Izquierdo, y del Capitán de Infantería D. Juan Rumeu García, como Defensor, no hallándose presente el procesado por propio deseo, pero estando a disposición del Consejo.

Dada cuenta de la Causa, con la venia del Señor Presidente, comparece el procesado al que hace varias preguntas el Fiscal acerca de su amistad  con él del Señor Gómez Carbó Capitán de la Caja de Recluta, y habiendole preguntado igualmente si conocía la existencia del Estado de Guerra en los dias en que se desarrollaron los hechos de esta causa, el procesado dijo que si; seguidamente le interrogó la Defensa, diciendo el procesado que estaba compenetrado absolutamente con el Movimiento Militar, y ratificó la entrevista que tuvo con el Capitán D. Juan Pallero el dia 18 de julio según expresa éste en su carta y los consejos que le dio de colocar una Ametralladora apuntando a la puerta de la Federación Obrera y también ratifica las manifestaciones hechas en la declaración indagatoria respecto a su celo por completar el armamento del personal de la Caja de Recluta y distribución de la referida tropa, asi como las proposiciones que hizo al Señor Teniente Coronel Jefe de la Caja para la mejor defensa de la misma, mereciendo que este dijera “Esta bien Casas, esta bien”; hace notar las órdenes que dio para la mayor eficacia del servicio de requisa que se hacia de los coches que pasaban por la Caja, y explicó su buen deseo por el bien de la tropa, para obtener de ella el mayor rendimiento, a lo que obedeció se preocupase por que ésta descansara bien cuando lo permitiese el servicio. Luego manifestó que renunció en el empleo de Comandante al ingreso en Asalto por haber tenido noticias de que estas fuerzas se inhibían con ocasión de los incendios y sucesos de que ya tenia noticias por cartas recibidas de la Península, y él no quería ponerse en el caso de que se le obligase a tolerar eso.

El Vocal Señor Ponce de León hace varias preguntas al procesado para determinar el tiempo que había servido anteriormente en Asalto, desde cuando dejó de prestar servicio en dicho cuerpo, y tiempo que lleva en Canarias.

El Señor Vocal Ponente le pregunta si tuvo conocimiento de la rebelión que se había producido contra el Movimiento de Salvación Nacional, manifestando el procesado que si.

El Fiscal renuncia a toda prueba, y el Defensor manifiesta desea que declare el Señor Teniente Coronel D. Vicente Pelejero, asi como otros testigos que citará. El Señor Presidente toma el juramento de ritual al Sr. Pelejero, quien a preguntas de la Defensa dice que las manifestaciones que ha hecho en el sumario no han obedecido solamente a los informes del personal de la Caja de Recluta sino también a las observaciones propias; que es cierto que el Señor Casas se ocupó de la Defensa de la Caja de Recluta, y que las órdenes de requisa de coches las dio él como primer Jefe y que fueron secundadas por el Comandante Casas Trabas, diciendo que la colocación

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de camastros en el patio de la Caja de Recluta, estaba ordenada como reglamentaria para descanso del personal de Reten.

El Fiscal le pregunta acerca del carácter del Comandante Casas y dice que cree no era reservado sino comunicativo, pero que después del Movimiento solo era con el Alferez Gonzalez de la Llave de su propia ideología; a petición de la Defensa comparece el testigo Capitán de Infantería D. Angel Herrera Zayas, quien manifiesta que el procesado relativamente era poco comunicativo, y que las observaciones que pudo hacer de él constan en la causa. Seguidamente comparece el Capitán D. Aurelio Matos que presta como el anterior el juramento de ritual; a preguntas de la Defensa dice que conoce al Comandante Casas por haber servido juntos, que se enteró de su renuncia de ingreso en Asalto, habiendole manifestado el interesado categóricamente, que a pesar se la conveniencia económica que llevaba consigo no quería dicho ingreso por que la actuación de la política del Frente Popular no le agradaba, y no quería verse subordinado a un gobernador que siguiese esa ideología; manifestó que el Comandante Casas era hombre de pocas palabras, y que al tercer dia del Movimiento le manifestó su entusiasmo por él. Contesta a preguntas del Fiscal acerca de la amistad que le une al procesado manifestando que la natural entre compañeros.

Comparece seguidamente el Sargento Parra hoy Brigada que después de las formalidades de rubrica, contesta al Defensor que oyó al procesado manifestaciones diciendo que la Guarnición de Madrid no era como esta y que el le dijo que dandose de baja no tendria intervención.

Preguntado por el Señor Presidente por extrañeza que causa esta manifestación del Sargento, dice que la hizo obligado por el estado de ánimo que le ocasionaba aquellos momentos de peligro Nacional, a preguntas del Fiscal insiste en que si oyó al Comandante Casas frases de desafecto al Movimiento Nacional. Comparece el testigo D. José Clavijo que contesta a la presidencia que no tiene parentesco ni amistad con el procesado ni interés en la causa. A preguntas de la Defensa dice, que por el conocimiento que tiene del comandante Casas dice que es poco comunicativo, seco, y que una mañana le habia dicho que renunciaba al ingreso en Asalto por no servir la política del Frente Popular, y que dos o tres dias después del Movimiento lo encontró en la calle, y habiendole preguntado su opinión, le contestó que tenia que ser asi por que íbamos al caos. El Fiscal le pregunta donde y a que horas fue la entrevista y aquel contesta que en la calle un poco antes de las nueve de la mañana.

El Defensor solicita la lectura de una segunda carta del Capitán D. Juan Pallero dirigida al Señor Ufetos y que figura al folio 85 de la causa, y asi se hace por orden del Señor Presidente.

Terminada la prueba testifical, y concedida la palabra al Fiscal, éste saluda al Tribunal y estudia con detenimiento el sumario, para justificar la calificación provisional, señalando con detención los cargos que resultan al procesado en el procedimiento por su frialdad y manifestaciones de desafecto al Movimiento Nacional. Se extiende en consideraciones acerca del carácter del Comandante Casas y hace notar la contradicción que existe entre las manifestaciones de este de que no salía de la Caja de Recluta sino a almorzar y cenar y la del testigo señor Clavijo que dice haber hablado con él en la calle aproximadamente a las nueve de la mañana, Se apoya principalmente en las manifestaciones del Brigada Parra que estuvo adherido al Movimiento del 10 de Agosto, por lo cual el Comandante Casas se dirigía con frecuencia a él para zaherirlo por conocer sus sentimientos de afecto a la causa. Comenta la carta del Capitán Pallero para demostrar que no desvirtua los hechos. Dice que examinada la prueba se deduce la desafección del Comandante Casas al Movimiento salvador. Coordina el articulo 240 del código de Justicia Militar y el Articulo 10 del Bando de la Junta de Defensa Nacional y define el delito de excitación a la rebelión con lectura de textos, e indica que no se recoge en el sumario antecedentes anteriores del delincuente, pidiendo para él como autor de dicho delito, la pena de prisión mayor en la extensión de seis años y un dia con accesorias.

El Defensor después de saludar al Tribunal, dice que se ha envuelto al Comandante Casas en este procedimiento por error de apreciación. Analiza la persona del procesado y dice que sus antecedentes constan en la hoja de servicios que figura unida a la causa, calificandolos de brillantes por la conducta que ha observado siempre y hechos realizados. Dice que Casas Traba estaba contra el Gobierno del Frente Popular como lo demuestra

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su renuncia al ingreso como Comandante en la guardia de asalto, a pesar del gran beneficio económico, por no cooperar a la política equivocada seguida por aquel. En cuanto a su actuación después del Movimiento, aparte de las manifestaciones del Capitán Matos y del testigo Clavijo, demuestra su adhesión y su entusiasmo las cartas del Capitán Pallero unidas al sumario. Se apoya en haber tomado por inspiración propia medidas para la defensa de la Caja de Recluta y requisa de Automoviles, todo lo que le acredita como celoso por el triunfo del Movimiento. Dice que el que ha tratado al Comandante Casas sabe que es hombre de pocas palabras y que esa condición suya ha dado lugar a la falsa apreciación o suspicacia que se ha hecho de él. Pone de manifiesto la adversión que se nota en el Brigada Parra y la explica por la antitesis de sus caracteres, siendo este el eje del procedimiento, y de lo que nace el ambiente desfavorable que se creó al Comandante Casas. Dice que la contestación de “Si está bien” a la pregunta del Teniente Coronel, cuando le preguntó si estaba adherido al Movimiento responde a su temperamento por ser como ha dicho hombre de pocas palabras, Expresa su convencimiento de que el Comandante Casas ha obrado siempre bien y que no esta probado su izquierdismo sino por el contrario su derechismo, como se ve por ejemplo por haber sido Delegado Gubernativo en época del Directorio Militar. Y dá por terminado su alegato pidiendo la absolución del procesado y la reintegración de su honor, añadiendo que lo único que ha encontrado en su cargo es el no haber tomado medidas contra el Sargento Parra, por lo que quizás haya incurrido en una falta que merezca corrección gubernativa. A continuación el Señor Presidente pregunta al procesado, si tiene algo que manifestar, a lo que contesta que no.

Con lo cual se dio por terminada la vista quedando el Consejo reunido para deliberar y dictar sentencia, de todo lo que doy fe.

El Teniente Coronel Juez Instructor

José Gómez Romeu

Vº Bº

El General Presidente

Antonio Alonso

Ambas firmas rubricadas.

Cfr. Causa 91 de 1936 (3761-154-4).- Folios 97, 98 y 99.

 

 

CONSEJO DE GUERRA AL COMANDANTE RICARDO CASAS TRABA


 En la Orden General del 2 de diciembre de 1936, de la Comandancia General de las Islas Canarias, leemos:

El próximo dia cuatro del actual a las quince horas, se reunirá en la Sala de Actos del Cuartel del Regimiento Infantería Tenerife nº 38 de esta Plaza, el Consejo de Guerra de Oficiales Generales que han de ver y fallar la causa seguida contra el Comandante de Infantería DON RICARDO CASAS TRABAS, por el  delito de excitación a la rebelión.

EL TRIBUNAL SE CONSTITUIRA EN LA FORMA SIGUIENTE:

PRESIDENTE:

Exclmo Señor General de Brigada, Don Antonio Alonso Muñoz, Movilizado.

VOCALES:

Excmo Señor General de Brigada, Don Salvador Acha Caamaño, Movilizado.

Coronel de la Guardia Civil, Don Juan Vara Terán. Disponible.

Coronel de la Guardia Civil. Don Agustín Piñol Riera. 24º Tercio.

Teniente Coronel Ingenieros Don Enrique Rolandi Pera. Comandancia Obras.

Teniente Coronel Infantería. Don Vicente Pelegero Lores. Caja Reclutas 59.

VOCAL PONENTE

El Magistrado de la Audiencia de esta Capital Don Nicolás Padilla Montoro

VOCALES SUPLENTES:

Teniente Coronel de la Guardia Civil. Don Isidro Cáceres Ponce de León.

Teniente Coronel de Infantería Don José María del Campo Tabernilla

FISCAL

El Jurídico Militar de esta Comandancia General.

DEFENSOR

El Capitán de Infantería, Juan Rumeu García,

JUEZ INSTRUCTOR

El Teniente Coronel de Artillería, Don José Gómez Romeu

Los Señores Jefes Oficiales francos de servicio de esta guarnición quedan invitados para asistir al acto.

Lo que de orden de S.E. se publica en la General de este para su conocimiento y cumplimiento.

EL CORONEL JEFE DE E.M.

TEÓDULO G. PERAL

 Actuaría de Fiscal Pablo Hurtado Izquierdo, Teniente del Cuerpo Jurídico

Sería recusado el teniente coronel Vicente Pelegero Lores, siendo sustituido por el primer Vocal suplente Isidro Cáceres Ponce de León, Teniente Coronel de la Guardia Civil.

 

 

Cfr. Causa 91 de 1936 (3761-154-4)