DE VUELTA EN TENERIFE


Ya estoy de vuelta en Tenerife, tras haber pasado dos reconfortantes semanas en Gran Canaria, donde he podido disfrutar de la maravillosa playa de Las Canteras, la playa de mi infancia y juventud.

He recuperado muchos recuerdos de aquella época.

He sentido el agasajo y la alegría del reencuentro con amigos y amigas, de mi edad, y también más jóvenes.

Y sobre todo, he sentido el fraternal cariño de mis hermanos y sobrinos.

Mi entrañable hermana mayor, PEPA, me ha acogido en su casa, atendiéndome y cuidándome con el esmero de siempre, pues no en vano, siendo jovencita, ella era la encargada por mi madre de cuidar de los tres hermanos pequeños.

Vuelvo revitalizado.

Con más ánimo para reemprender esta ímproba tarea, voluntariamente asumida, de recuperar parte de la historia y memoria de nuestras Islas Canarias.

RECORDANDO A MI AMOR CON ALEGRÍA


Partí de la Isleta (Gran Canaria) para venir a estudiar Ciencias Químicas a la Universidad de La Laguna en Tenerife, con 18 años de edad.

Me hospedé en la misma casa del Barrio Nuevo, en la que ya estaba mi hermana Pepa. Una de las tantas casas que ofrecían comida y cama a los estudiantes, a un precio asequible, conviviendo con la familia de la casa.

A pocos pasos de dicha casa vivía una preciosa muchacha, LOLI, que trabajaba en la farmacia que ocupaba la esquina colindante.

LOLI era una jovencita encantadora, que encandilaba a todos los que la trataban.

Yo era un tipo flaco, bastante alto para la época, algo desgarbado, atildado, y encorbatado.

El 5 de abril de 1963, viernes de Dolores, a las ocho y media de la tarde, más bien noche ya, estaba yo junto a esquina de la farmacia, esperando a que LOLI saliera y cerrara la farmacia.

Me acerqué a ella y solté, de modo acelerado, un discurso que había preparado y memorizado: mi declaración de amor por LOLI.

Ella me miraba, con sus preciosos ojos, sin decir palabra.

No le pedí respuesta inmediata, sino que lo pensara con calma durante la Semana Santa. Esa misma noche partí en el vapor-correíllo para Gran Canaria. A la vuelta de las vacaciones, comenzamos a noviear.

Un noviazgo que se alargó más de cinco años, ya que no pudimos casarnos hasta el 29 de junio de 1968, día mi onomástica, día de San Pedro.

Siempre hemos celebrado estas dos fechas: 29 de junio, 5 de abril. Y, por supuesto, la fiesta móvil del Viernes de Dolores, que en este casi medio siglo transcurrido, no recordamos que haya vuelto a coincidir con 5 de abril.

Cuarenta y ocho años hemos ido juntos de la mano, construyendo una gran familia; cuatro hijos, que nos han proporcionado cuatro nietos: Hugo, Sergio, Claudia, Gara. Y estamos expectantes del bebé que lleva en su seno nuestra hija Maite, que esperamos ver en primavera.

La vida debe seguir. Y sigue.

LOLI, MARILOLA para mi, era, ha sido, una mujer excepcional.

Una preciosa mujer dedicada a su marido.

Una magnífica madre dedicada a sus hijos.

Una abuela encantada y encantadora con sus nietos.

Cuando en 2005, inicié la ardua tarea de pesquisa documental, en que estoy metido, MARILOLA me impulsaba a que fuera a los archivos.

Ella se quedaba en casa atendiendo la casa y tejiendo bufandas y patucos, con las que llenaba de color a sus amigas, primorosamente.

Hasta el día anterior a su ingreso en el Hospital, MARILOLA, – a pesar de que estaba casi ciega por la maculopatía tóxica provocada por el medicamento cloroquina -, estuvo tejiendo. Demostrando una vez más su generosidad, me pidió que le llevara al hospital todas las bufandas que había terminado, para repartirlas entre las enfermeras y auxiliares de la quinta planta del H.U.C.

MARILOLA nos alegró con su propia existencia.

La llama blanca y brillante de su luz se ha apagado. Pero su recuerdo permanece.

El eco de su alegre risa, su bondad, su generosidad, y su coraje, es la herencia y el recuerdo que nos queda.

Debemos recordarla como era.

GENEROSA, SONRIENTE Y VALIENTE.

Aquella preciosa mujercita, a quien una señora pescadera, que venía al Barrio Nuevo a vender sus pescados, le dijo estos inolvidables versos:

QUE OJOS TIENES TAN DIVINOS,

QUE TE LOS DIO UN SOBERANO,

QUE BOCA, QUE PIES, QUE MANOS,

QUE LABIOS DE CORAL FINO.

Recordemos a MARILOLA, con amor y alegría.

Y prosigamos con la tarea iniciada en 2005.

Para continuar y seguir sintiendo el impulso recibido de MARILOLA.

Proseguiremos.

https://pedromedinasanabria.wordpress.com/2011/11/03/maria-dolores-ferreiro-gomez/

MARÍA-DOLORES FERREIRO GÓMEZ


«LOLI»

 REBOSABA AMOR, BONDAD y ALEGRIA. UNA SONRISA AMABLE LA HACÍA FELIZ.

NACIDA EN PUERTO DE LA CRUZ (TENERIFE)

EL 9 DE AGOSTO DE 1944.

FALLECIÓ EN LA LAGUNA (TENERIFE) A LA EDAD DE 67 AÑOS

EL 2 DE NOVIEMBRE DE 2011.

SU ESPOSO:

PEDRO MEDINA SANABRIA.

SUS HIJOS:

PEDRO-ANÍBAL, ELENA, ESTHER y MAITE

SUS HIJOS POLÍTICOS:

 GILBERTO, JESÚS y CARLOS.

SUS HERMANAS:

ANA, CARMUCHA, SILVIA y TOÑI

SUS HERMANOS POLITICOS:

JOSÉ MANUEL, MANOLO, PACO, JOSÉ RAMÓN; MIGUEL, AMBROSIO, PEPA, JUAN, TONI y SARO.

SUS NIETOS, SOBRINOS, PRIMOS y DEMÁS FAMILIARES

PARTICIPAN TAN SENSIBLE PÉRDIDA