CINCUENTA Y DOS PROVINCIAS


Un siglo después, tras la invasión de España por las tropas francesas de Napoleón, se constituyeron en Cádiz las Cortes que confeccionarían la Primera Constitución Española.

La conocida como la PEPA, por su fecha de alumbramiento, 19 de marzo, día que en el calendario católico está dedicado a San José, Padre Putativo de Jesús.

Dato éste que se hacía figurar en la iconografía como PP, de donde deriva el nombre PEPE.

Las Cortes de Cádiz decretaron la supresión de los antiguos reinos y demás demarcaciones políticas, en un intento vano de realizar una nueva y racional división del país en provincias.

Sin embargo, derrotado NAPOLEÓN, la vuelta del Deseado Rey FERNANDO VII, daría al traste con todo lo acordado por dichas Cortes, y con todo lo que tuviera aroma liberal, o liberalizador de España y de los españoles, en 1814.

El Deseado Rey FERNANDO VII, reinaría en España comportándose como un indeseable rey felón.

No es descartable que su personalidad fuera atribuible, además de a su mala educación, a su origen genético.

Su perversa madre MARÍA LUISA, confesó que ninguno de sus hijos era de su esposo CARLOS IV, el bobalicón hijo de CARLOS III.

Rey éste que si ha dejado fama de listo, y de quien se ha contado que viendo a su hijo tan bobo, preguntaba como podría ser rey, semejante hijo cuando él muriera.

Durante el denominado trienio liberal (1820-1823) sería establecida la división provincial ya apuntada por las Cortes de Cádiz de 1812.

FERNANDO VII promulgaría el Real Decreto de 27 de enero de 1822, estableciendo una división provisional del territorio español en 52 provincias, a saber:

1 Alicante, su capital Alicante.
2 Almería, su capital Almería.
3 Ávila, su capital Ávila.
4 Badajoz, su capital Badajoz.
5 Baleares (islas), su capital Palma.
6 Barcelona, su capital Barcelona.
7 Bilbao, su capital Bilbao.
8 Burgos, su capital Burgos.
9 Cáceres, su capital Cáceres.
10 Cádiz, su capital Cádiz.
11 CALATAYUD su capital Calatayud.
12 CANARIAS (islas), su capital Sta. Cruz de Tenerife.
13 Castellón, su capital Cast15ellón de la Plana.
14 Ciudad-Real, su capital Ciudad 17Real.
15 CHINCHILLA, su capital Chinchilla.19
16 Córdoba, su capital Córdoba.
17 Coruña, su capital Coruña.
18 Cuenca , su capital Cuenca.
19+ Gerona, su capital Gerona.
20 Granada, su capital Granada.
21 Guadalajara, su capital Guadalajara.
22 Huelva, su capital Huelva.
23 Huesca, su capital Huesca.
24 Jaén su capital Jaén.
25 JÁTIVA, su capital Játiva.
26 León, su capital León.
27 Lérida, su capital Lérida.
28 Logroño, su capital Logroño.
29 Lugo, su capital Lugo.
30 Madrid, su capital Madrid.
31 Málaga, su capital Málaga.
32 Murcia, su capital Murcia.
33 Orense, su capital Orense.
31 Oviedo, su capital Oviedo.
35 Palencia, su capital Palencia.
36 PAMPLONA, su capital Pamplona.
37 Salamanca, su capital Salamanca.
38 S. SEBASTIÁN, su capital S. Sebastián.
39 Santander, su capital Santander.
40 Segovia, su capital Segovia.
41 Sevilla, su capital Sevilla.
42 Soria , su capital Soria.
43 Tarragona, su capital Tarragona.
44 Teruel, su capital Teruel.
45 Toledo, su capital Toledo.
46 Valencia, su capital Valencia.
47 Valladolid, su capital Valladolid.
48 VIGO, su capital Vigo.
49 VILLAFRANCA, su capital Villa franca.
50 VITORIA, su: capital Vitoria.
51 Zamora, su capital Zamora.
52 Zaragoza, su capital Zaragoza.

LA PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN


Entre las más de ochenta vías (calles, avenidas o plazas) cuyos nombres han sido cambiados a lo largo de la historia de nuestra Ciudad, sin duda alguna, la que más mudanzas de nombres ha sufrido es la que hoy es conocida oficialmente como PLAZA DE LA CANDELARIA.

El rumano afincado en Tenerife, Alejandro Cioranescu, – galardonado con el Premio de Canarias -, en su monumental obra «Historia de Santa Cruz de Tenerife», Tomo IV, dedica el apéndice XI a las CALLES DE SANTA CRUZ.

En su página 520 leemos:

CONSTITUCIÓN (Plaza de la).

Plaza principal de la ciudad. Se ha llamado antiguamente plaza del Castillo (siglo XVI), de la Pila (siglo XVIII, hasta mediados del siglo XIX) y simplemente la Plaza. Se le ha dado el nombre actual en 1813, en recuerdo de la Constitución de Cádiz. La restauración absolutista le ha cambiado el nombre en plaza Real (1814); luego se ha vuelto al de Constitución (1820), al Real (A: 22/4.1824) y otras veces más, según las vicisitudes políticas. Durante el período republicano (1932-5/10.1936) se ha llamado plaza de la República. Más comúnmente se le conoce con el nombre popular de plaza de la Candelaria (11).

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La evidencia documental pone de manifiesto que el conspicuo rumano ha demostrado carencia de rigor y escaso respeto por la Historia, debido a su inveracidad, y lo que es peor, siendo inexacto en algunas de sus dataciones.

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Ya de entrada sorprende que diga que el nombre actual de la Plaza sea de la Constitución, afirmación que podemos achacar a un lapsus calami. Aunque ello no le excusa del error.

Mas, hay otras inexactitudes que demandan mayor explicación.

En mi búsqueda de documentos en el Archivo Municipal de Santa Cruz de Tenerife, para datar los nombres de plazas y calles, he retrocedido hasta el 11 de enero de 1813, encontrado el acta de la sesión municipal, en la que se acuerda denominar a la Plaza de la Pila con el nombre de la Constitución.

Acta que me parece una joya política-literaria.

A pesar de mis limitados conocimientos en hermenéutica de manuscritos, me he atrevido a realizar la trascripción de la parte de la misma, en la cual se adopta el acuerdo de asignación del nuevo nombre.

Espero no haber metido mucho la pata.

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EL ACTA DE 11 DE ENERO DE 1813

El acta comienza en el folio 112 vuelto del Libro de Actas de 1813

En la Villa de Santa Cruz de Santiago de Tenerife á once de Enero de mil ochocientos trece. Para celebrar Cabildo concurrieron el Sor, D. Ángel Josef Soverón, Gefe superior político en Comisión de estas Islas, Presidente y los Sres. Alcalde de segunda elección D. Antonio Quevedo, D. Antonio Roca, D. Francisco Delgado, D,. Rafael Contreras, D, Vicente Martinón, D. Josef Sansón, D, Josef Álvarez Regidores, y D. Pedro Mendizábal Procurador Síndico de primera elección; y después de leída la acta por mi el Escribano, se trató de los particulares que comprende como sigue =

En el folio 116 aparece el texto por el que se denomina Plaza de la Constitución a la que hoy conocemos como Plaza de La Candelaria.

 

El Sor. Gefe Presidente, Dixo: que como su destino a estas Islas Canarias ha nacido de la sabia y justa Constitución política de la Monarquía Española, cuya puntual observancia es la alhaja que más aprecia, ha traído consigo una bella impresión de este Código Nacional, y en señal de que mira con reconocimiento a este Iltre. Ayuntamiento por haber sido en él donde ha jurado y posecionadose en su empleo, cuya circunstancia le es muy recomendable, hace a este cuerpo el corto obsequio de dicha impresión, que cree ver grande, si con generosidad, como se lo promete, se llena el grande deber de su cumplimiento, a que conspiran sus deceos. Asimismo insinua, haber advertido faltar en la Plaza donde se le ha informado se publicó dicha Constitución, la inscripción que está decretada por las Cortes se ponga, dandole tan elevado nombre, y sirviendo de perpetuo testigo a la posteridad, cuyo monumento, y otro que indique, como cosa las mas interesante, el artículo veinte y quatro de la misma Constitución en quanto dice se suspenden los derechos de ciudadano Españo a os que no sepan leer y escribir el año de mil ochocientos treinta: los pone en la consideración de esta Sala, para que proporcione objetos que causarán ejemplo, y estímulo de muchas ventajas al Estado.—– En su virtud, los Sres. Consejales dieron muchas gracias al Sor. Gefe Presidente por el obsequio que acaba de hacer, manifestadole quan grata le ha sido á esta Villa la suerte que le ha cabido en disfrutar la primera, de tan digno Gefe, a cuyas ideas beneficiosas decean cooperar, y las pondrían desde luego en practica con respecto á las lapidas que deben contener  las dos inscripciones de que ha hecho memoria si hubiera fondos publicos de que valerse, pues de nada de los cuantiosos Propios que tiene esta Ysla ha podido conseguir algo para sus necesidades y urgencias que solo han sido atendidas por este vecindario, el qual en el día está imposibilitado de contribuciones por el retraso que ha padecido su Comercio, que es el ramo de sus subsistencia, a causa de la repetida epidemia que lo ha cortado; pero que no se perderá de vista poner en practica una y otra cosa que son bien utiles al Estado, de cuyo fomento no se ha desentido este Pueblo. =

Así se concluyó este acto, y el Sor. Gefe Presidte.mandó guardar lo acordado, firmandolo con el Sor. Regidor mas ant. presente de que doy fee.=

Así ha quedado reflejada documentalmente la arribada a Tenerife de un ejemplar del texto de la Primera Constitución Española.

Por el acuerdo reflejado en el acta de 13 de enero de 1813, la antigua Plaza del Castillo, ubicada enfrente y por encima, al poniente, del Castillo Militar de San Joaquín, comenzó a ser conocida como Plaza de la Constitución.

LA PEPA

 

La Primera Constitución Española había sido aprobada por las Cortes de Cádiz, el 19 de marzo de 1812, día de San José P.P., onomástica que hizo que tal Constitución fuera conocida como LA PEPA.

Constitución que, siendo un avance en el largo camino hacia la instauración de la democracia en España, adolecía de los malos hábitos democráticos de aquellos tiempos.

La Pepa gaditana proclamaba en su artículo segundo que «la nación  española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.»

En el artículo siguiente enfatiza que «la soberanía reside esencialmente en la nación.»

Pero ¿cómo accedían los representantes de la nación a sus puestos?

El artículo 92 especificaba:

«Se requiere además para ser elegido diputado de Cortes, tener una renta anual proporcionada, procedentes de bienes propios.»

O sea que había que ser rico para poder ser diputado.

Con esta especificación podemos decir que la Pepa no era muy democrática, o nada democrática, aunque ello implica emitir un juicio diacrónico.

En realidad esta Constitución de 1812, teniendo el mérito de ser la primera, se enfocó a limitar el poder absoluto del Rey, que se derivó hacia el poder de la oligarquía tenedora de la riqueza.

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6 DE JUNIO DE 1815

 

En el acta de la sesión municipal de fecha 6 de junio de 1815, – folio 48 del correspondiente libro -, puede leerse:

Por el Sor Alcalde Presidente se hizo presente que en atención a que se acaba poco tiempo hace de adornar la Plaza principal del Castillo a costa del vecindario, y que habiendo este dado en todos tiempos señales de su amor y fidelidad a nuestro Soberano el Sor D Fernando Setimo, parecia muy propio que en su obsequio se marcase la expresada Plaza con el sobrenombre del Rey (Dios lo guarde) en cuya vista los demas Sres, presentes Dijeron; que sin embargo de ser tan honorifico el titulo de S.M en todos casos y dulce el invocarlo constantemente, se reserva deliverar sobre la materia =

Los señores presentes, consignados en esta acta de fecha 6 de junio de 1815, fueron estos siete:

Josef Crosa Alcalde Rl Ordinario, Presidente.

Josef Maria de Villa Regidor

Patricio Anran de Prado, Síndico Personero.

Miguel Domínguez

Francisco Riverol

Ventura Rios

Francisco Salazar

De estos cuatro últimos dice el acta que son Diputados.

Y en la cabecera del acta se hace constar que concurrieron

En la Villa de Santa Cruz de Santiago de Tenerife

Para celebrar Cabildo

 

21 DE NOVIEMBRE DE 1823 PLAZA REAL DEL CASTILLO

 

En el anotado párrafo, tan prolijeado por el conspicuo Alejandro Cioranescu, éste omite la referencia a la mudanza de nombre registrada en 1823.

El registro de esta mudanza figura en el acta de la sesión municipal del 21 de noviembre de 1823, comenzando al final del folio 7 vuelto, y continuando en el folio 8, es de este tenor:

Habiendo manifestado el Sor Presidente que el Exmo Sor Comandante General le ha dicho que en varias partes de la Peninsula se ha puesto a la Plaza de la Constitución el nombre del Rey el Sor Dn Fernando septimo y deseando este Cuerpo manifestar tambien la decidida adheción a S.M. Acuerda; que la Plaza q. hasta el dia diez se llamaba de la Constitución, buelva a tener su antiguo nombre del Castillo con el añadido de Rl. que es decir que hoy se llame: Plaza Rl. del Castillo; cuyo mote se fijará en el sitio qe sea mas propio comisionando pa. qe. lo verifique al Cabo Regidor Dn Matias del Castillo, de todo lo cual se dé aviso al Exmo Sor Comandante General pa su satisfaccion e inteligencia.

Como puede verse, por este acuerdo de 21 de noviembre de 1823, la Plaza recupera su nombre antiguo, ornado con el epíteto Real.

No es de extrañar la muestra de vasallaje de aquellos munícipes al «deseado» rey Fernando VII.

Indeseable rey felón y liberticida, que tras haber jurado la Constitución, a la primera oportunidad que tuvo, violó su juramento, contando para ello con la ayuda de un ejército de 130 mil extranjeros, conocidos históricamente como los CIEN MIL HIJOS DE SAN LUIS (Cent Mille Fils de Saint Louis), que bajo el mando del Duque de Angulema, llegó desde Francia hasta Cádiz, ciudad que sitió y bombardeó salvajemente.

Este indeseable rey Fernando VII había declarado, por Real Deceto de 1º de octubre de 1823, «nulos y de ningún valor todos los actos del gobierno llamado constitucional».

Y mediante otro Real Decreto, de fecha 17 de octubre de 1824, este malvado rey, pondría en marcha una cruel represión generalizada, «con el fin de que desaparezca para siempre del suelo español hasta más remota idea de que la soberanía reside en otro que en mi real persona».

Así, Fernando VII puso, negro sobre blanco, su convicción de que el Estado Español era su predio particular heredado, machacando al pueblo indefenso, mientras ignoraba los preciosos principios proclamados en la Pepa gaditana, que como hemos visto, decía en su artículo segundo que «la nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona.», y en el artículo siguiente enfatizaba que «la soberanía reside esencialmente en la nación.»

 

PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN EN 1934

El 28 de julio de 1934, FRANCISCO MARTÍNEZ VIERA, estando en funciones de Alcalde Accidental, sustituyendo a TOMÁS DE ARMAS QUINTERO, presenta este escrito:

AL EXCMO/. AYUNTAMIIENTO.

Excmo.Sr:

Generalmente se viene llamando Plaza de la República a la de la

Constitución, lo que origina confusiones perjudiciales para el Comer-

cio, viajeros, etc .

Cuando al advenimiento de la República el Ayuntamiento consideró conveniente cambiar los nombres de algunas calles y plazas, su acuerdo

no alcanzó, acaso por no existir razón para ello, a la plaza de la Cons-

titución, a la que, en la actualidad y oficialmente, corresponde este nom-

bre.

Pero la Alcaldía, al observar la reiterada frecuencia con que se

usa el calificativo República, se estima en el deber de recoger el deseo

que espontáneamente se manifiesta en el sentido de acusar una omisión

y, con fundamento en ello, tiene el honor de proponer a V.E. que si lo

estima oportuno acuerde dar el nombre de “Plaza de la República” a la

que ha de quedar formada a la entrada de la ciudad entre el muelle y

el edificio del Cabildo insular.

Si así se acordase no habría ya lugar a la confusión antes indica-

da, y e1 deseo general quedaría complacido al rotularse “Plaza de la Re-

pública» a la que es objeto de esta propuesta.

Casas Consistoria1es, 28 de julio de 1934

El Alcalde

[firmado y rubricado, legible F M Viera]

Tres días después, el 1º de agosto de 1934, se reunió el Excelentísimo Ayuntamiento en sesión pública ordinaria de segunda convocatoria, citado con arreglo a las disposiciones vigentes, bajo la presidencia del señor Alcalde don Tomás de Armas Quintero [Republicano] y con asistencia de los señores concejales consignados:

 

Eulogio Reyes y Reyes [Monárquico]

Sebastián Déniz Hernández [Republicano]

Francisco Martínez Viera [Republicano]

Moisés Cova Hernández [Republicano]

Francisco García Martín [Socialista]

Abierta al sesión, el Secretario Hipólito Fumagallo y Medina, dió lectura al acta de la sesión anterior que fue aprobada por unanimidad y sin discusión.

Se dio lectura a una moción del Sr. Martínez Viera, que luego apoya, referente a que se de el nombre de Plaza de la República a la que quedará en la Avenida Marítima y el nuevo edificio del Cabildo Insular, para evitar así las confusiones que hoy existen debido a que algunos llaman a dicha, dícese Plaza de la República a la de la Constitución.

 

Estima el señor Martínez Viera que el nombre de Constitución no se ha abolido por el Ayuntamiento, no existiendo razón para suprimirlo.

 

Cree que la nueva plaza será digna del nombre que ha de llevar.

 

Después de un breve debate en el que intervienen los Sres. Francisco García Martín, y el concejal proponente, S.E. acuerda aprobar la propuesta formulada.

 

Entra el Sr. Eladio Arroyo Herrera.

 

Repárese en las expresiones empleadas en su escrito por el proponente y las diferencias o matizaciones recogidas en el acta de la sesión.

Esta sesión de 1º de agosto de 1934, sería la última sesión presidida por el Alcalde TOMÁS DE ARMAS QUINTERO.

RAFAEL J. CALZADILLA DUGOUR, se haría cargo de la Alcaldía provisionalmente durante dos semanas, hasta que el 16 de agosto de 1934, es nombrado para este puesto FRANCISCO MARTÍNEZ VIERA, quien ocupó el sillón presidencial hasta el 12 de marzo de 1936, fecha en la que dimitiría, tras producirse la victoria del Frente Popular.

Obsérvese que la propuesta de FRANCISCO MARTÍNEZ VIERA no pretende cambiar el nombre de la Plaza de la Constitución, sino muy al contrario mantener dicho nombre, y que se le dé el nombre de Plaza de la República, a la nueva plaza a construir entre el Cabildo y la Avenida Marítima.

Esto es, estamos en presencia de una nueva operación para darle nombre a una plaza proyectada y que ni siquiera había comenzado su construcción.

Un caso paralelo al de la Plaza de Primo de Rivera tampoco construida, y casi en la misma ubicación prevista para la anterior.

Conviene tener presente que nos estamos refiriendo al lugar en el que hoy está la PLAZA DE ESPAÑA y aledaños.

Al llegar a este punto necesitamos retomar el texto previamente subrayado de la sesión de fecha 21 de julio de 1930, sesión en la cual el Alcalde Don SANTIAGO GARCÍA SANABRIA manifestó que la lápida para la Plaza de Primo de Rivera, se adquirió por acuerdo de la Corporación, para colocarla en dicha plaza; pero que por el derribo del Castillo de San Cristóbal, no se tenía sitio para ella, por lo cual se había dispuesto no colocarla, estando esa placa pendiente de lo que la Corporación en definitiva acuerde.

O sea, que en 1930 como consecuencia del derribo del Castillo de San Cristóbal, no había quedado sitio para construir la Plaza proyectada con el nombre de Primo de Rivera.

Y cuatro años más tarde, en 1934, el Alcalde FRANCISCO MARTÍNEZ VIERA trae la propuesta de nuevo nombre para una plaza que ha de quedar formada a la entrada de la ciudad entre el muelle y el edificio del Cabildo insular.

¿Había sitio o no había sitio?

 


LAS PLACAS DE AZULEJOS

Pero no quedó ahí el tema.

En la sesión celebrada dos semanas después de la aprobación de la propuesta de Plaza de la República preconizada por Francisco Martínez Viera, el 15 de Agosto de 1.934, se dió cuenta de un informe de la Sección de Fomento, en el que se dice que las placas de azulejos adquiridas por suscripción popular con los nombres de “Plaza de la República” y de «Don  Adolfo Benítez», deben ser aceptadas, dando las gracias a los donantes y que, en cuanto a su colocación, se espere, para la de la Plaza de la República, a que sea una realidad una vez que construyan los edificios allí proyectados, y que se coloque desde ahora la destinada a Don Adolfo Benítez.

El Sr. Francisco García Martín, apoya el aludido dictamen, que suscribe, diciendo que deben ser aceptadas aunque por algunos se juzgue que no sean todo lo a propósito que fuera de desear.

El Sr. Esteban Pérez Barrera, dice que siente  intervenir en este asunto, pero se ve obligado hacerlo para manifestar que no esté conforme con que sean colocadas esas lápidas, por no considerarlas adecuadas para ponerlas en los sitios que se indican.

Estima que el Ayuntamiento pudiera encargar la confección de placas para ser colocadas en los lugares dichos, de acuerdo con un sentido de estética que  hermanase con la importancia de los lugares aludidos.

Por último S.E. acordó que quedaran a la exposición de los Señores Concejales las lápidas donadas para que examinadas por estos digan si procede o no emplazarlas en los indicados sitios: dejando sobre la mesa el expediente correspondiente.

Es escrito de donación de las placas era del siguiente tenor:

Al Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife.

Excmo. Sr.

Francisco González Trujillo, mayor de edad, de esta vecindad, con domicilio en la calle Ferrer nº 49, a V.E. atentamente expone:

Que por iniciativa de varios entusiastas, se llevó a efecto una suscripción encaminada a recaudar fondos para la adquisición de dos artísticas placas de azulejos con el nombre de la Plaza de la República y otras dos con el del ciudadano, ya fallecido, don Adolfo Benítez y estando ya en nuestro poder dichos rótulos, son asi mismo nuestros deseos el que queden colocados en sus respectivos sitios a cuyo fin dirijimos la presente instancia a ese Excmo. Ayuntamiento a fin de que, previa entrega de las mimas, se sirva, si así lo tiene a bien, ordenar su rápida colocación.

Es gracia que espera alcanzar de V.E.

Sta Cruz Tenerife 28 de Julio 1934

 

[Firmado y rubricado, legible Francisco González]

Parece que el autor de esta instancia no dominaba la escritura burocrática, y tampoco andaba muy fuerte en sintaxis. Aunque en buena voluntad y generosidad estaba sobrado.

La coincidencia de la fecha de esta instancia con la de la proposición de Francisco Martínez Viera es curiosa.

Parece como si fuera una constante de la municipalidad santacrucera confeccionar las placas de las plazas, antes de haber construido las mismas.

En la sesión siguiente celebrada el 22 de agosto de 1934, se retoma la cuestión, que aparece reflejada en el acta de la siguiente forma:

 

Se dio cuenta del asunto dejado en la sesión anterior, sobre la mesa y que se refiere a un informe de la Comisión de Fomento en el que se propugna por la aceptación de unas placas de azulejos adquiridos por suscripción popular con los nombres de «Plaza de la República» y «Adolfo Benítez”, para ser colocadas en las que llevan los titulares respectivos.

El Sr. Francisco García Martín apoya el dictamen y cree que deben ser aceptadas esas placas, pues aparte de que a el no le desagradan, sabe que bastantes personas son de su parecer.

Cree que no haya inconveniente para su aceptación ya que sería de pésimo efecto, inclusive, desairar a los donantes.

El Sr. Esteban Pérez Barrera se ratifica en lo que anteriormente y sobre el particular había expresado, lamentando que los adquirentes no hubiesen tenido el cuidado de consultar con el Ayuntamiento dichos modelos al objeto de que al adquirir las placas tuviesen de antemano la conformidad municipal.

Insiste en que no son de buen gusto las mismas y no basta la gratuitidad de ellas para que se ofenda al buen gusto

El Sr. Francisco García Martín propone que se acepten y se den las gracias, y después de otras manifestaciones de varios señores concejales, el Ayuntamiento así lo acuerda, sin que ello implique que las mismas sean emplazadas en los lugares referidos.

 

Extraño acuerdo de aceptación de unas lápidas para las cuales no se decidía su colocación.

Como las buenas formas no estaban reñidas con la acción política, el Ayuntamiento, envía al autor de la instancia antedicha el siguiente escrito:

7ª. Fomento

..

El Excmo. Ayuntamiento en sesión celebrada el día 22 del pasado mes de Agosto adoptó el siguiente acuerdo:

“Aceptar las placas de azulejos adquiridas por suscripción popular con los nombres de “Plaza de la República” y “Adolfo Benítez”, dandole las gracias a Vd. y a los demás donantes de las mismas por su desinteresado desprendimiento”

Lo que le comunico a Vd para su conocimiento y como resolución a su instancia de fecha 28 de Julio ppdo.

Viva Vd muchos años.- Santa Cruz de Tenerife 7 de Septiembre de 1934.

 

Sr. Don Francisco Gonzalez Trujillo.- Ferrer 49.

Como puede verse en esta carta agradeciendo las placas de azulejos adquiridas por suscripción popular, no se menciona para nada que el acuerdo municipal no implicaba su emplazamiento.

¿Cortesía o hipocresía política?