PADECIENDO UN ATAQUE CIÁTICO Y UNA HERNIA



DON AGUSTÍN PIÑOL RIERA, General de Brigada de la Guardia Civil con destino de Segundo Jefe en la Inspección General de su Instituto.

C E R T I F I C O: Que habiendo sido requerido para declarar en exhorto dimanante de procedimiento número doscientos veinticinco en averiguación de la conducta observada por un Jefe y tres Capitanes del Instituto de la Guardia Civil, con motivo del Alzamiento Nacional el día diez y ocho de julio de mil novecientos treinta y seis, debo manifestar y manifiesto que Juro decir verdad, que estoy enterado de las penas en que incurre el reo de falso testimonio y, por lo que a las generales de la Ley respecta, digo: Que me llamo como queda dicho, de sesenta y dos años de edad, casado, natural de Zaragoza y vecino de Madrid, con domicilio en la calle de Montesquinza número seis, bajo, derecha; General de Brigada con destino en la Inspección General de la Guardia Civil como segundo Jefe de la misma; que conozco al hoy Coronel, Don Isidro Cáceres y Ponce de León, así como al Comandante Don Ignacio Gárate Echeto y Capitanes Don Guillermo Candón Calatayud y Don Gorgonio Pérez Velasco (hoy Comandante) y a Don Rafael Herrera Zayas; sin que me comprenda ninguna de las restantes generales de la Ley.

P R E G U N T A D O, a tenor del interrogatorio adjunto, manifiesto:

 A LA PRIMERA: Como queda dicho.

A LA SEGUNDA:

Que a las TRES horas de la madrugada del dia diez y ocho de julio de mil novecientos treinta y seis, llamó a la puerta de mi casa el entonces Teniente Coronel, señor Cáceres, diciéndome que venía a poner en mi conocimiento que a las CINCO de aquella mañana, el hoy Teniente Coronel de Infantería, Don Alfonso Moreno Ureña, con una Compañía del Regimiento, iba a declarar el estado de Guerra y a tomar el Gobierno Civil.- Yo le dije: Pero, ¿es cierto? – y, al afirmármelo, dije: ¡Gracias a Dios!”, agregando que fuera a ponerse de uniforme y se personase en las Oficinas de la Comandancia y que se diera aviso a todos y que se diera aviso a todos los que vivian fuera, para que se concentrasen en el mismo local y en el Cuartel del Pilar. Por mi parte, me vestí y marché a la Comandancia donde acudieron todos menos él, que lo efectuó por la mañana, pero muy tarde. Que no es cierto me dijera que él y la fuerza se habían sumado al Movimiento, ni podía haberlo expresado por una causa muy natural, cual la que no había tenido tiempo de ponerse al habla con nadie, dada la hora. Y es inexacto, también, el que viniera para ver si el declarante daba su conformidad, pues de haberme insinuado tal sugerencia no se lo hubiera consentido, pues él sabía sobradamente cual era mi manera de pensar.

A la TERCERA:

Que dado el corto tiempo que estuvimos juntos antes del glorioso Movimiento – pues el declarante llegó a Tenerife en los últimos días del mes de mayo y el señor Cáceres vino a la Península por la familia – poco fue lo que pudimos hablar. Pero desde luego lo conceptuó siempre dispuesto a estar al lado de la CAUSA NACIONAL.

A LA CUARTA:

La fuerza de la Capiatl quedó distribuida entre el Cuartel del Pilar y las oficinas de la Comandancia. En el Pilar, quedó con la fuerza el Jefe de la línea y en las Oficinas el declarante, el Teniente Coronel, el Comandante, los tres Capitanes y el hoy Teniente Zalaya.

A LA QUINTA:

Los servicios que prestó la fuerza fueron múltiples y ordenados por mi y cumplimentando todo lo que la Comandancia General ordenaba. Que al mando lo tomé (aunque no estaba declarado el estado de Guerra) desde el momento en que me comunicó el señor Cáceres que se iba a declarar. Y que, en las primeras horas del dia diez y ocho, fui a la Comandancia General donde el Coronel Jefe de Estado Mayor, señor Peral, me comunicó, para que yo lo hiciera a Las Palmas, una orden del general Franco que yo transmití por radio inmediatamente.

La fuerza, además de varios servicios permanentes ordenados, durante la noche salian patrullas que en sus recorridos eran tiroteados alguna vez.

Cuando se hizo cargo de la Comandancia el General Dolla (q.e.p.d.), al igual que antes de su llegada iba el declarante diariamente a darle las novedades y a recibir instrucciones. Y, por orden de dicha superior Autoridad, se establecieron en los pueblos del Archipiélago destacamentos compuestos por Guardias y Falangistas de primera linea, a los que se les asigna educación para su vigilancia.

A LA SEXTA:

Que en la tarde del diez y ocho, al intentarse un asalto del Gobierno Civil, se produjo un tiroteo en la plaza donde estaba enclavado dicho edificio y en la San Francisco, donde los Guardias de Asalto (cuya sublevación ignorábamos) haciendo al parecer fuego sobre unas turbas que venían de la otra plaza dando gritos diciendo “que el movimiento había fracasado. El Capitán, señor Herrera, quiso salir con fuerzas a la calle para oponerse a los revoltosos, pero el declarante, ante la posibilidad de que pudieran venir en dirección a nuestra dependencia, dada la escasez de fuerza disponible, se opuso a ello y ordenó distribuyera la fuerza en la calle, resguardada en los zaguanes de las casas y en un callejón sin salida que hay enfrente en el caso de venir en esta dirección hacer frente a ellos a la vez que de esta manera era defendida la Comandancia, en la que además de la Caja había armamento y municiones. La actitud del Capitan Herrera fue sin duda mal interpretada; (cosa no sabida por el señor Cáceres, y creyó que este Capitan iba contra el Movimiento. El declarante, conociendo al mencionado Capitan jamás interpretó su actuación en el sentido dado por el Teniente Coronel Cáceres. Los hechos posteriores me han dado la razón. Como dejo dicho, nosotros ignorábamos que los Guardias que estaban haciendo fuego, fueran sublevados; no lo supimos hasta mucho después, cuando la Comandancia General nos dio la orden, por mi conducto, de que por un Oficial fueran conducidos al castillo de Paso Alto, conducción que llevó a cabo el Capitan, Don Rafael Herrera Zayas.

Que en la madrugada del diez y nueve, como el declarante estaba padeciendo un ataque ciático y una hernia (de la que fue operado) y llevando mas de veinte horas sin reposo, viendo que no había ninguna novedad dije me iba a recostar, pero no a dormir. En este estado y como me había venido a molestar el Coronel, Don Jose Cauna Pineda (q.e.p.d.), me levanté y fui al despacho del Teniente Coronel (que estaba inmediato) y donde estaban hablando los demás allí acuartelados, con los que estaba también el Teniente Coronel Cáceres. Se hacían comentarios sobre las noticias que daba la radio ROJA, y yo, aludiendo al Glorioso Movimiento, expuse mi criterio decidido como contrario a esos bulos rojos, pero sin que por parte de nadie expusiera deseo de no estar afecto a él y prueba de ello es que, cuando lo consideré oportuno, dispuse que en vista de la tranquilidad que reinaba podíamos, sino dormir, descansar quedándose montado el servicio de vigilancia en azoteas y zaguanes, y uno de los Capitanes, y asi se hizo, siendo el Capitan Candón, o Pérez Velasco, quien se quedó; prueba palpable de que no había ninguna discrepancia de criterio. Y jamás ninguno protestó para cumplimentar cuantos servicios se les ordenó.

A LA OCTAVA.

No hubo lugar a tomar ninguna medida por no haber motivo para ello. De haberla, no hubiera titubeado en detener y poner a disposición de la Autoridad Militar al que hubiera manifestado su desafección al Movimiento.

A LA NOVENA

Ignoro si alguno de los Guardias oiría lo que se hablaba.

Ellos estaban en la planta baja del edificio.

A LA DECIMA

Ignoro que pudiera decirle nada el Jefe de Estado Mayor, señor Peral, ni posteriormente al General DOLLA, puesto que había ocurrido.

Ahora bien; como el señor Cáceres, con tal de aparecer como un héroe es capaz de forjar las mayores fantasías no sería nada extraño forjarse una mas; pues el haber estado en VILLA CISNEROS lo ha explotado bastante.

A LA UNDECIMA

El Teniente Coronel Cáceres obraba por su cuenta e iba sin mi conocimiento a la Comandancia General, no ocupándose de sus  obligaciones, por lo que tuve que llamarle la atención en dos ocasiones.

A LA DUODECIMA

El concepto que he tenido y sigo teniendo de los Comandantes, GARATE, CANDON, PEREZ VELASCO y Capitan HERRERA, es, que son unos perfectos CABALLEROS y de un alto espíritu militar en armonía con el Movimiento, como lo prueba el que el Capitan Herrera ha hecho la Campaña desde diciembre de 1936 en el frente de Córdoba, primero al mando de una Bandera del segundo Batallon de Falange de Canarias y con el mando de dicho Batallon llevando a este a hechos muy destacados para la Causa Nacional

El Capitan Candon, siendo Ayudante del Tercio, pidió voluntariamente venir al frente y ha permanecido desde marzo de 1938 hasta la total liberación en TALAVERA y otros frentes del TAJO.

El Comandante GARATE y el Capitan PEREZ VELASCO han estado en el frente de Levante, al mando de un GRUPO de Compañias expedicionarias el primero y de una de estas Compañías el segundo.

A LA DECIMO TERCIA:

Desde la madrugada del diez y ocho de julio que tomé el mando y dirección de todo el servicio, todos cuantos se disponían eran ordenados por mi; y prueba de ello es el que por el Ayudante, señor Candon, se llevaban las papeletas de todo servicio en la Oficina de mi mando.

A LA DECIMO CUARTA:

Respecto al señor Cáceres, debo exponer: Que transcurrido cierto tiempo y vista la normalidad existente, ordeno al citado Jefe ejerciera como Jefe de la Comandancia las funciones inherentes al cargo, dando todas las ordenes por su conducto. Y, una de las que di, fue la de que vigilase todos los DESTACAMENTOS que por orden del General DOLLA se habían establecido. Esta orden tuve necesidad de dársela por segunda vez. Y al enterarme de que se había permitido modificar una que me había sido dada por dicha Autoridad y ordenado por su cuenta lo contrario, le llamé la atención por escrito y al hacerlo personalmente me contestó que veía era objeto de persecución por parte mia y me pedia autorización, que le concedí, para pedir irse de la Comandancia; cosa que estaba deseando para evitarme el tomar una determinación enérgica con él. De todo ello di cuenta al General y le rogué me lo quitase, pues no estaba conforme con ciertas actuaciones impropias que estaba desempeñando y que me reservo.

El General accedió y lo destinó al mando de las Milicias de Falange, en cuyo cargo estuvo hasta que al General Dolla le sustituyó el General Guerra Zagala. Y, al dárseme la orden de que se hiciera cargo de la Comandancia, me presenté a dicha Autoridad a exponerle que no podía estar conforme, explicándole las causas que ya lo había hecho por escrito, y entonces el General me ordenó que le diera el mando. Y como resultado, se pidió  su traslado y fue DISPONIBLE a Valladolid.

Y para que conste y en respuesta al precedente interrogatorio, expido el presente certificado, en el que me afirmo y ratifico, en Madrid, a ocho de enero de mil novecientos cuarenta.

Agustin Piñol

Riera

[Firma rubricada]

Cfr.: Causa 88 de 1940 [5842-191-29] – Folios 50 y 51.

EXHORTO AL GENERAL DE LA GUARDIA CIVIL AGUSTÍN PIÑOL RIERA


En el folio 45, datado el 31 de agosto de 1939, en nombre y representación de MARIANO GARCIA CAMBRA, AUDITOR DE GUERRA Y AUTORIDAD JUDICIAL DE LA COMANDANCIA GENERAL DE CANARIAS, el Coronel Juez Instructor SALVADOR IGLESIAS DOMÍNGUEZ había plasmado su exhorto para que le fuera recibida declaración certificada al Excmo. Señor General de la Guardia Civl, Don AGUSTÍN PIÑOL RIERA, Jefe dela Segunda Región, Córdoba, con arreglo a este interrogatorio de catorce preguntas:

1ª Las Generales de la Ley.

2ª Es cierto que el 18 de Julio de 1936, el entonces Teniente Coronel Don Isidro Cáceres, Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil se le presentó de madrugada para darle cuenta de que con sus fuerzas se había sumado al Movimiento Nacional y que ya habia dado ordenes para el acuartelamiento y distribucion de las fuerzas queriendo saber si V.E. daba su conformidad.

3º Había tenido el declarante anteriormente algun cambio de impresiones como Jefe para el caso de presentarse el Movimiento Nacional esperado.

4ª ¿ Como distribuyeron las Fuerzas dela Guardia Civily que Oficiales quedaron en cada local?

5º Que servicios prestó la Guardía Civil durante el dia 18 de Julio de 1939 y quien daba las ordenes.

6º En la tarde de ese dia y antes del intento de asalto al Gobierno Civil se le manifestó por algun Jefe u Oficial tibieza o disconformidad con el Movimiento Nacional iniciado en la madrugada.

7º ¿ Es cierto que en la madrugada del dia 19 (una y quince horas) fueron informados V.E. y el Teniente Coronel señor Caceres y a presencia de ambos por el Comandante Don Ignacio Garate y los Capitanes Don Guillermo Candón, Don Gorgonio Perez Velazco y Don Rafael Herrera, uno de estos cuatro, manifestó que los cuatro habian estado tratando toda la noche lo que había sucedido el dia anterior y que habian acordado que V.E. fuera a la Comandancia Militar a hacer presente que los cuatro, no estaban conformes con el Movimiento Subversivo de las Fuerzas Militares y Guardia Civil”.

8º Caso afirmativo: que medidas se tomaron contra dicho Jefe Comandante y los tres Capitanes.

9º De estos hechos ¿ se enteraron algunos Guardias y se tomó con ellos alguna medida?

10º Supo V.E. de que estos hechos fueran puestos en conocimiento del Señor Coronel Estado Mayor, Don Teódulo González Peral en la mañana del dia 19, o posteriormente en el del Señor General Dolla al incorpòrarse este como Comandante General de Canarias.

11º Para todas esta gestiones del Teniente Coronel señor Caceres, contaba con la anuencia de V.E. como Jefe superior de él.

12º Que concepto le merecen los cuatro Jefes y Capitanes acusados por el Coronel Señor Caceres.

13º Los servicios y comisiones desempeñados con posterioridad al dia 18 por llos Jefes y Oficiales de la Guardia Civil fueron con la conformidad de V.E. o solo la del Teniente Coronel señor Caceres.

14º Diga cuanto sepa en relación con estas actuaciones.

Dado en Santa Cruz de Tenerife a treinta y uno de Agosto de mil novecientos treinta y nueve, “AÑO DE LA VICTORIA”

El Coronel Juez,

Salvador Iglesias

Al llegar este exhorto al Gobierno Militar de Córdoba, es remitido acompañado de oficio número S-3880 de la Sección de Justicia, datado en 23 de septiembre de 1939 Año de la Victoria, y con sello entintado rectangular del Registro General de Salida Cierre nº 3644, al Juez Instructor nombrado para evacuar tal exhorto, Coronel de Caballería JOSÉ GUTIÉRREZ DE LA HIGUERA Y VELÁZQUEZ, quien tras nombrar Secretario al Alférez JERÓNIMO LUNA GONZÁLEZ, ordena en 3 de octubre que se oficie al Coronel del diez y ocho Tercio de la Guardia Civil, para que manifieste si se encuentra en esta Plaza, el Excelentísimo Señor General de dicho Instituto Don AGUSTÍN PIÑOL RIERA.

Dos días después, el Coronel del 18º Tercio de la Guardia Civl, contesta que el Excmo. Sr. General de este Instituto DON AGUSTÍN PIÑOL RIERA, tiene su actual destino enla Inspección General del mismo en Madrid.

Y hacia Madrid va el exhorto, donde es recibido el 13 de diciembre de 1939, en el Juzgado Militar de Jefes y Oficiales Nº 11 de la auditoría del Ejército de Ocupación. El Juez Instructor, Coronel de Caballería MANUEL CHACEL NORMA, asistido por el Alférez honorífico del Cuerpo Jurídico Militar RICARDO SOTO PRIETO, procede a diligenciar el exhorto, que es cumplimentando por el General de Brigada de la Guardia Civil AGUSTÍN PIÑOL RIERA, en 8 de enero de 1940.

Cfr.: Causa 88 de 1940 [5842-191-29] – Folios 40 a 49.